Hay una violencia silenciosa que rodea al cáncer: la obligación de afrontarlo bien. Sonreír. Luchar. Pensar en positivo. No incomodar. El diagnóstico no solo ataca el cuerpo: desata una revolución existencial que reorganiza la forma de habitar el tiempo, el miedo y la identidad. Quedar atrapado en la pregunta «¿por qué a mí?» suele ser estéril. La respuesta es simple y brutal: forma parte de la biología humana. Lo excepcional no es enfermar, sino haber vivido bajo la ilusión de que nunca nos pasaría. Aceptar la fragilidad es el primer...
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