Concurso de microrrelatos de Menéame
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Discurso de graduación

Nuestra misión es que los recursos fluyan desde sus orígenes a donde necesitan ser empleados. A veces, hay que calentar esos recursos, y a veces hay que enfriarlos. A veces hay que almacenarlos en grandes bolsas, y a veces hay que dispersarlos en finas partículas para que alcancen mayor superficie o volumen con un consumo inferior.

Además, por razones de todo tipo, las conducciones se obstruyen o alguien, intencionadamente o no, las estrangula, variando la presión, o generando artificialmente abundancia o escasez. Y ahí debemos intervenir nosotros para eliminar los elementos extraños o rectificar las conducciones y su trazado.

Se os llamará fontaneros ya trabajéis con agua, con capital, información o mano de obra. Es igual. Nuestra misión siempre es la misma. Nuestro trabajo es invariable.

Buena suerte ahí fuera.

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Cosita de poco (Valdesuei)

Cuando comenzamos nuestra relación asumí que se trataría de algo temporal, de un pasajero amor de verano que, como una inalcanzable golondrina, huiría con la llegada del frío a latitudes más cálidas. Pero el año y medio compartido me hizo albergar ingenuas esperanzas.

Pasaba allí días completos y cuanto más tiempo estaba con aquella familia, más extraña sentía a la mía. Llegué a percibir como propios aquellos pasillos de perennes pisadas blancas y cartones protegiendo el suelo.

El desgaste propio de la convivencia fue haciendo mella a pesar de mi empeño por evitar la rutina: constantemente proponía nuevos cambios o mejoras.

Los silencios incomodos cuando me metía en sus conversaciones sobre las extraescolares de los niños o la celebración de las navidades, me hicieron comprender que para ellos no era más que un simple fontanero; y que era inevitable que nuestra relación acabaría cuando terminase la “reformita” de los baños.

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El inspector

Tras casi cuarenta años en la empresa, había aprendido a ser eficiente en su trabajo.

Cuando empezó, leía los informes examinando cada detalle e incluso rehacía los cálculos él mismo para comprobar que todo era correcto. Una pérdida de tiempo.

Más adelante, decidió inspeccionar solo las hipótesis y las conclusiones. En las raras ocasiones en que detectaba errores, estos no tenían impacto real. Sus superiores le felicitaron por su aumento de productividad.

En los últimos años, se limitaba a firmar los análisis que le entregaban, con lo que se agilizaba la revisión. Gracias a su entrega se convirtió en el empleado ejemplar.

Esa mañana, un error de diseño en el sistema desencadenó un accidente con más de doscientos muertos. Todos se preguntaron cómo había podido ocurrir algo así.

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El tema de la semana es: El punto

El tema de la semana es: El punto

Imagina un punto. No una línea, no una figura, no un cuerpo. Un punto. Parece sencillo, casi inofensivo. Pero basta asomarse a sus dominios para que lo que parecía el origen se transforme en destino, en vértigo, en anomalía. En el mundo de Flatland —la novela geométrica y satírica de Edwin Abbott— los seres viven confinados en dos dimensiones, y un punto es lo más bajo de la escala social: invisible, indivisible, incuestionable. Pero ¿y si ese punto contiene todo un universo que no podemos ver?

Los matemáticos, con su afán de precisión, han inventado hasta un teorema del punto gordo. Sí, así se llama: «teorema del punto gordo». Porque en la práctica, cuando buscas una solución y no la encuentras, te resignas a aceptar «algo por aquí cerca». Y eso sin contar que hay otros puntos mucho más escurridizos como el punto G, ese mito moderno que los escépticos consideran una entelequia y los creyentes, un milagro táctil.

Hablemos de puntos.

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Un puntito de tristeza

Sentía un puntito de tristeza, pero en general, nada concreto, a grandes rasgos. Normalmente no tenía problemas, ni angustia... "el día a día me come", solía decir, y el puntito desaparecía, o se posponía y difuminaba. Sin embargo nunca mostraba una expresión plenamente tranquila, aunque tampoco acelerada. Iba como un autómata, sin sentimientos, solo procesos. Sabía lo que había que hacer, y lo hacía bien.

Incluso al llegar a casa alguna película o libro ayudaban a desconectar, y entonces ese puntito se hacía notable, como un mosquito. Aunque el sueño ya no permitía concentrarse.

Pero al llegar la jubilación, ese puntito de tristeza lo ocupó todo, y esta noche, en el espejo, sí veía signos de cansancio, que afortunadamente nadie más podía ver. Y quizás de alivio.

