Hay personas para las que el desayuno es un mero trámite. Para otras, en cambio, se trata de una comida tan importante como el resto y cuando les toca dormir fuera de casa —por trabajo o porque están de vacaciones— esperan empezar el día con un mínimo de calidad. El problema es que, para muchos hoteles, el desayuno también parece ser un trámite con el que se limitan a ganar (o no perder) dinero.
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