Werner Reinhold compró un boleto de lotería en un puesto de diarios en Sydney el 19 de septiembre de 2005. Este boleto se imprimió correctamente así que él pidió que le dieran otro, que resultó ser el ganador. Pero cuando Reinhold, ahora de 73 años, fue a reclamar el premio de 1,8 millones descubrió que le habían cancelado el último boleto que le dieron y no el mal impreso, por lo que no podía reclamar el premio gordo.
|
etiquetas: loteria , australiano