Y pensé en el resumen de mi nota de despedida: Sabía lo que había que hacer, y lo hice bien.

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El punto pequeñito

-Mamá, ¿esto es un punto?

-No, eso es un círculo, porque es muy grande y se puede medir.

-Pero si lo hago más pequeñito también se puede medir.

-Piensa en un puntito tan pequeñito que no lo puedas medir.

-Pero entonces no se vería.

-Coge el bolígrafo de punta muy finita y...

-Espera que voy a por tu regla especial. (...) ¿Ves? Mide la mitad de estas dos rayitas...

-Medio milímetro, sí. Pues más pequeño.

-Mamá, siempre va a medir algo y será un círculo.

-¿Sabes qué? Tienes razón. Pinta un círculo muy pequeñito y ya está.

-¿Y entonces, un punto qué es?

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Las vacaciones como animal mitológico

Mis dos abuelos murieron hace mucho. Como ya he contado alguna vez, uno era falangista y otro de la CNT, lo que a ellos no les impidió ser buenos amigos y a mí aún se me nota, por herencia, en demasiadas ocasiones.

Además, uno era agricultor y otro ganadero, dos oficios, como se sabe, enfrentados desde la prehistoria.

Pero entre tantas diferencias, había una similitud que los unía: las vacaciones.

Para cualquiera de mis dos abuelos, las vacaciones eran algo incomprensible, casi mágico, tan producto de la modernidad como la luz eléctrica, los coches y la televisión. Los dos habían trabajado desde niños, con más o menos ahínco, con mejor o peor fortuna, pero sin disfrutar otra forma de asueto que los días festivos.

¿Vacaciones? Claro hombre, cuando las vacas no coman. No te joroba...

Por eso, entre otras cosas, nadie se quedó en el pueblo.

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Sombras en tu dormitorio

Surgió de la luna llena y de aquel primer niño ancestral que temió las sombras de un árbol; no del miedo a la oscuridad. No, no son el mismo miedo.

Ahora se mueve por tu dormitorio aprovechando las largas sombras que el resplandor de la calle te mete en casa, o las luces de tus propios dispositivos. A veces consigue que notes su presencia, soplándote levemente en la nuca.

No es la muerte, que está bien definida. Es otra cosa que se queda atorada. Como la mirada perdida que viste en la residencia de ancianos. Esa mente sepultada bajo las sombras, que no vuelve ni tampoco se termina de marchar todavía.

Está cerca. Ten cuidado. No dejes que se obsesione contigo.

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Versión de pobres

En el cuento clásico, el gato con botas le dijo a su dueño que se bañara en el lago, para quitarle la ropa, hacerlo pasar por un noble y que el rey lo invitara a palacio.

Pero el contexto es el que es, y de donde no hay no se puede sacar, y a lo máximo que aspiraban era a colarse por la noche en la piscina comunitaria. Se quitaron los calcetines para bañarse. Y, por supuesto, sin invitación al palacio, solo le pudieron dar al gato los restos fríos de una barbacoa que había en la basura.

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La reliquia

Año 2125.

La cola daba la vuelta a la manzana, rodeando el templo, compuesta por gentes venidas de allende los mares, personas transpirenaicas, transalpinas, transatlánticas, transmediterráneas, transidas de cansancio por tanta espera.

Y es que la noticia del fenómeno había llegado a todos los rincones del planeta. Y la palabra "fenómeno" no le hacía justicia: casi se podría considerar un milagro. De hecho, la Iglesia había iniciado ya el proceso de beatificación.

No había más que ver la expresión de los que ya lo habían visto, de aquellos que salían del recinto por la puerta lateral: asombro, estupefacción, repugnancia, incredulidad…

Le pregunté a uno de los que habían salido qué había visto:

-Está ahí, en perfecto estado de conservación, sujetando todavía el último fajo de billetes de la última comisión: el brazo incorrupto del San Cristobal el Corrupto.

El templo estaba situado, no podía ser de otra manera, en Montoro.

