George W. Bush ha firmado una ley por la cual todos los primates utilizados en experimentos no podrán volver a los laboratorios una vez que los abandonen, y se trasladarán a reservas, donde estarán atendidos y protegidos. Puede sonar a victoria pírrica, pero asociaciones ecologistas y de defensa de los animales consideran la aprobación de la ley un paso trascendental al tratarse de Estados Unidos, país que hasta el momento había anulado cualquier iniciativa de este tipo
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