Según defendía la empleadora, la interna había desobedecido instrucciones relacionadas con tareas de limpieza y cocina, actuaba siguiendo su propio criterio y no aceptaba críticas sin mostrarse “respondona”. También sostenía que finalizaba las discusiones con una “impertinencia intolerable” y que mantenía una actitud de “clara insubordinación y falta de consideración”, agravada en los últimos meses. Al no estar conforme con la decisión, la trabajadora decidió reclamar judicialmente. El Juzgado de lo Social n.º 34 de Madrid estimó su demanda.
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