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Tenemos al primer ganador de esta nueva etapa, JanSmite con el relato titulado "Cuarenta"

JanSmite con el relato titulado "Cuarenta" ha sido el ganador de esta semana de nuestro certamen de microrrelatos: www.meneame.net/m/microrelatos/cuarenta

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Tras el VAR ha sido el microrrelato "Piratas nazis del Caribe" de Artikan el ganador de esta semana

Pues sí, tras una discutida revisión a cargo del VAR de Menéame, el arbitro pitó penalti y fue "Piratas nazis del Caribe" quien se impuso como ganador de esta semana www.meneame.net/m/microrelatos/piratas-nazis-caribe

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Geopolítica... o no de ContinuumST es el ganador de esta semana (si no la he vuelto a liar, claro)

El frío groelandés ha dejado congeladas a estas pobres neuronas sureñas, el ganador de esta semana ha sido realmente Geopolítica... o no de ContinuumST www.meneame.net/m/microrelatos/geopolitica-o-no

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Villanos

Tantos peligros nos acechan: odio, cambio climático, xenofobia, bulos. Tantos peligros y muy poco tiempo. Un momento difícil en el que los mejores deberían guiarnos y solo nos iluminan los más tontos. Un momento complicado en que necesitamos a superhéroes y solo hay villanos.

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Día tranquilo

Fue un día de poca actividad en el que básicamente se limitó a observar la ciudad desde lo alto buscando algún problema que resolver, algún criminal al que detener antes de que escapara, algún edificio en llamas del que rescatar a alguna persona o animal atrapado por las llamas. Pero no ocurrió nada de eso y, aburrido, decidió volver a su casa. Le habría venido bien un poco de acción.

Entró volando por la ventana, dejó la capa sobre el respaldo de una silla y se sentó en el sofá al tiempo que encendía el televisor y cambiaba de canal con su visión infrarroja.

Escuchó una voz desde la otra habitación que le decía:

- Cariño: Te toca bajar la basura.

- No me encuentro muy bien. -Respondió- ¿Puedes hacerlo hoy tú por mí?

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Espacio profundo

Mira hijo, aquella es Tesla, la estrella más brillante de la constelación. Las otras dos que se ven juntas más a la derecha son Panamá y Groenlandia, que junto a esa que ves ahí, que se llama Usaid forman la constelación Aranceles. Y si tuviésemos un telescopio podríamos ver la nebulosa de la trompeta que se encuentra en su interior. ¿Verdad que es fascinante?

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Los problemas de los demiurgos

El demiurgo estaba cabreado y miró de reojo al ser omnipotente y omnisciente en la modalidad de sabelotodo egocéntrico.

-Es que no está contento con nada.

-¡No eres más que un vulgar artesano! –respondió el ser omnisciente rojo de ira.

-He construido el universo en cinco minutos... pero he sido discreto.

-¡Para crear universos hay que ser megalómano y exhibicionista... esto que has hecho es un revés a la inflada imagen que tengo de mí mismo!

-Si usted lo dice... –respondió lacónicamente el demiurgo.

-¡Estás hablando con el ente supremo! ¡Crearé de la nada absoluta otro demiurgo!

-Pero si ya lo tengo todo construido... Esto parece la rabieta de una niño malcriado.

-¡Me inventaré la vida, tontolculo, seres que me adoren por siempre jamás! –dijo el ser omnisciente más cabreado que antes.

Y con una simple orden mental el demiurgo desapareció.

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El pescador

Oswaldo amaba el mar. Nació y se crió cerca de él, y de él vivía ahora.

Esa día salió temprano, un punto antes del amanecer, hacia la playa de Poneloya, con su equipo y sus pertrechos, en su vieja moto, una Norton destartalada que él cuidaba mucho, era herencia de su padre.

Se llegó hasta lo de Doña Hilda, al final de la playa, a la que saludó con la mano mientras aparcaba, y agarró su equipo: las gafas de buceo en la frente, el arpón y la red a la espalda y las pataletas de la mano. No necesitaba más.

Apenas 50 metros hasta la orilla: se fija las gafas, las pataletas a los pies y agarra el arpón.

Al echar a andar, oye como un rasguido: una de las pataletas se ha enganchado en algo metálico, rajada de arriba abajo. De no llevarla puesta, hubiera sido su pie…

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Tiempos Raros

-         Llegaremos en un par de intervalos espacio-tiempo a la Tierras Raras, capitán.

-         Recuérdame porqué se llaman Tierras Raras.

La edad no perdonaba a la memoria del capitán, por muchas veces que se lo dijera era un concepto que no llegaba a comprender, no por la complejidad de este, a la que ya estaba acostumbrado tras décadas de viajes superlumíncos, si no por no comprender por qué los habitantes de las Tierras Raras actuaban de esa manera.

Le costaba entender cómo era posible un lugar en el que la materia inanimada estaba por encima de los organismos vivos, y que esta generase guerras que por el bienestar común no se disputaban. Era honestamente raro, complejo y descorazonador.

