Recuerdo que en mi década de los veinte empecé a leer un libro que se llamaba "Un curso de milagros". Era muy largo. No conseguí acabármelo. Llegué más o menos a la mitad. La idea con la que me quedé del libro es que el verdadero milagro es perdonar. Pero yo a esa edad era inmortal, un premio no merecido, y una característica de todos los inmortales es que no creen en la necesidad de perdonar.
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