A pesar de detectar estas prácticas, la dirección de Rodalies decidió hacer la vista gorda y derivar el caso al Institut Català de Seguretat Social porque las sospechas eran «difíciles de acreditar» y «no existían pruebas concluyentes».
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Nos hierve la sangre con los casos de corrupción galopante, pero aquí el que no pilla cacho de donde puede es el último mono.
A la calle con ellos