-         Creo que será mejor que lo vea por sus propios ojos, capitán. Hemos llegado a Tierras Raras, desdoblándolo al espacio-tiempo: Tiempos Raros, según los habitantes: La Tierra, presente.

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El cuento chino de los tres frijoles gana el concurso semanal de microrelatos de Menéame

El cuento chino de los tres frijoles gana el concurso semanal de microrelatos de Menéame

El cuento chino de los tres frijoles gana el concurso semanal de microrelatos de Menéame y La Rebelión de las Tierras Raras queda finalista
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"Objetivo común" es el tema de esta semana para nuestro certamen semanal de microrrelatos

"Objetivo común" es el tema de esta semana para nuestro certamen semanal de microrrelatos

Pues el tema de la semana de nuestro concurso semanal de mircrorrelatos, en honor al grandérrimo usuario @Charles_Dexter_War, es "Objetivo común". Sed cínicos, irónicos, puñeteros pero sobre todo ingeniosos.

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Juan Palomo

- Venga Juan, tú hazlo, tómatelo como parte del trabajo.

- Si yo de esto no sé, escribir no es lo mío, y además me lío entre tantas cuentas.

- Mira, usa la cuenta de empresa del IALLM y ponle cualquier cosa, cualquier tema. ¿Te gusta algún autor? Le dices que escriba parecido y te lo hace, es alucinante. Luego lo revisas un poco, cambias de aquí y de allí y lo subes con tu cuenta, bueno, la resucitada, ya sabes.

- Pero había alguna otra condición y un tema que va cambiando, ¿no? Alguien lo comentó en el café, algo polémico para que muerdan el cebo.

- Sí, pero nos hemos pasado un poco, demasiado ruido. Además más de alguno se ha dado cuenta pero no pasa nada. Sí que hay límite en el número de caracteres, está descrito por ahí. Míralo antes de publicarlo, que no me sé todas las normas y además que me tengo que ir. ¿Cuento contigo?

- Claro, pero esta vez me toca ganar a mí. A ver si no canta demasiado con tanto recién creado y tanto click...

- ¡Ése es mi chico! Creo que ya tenemos ganador, recuerda que estamos todos en el mismo barco.

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Los padres de la Constitución

Tras el fin de la dictadura por muerte natural del tirano, las fuerzas vivas de Sufridia se reunieron para redactar su nueva Constitución.

 -Propongo que la parte dogmática de la Constitución tenga un único artículo que rece "el fin supremo del Estado es asegurar el bien común"- dijo el representante de las élites políticas de la extinta dictadura.

 -Sublime- respondió el líder del Partido Reformista, parte de la oposición en el exilio.

-Es sin duda nuestro objetivo común- sostuvo el líder del hasta ahora ilegalizado sindicato UJT.  

-¿Y no deberíamos concretar en qué consiste el bien común y plasmar en la Constitución un conjunto de derechos y garantías que lo protejan?- opuso el líder del Partido Combativo, que nunca abandonó el país y siguió peleando contra la dictadura desde la clandestinidad.

Todos los demás acordaron excluir inmediatamente de las negociaciones al Partido Combativo debido a su radicalismo.

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El buque

El buque

El agua empezaba a entrar en los camarotes de primera clase, y, sin dar crédito a lo que estaba ocurriendo, sabía que ya no había nada que hacer, el buque estaba condenado. Bruce Ismay se dirigió a la cubierta y empezó a ayudar a los asustados pasajeros a abordar los escasos botes salvavidas.

Cuando ya no hubo nadie más a quién ayudar, se dirigió al último bote, uno de los 4 botes plegables Engelhardt con los que contaba el barco, sobre la cubierta del costado de estribor, junto al puente. Lo engancharon al mecanismo de descenso del pescante del chinchorro y, antes de descender, echó una mirada atrás, no sólo para comprobar que no quedaba nadie, sino para despedirse de su creación, de su buque insignia, del que habría sido el orgullo de su compañía.

Sería la última vez que Ismay vería el buque, no quiso volver a mirarlo.

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Lunfardo

 Agarraste la manija

mientras andabas a boleo

en el barrio de las ranas,

y sin compasión me hieres

de fierro grande y profunda

y me robas hasta la voz

pa’ decirte adiós.

 

Duerme mi barrio entre sueños

y entre sueños se marchó

como tú te haces la morronga

mientras todo es hacha y tiza

bandeado por heridas

echando barracas sin parar

en esta suerte de vida

que sin suerte

me dejó.

 

menéame