Alto, rubio y de ojos azules, Luz Long era el representante por excelencia de la raza Aria. Su victoria como saltador en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 estaba supuesta a demostrar, una vez más, la superioridad de los genes germanos sobre los del resto de las etnias mundiales. Estaba supuesta a demostrarlo, pero un pequeño gesto de humanidad, lo cambió todo.
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