Hace ocho años escribí esto y me he dicho, venga, voy a rescatar esta divagación:
De poder saber con certeza, al 100%, la respuesta a ciertas preguntas imposibles, todo cambiaría.
Por ejemplo, ¿Dios existe? En caso de obtener un sí irrevocable, la humanidad entera se tornaría creyente, lo que provocaría un cambio de costumbre global. Todo gobierno se adaptaría a la religión, rutinas con nuevas esperanzas que igualmente siguen sin llegar en vida. Enfrentamientos al interpretar cada uno cómo es Él, Ella o Ello y su intención, forzadas conductas de bondad por ganarse un hueco en el otro mundo... Suscitaría más preguntas, y una inquietud universal a, no al hecho de sentirnos ínfimos flotando en el infinito, sino ante una deidad imposible de comprender, pero que está ahí, que es imposible de negar, y eso afecta o incluso duele, porque existe y no es por ti ni por nadie, y a su vez te creó sin un motivo claro. Es el padre o madre que jamás se presenta en casa.
De ser no la respuesta, aumentaría la desmotivación. Habría un pensamiento generalizado sobre que cada humano existe de casualidad y que ha venido para nada, lo que provoca enfrentamientos. Gran parte del pasado de la humanidad pierde sentido y delata una ignorancia violenta, si acaso no una vergüenza letal. La religión se extingue y aumentan los delitos, porque no se teme a ningún supuesto o moralidad castigadora, no se toma en serio leyes impuestas por otros, tan insignificantes como cualquiera. Los que ya eran no creyentes humillan a los que lo fueron, excediéndose. El nihilismo está a la orden del día, y la gente de fe no tiene dónde aferrarse, decayendo en la nada interior.
Tanto en un caso como en otro, todo cambiaría a una posible confusión general. Aunque, bueno, estos sucesos ya ocurren, sólo que se basan o apoyan en la incertidumbre. Teorías y más teorías. Pero que se realizara desde la certeza los volvería genuinos.
Hay preguntas que mejor no responder.
Pertinax
javierchiclana
Doisneau