Al final los partidos han elegido el peor de los debates posibles. Era de esperar. Es una práctica habitual de nuestros partidos políticos. Un temario acotado hasta la extremaunción. Sin público. Un moderador con el único poder del reloj. Escasa o mínima -todavía está por decidir- inclusión de la participación de los ciudadanos. Y una vuelta al pasado...
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