Santi: Excelentísimo Ministro de Igualdad (sin límite de palabras)
Entre 2026 y el final del mandato del ínclito Perro Santxe que duró hasta después de su muerte —que, por suerte para algunos, gobernó en años perrunos (cada uno equivalente a siete humanos)—, las mujeres pasaron a ser mayoría en la carrera judicial y a controlar casi todos los órganos de decisión de la judicatura.
El experimento perrocomunista había funcionado: gracias a sus normas de inclusión, cualquiera podía llegar a presidente. Literalmente cualquiera.
Tras su muerte con honores de Estado, la coalición de Extremo Centro Radical MEGL (Make España Grande y Libre) decidió poner orden. Había que proteger a los hombres.
Aprobaron la Ley de Representación Masculina Obligatoria.
El problema era que los hombres disponibles ya no estaban. Los de buena familia eran todos cryptobros, traders de memes y gurús de motivación financiera. Trabajar no entraba en su modelo de negocio.
La solución fue brillante: sorteo.
Varones españoles, mayores de edad, con ocho generaciones en la piel de toro. Si eras suficientemente castizo, sabrías distinguir el bien del mal.
Los primeros meses fueron caóticos.
Luego, incómodos.
Y después, peligrosos.
Sin contactos, sin favores, sin miedo a perder nada, aquellos tipos empezaron a aplicar la ley tal cual estaba escrita.
Y funcionó.
Cayeron políticos, empresarios, consejeros, jueces.
Casi todos.
En menos de un año, sin corrupción que la sostuviera, España empezó a parecer un país serio. Productivo. Incluso eficiente.
Aquello no gustó.
Intentaron parar el proceso.
Modificar la ley.
Recuperar “equilibrios”.
Pero ya no quedaba nadie con capacidad real para hacerlo.
Años después, alguien resumió el fenómeno en una comisión parlamentaria.
No fue una guerra de sexos. Fue un accidente de clase.
Si le hubieran juzgado los del Fiscal General del Estado le hubiesen condenado, a él, o a su entorno. Quién sabe, puede que hubieran encerrado a la ex pareja.
#3 El problema del Prestige no fue el accidente sino la decisión política posterior. El gobierno de José María Aznar ordenó alejar el petrolero mar adentro en lugar de llevarlo a un puerto refugio, decisión que se tomó desde el Gabinete de Crisis dirigido por el Ministerio de Fomento (entonces con Francisco Álvarez-Cascos) y ejecutada por la Dirección General de la Marina Mercante.
El barco pasó seis días siendo remolcado frente a Galicia con el casco ya dañado hasta que finalmente se partió en dos y se hundió, provocando uno de los mayores vertidos de petróleo de Europa.
Lo relevante es que posteriormente varios análisis técnicos y procedimientos internacionales concluyeron que esa decisión de alejar el barco contribuyó a agravar el desastre, porque aumentó las tensiones estructurales del casco y multiplicó el vertido.
El caso acabó provocando cambios en toda Europa: obligación de designar puertos refugio y retirada acelerada de petroleros monocasco.
Es decir, el accidente era inevitable, pero la gestión política de esos días probablemente convirtió un vertido grave en una catástrofe mucho mayor. Que en este país no se analicen las causas y se premie a los gestores incompetentes nos aboca a repetir constantemente los mismos errores.
Hay cierto malestar entre los embajadores de los 27 países de la Unión Europea ante las asunciones en política exterior que se ha tomado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, que se han visto ampliadas con su posición en la guerra de Irán, que no se consensuó con los Estados miembros o sus llamadas a los países del Golfo, aunque no tiene competencias en este sentido. Un resquemor que este lunes se verá reflejado en la cumbre anual de los cuerpos consulares con la presidenta de la institución europea. Von der Leyen en su discurso a los embajadores no solo no ha rebajado el tono sino que ha abogado por un cambio de sistema en el que incluso llega a señalar que “Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que se ha ido y no volverá. Siempre defenderemos y mantendremos el sistema basado en reglas que ayudamos a construir junto con nuestros aliados, pero ya no podemos confiar en él como la única forma de defender nuestros intereses ni asumir que sus normas nos protegerán de las complejas amenazas a las que nos enfrentamos. Por lo tanto, necesitamos construir nuestro propio camino europeo y encontrar nuevas formas de cooperar con nuestros socios”.
Por contextualizar un poco el relato: la idea me surgió ayer en el Talent Arena del MWC, escuchando a Steve Aoki. Hablaba de la teoría del “tercer cerebro”: hemisferio izquierdo, hemisferio derecho y el tercero, la nube; es decir, el móvil o cualquier aparato como extensión cognitiva permanente. Planteaba que en un futuro cercano no distinguiremos qué respuestas vienen de nuestro cerebro biológico y cuáles del sistema conectado.
De ahí sale lo de la suscripción y el acceso diferencial. Obviamente él hablaba desde el conocimiento que tiene tomar matcha con los gerifaltes de Silicon Valley. No todos tendremos el mismo “tercer cerebro”, ni el mismo nivel de integración. Algunos estarán preparados para ese salto; otros no.
Más que una distopía tecnológica, me interesaba esa idea de selección: cuando el acceso al conocimiento deja de ser herramienta y se convierte en filtro.
¿Crees que estarás en el grupo de los "más preparados"? Survival of the fittest
#1 100.000€ no es nada, hombre. Es un menú de prueba
El entrante antes del plato fuerte.
Primero viene un perro simpático.
Después prácticas con Avalmadrid y levantamiento de bienes.
Luego el intensivo de mascarillas en pandemia, que había que aprovechar la coyuntura, con tu colega el hermano.
Después el módulo avanzado de fiscalidad creativa con novio en vez de marido con facturas “interpretables” porque te parece poco ir un día a León a pegar un pelotazo de dos millones de euros por una firma, en León hace frío oiga.
Y como colofón, ¿qué pasará con Madrid Network?, eso cuando haya prescrito, total ese dinero no es de nadie
93.958,90€ suena más a “fase beta” que a pelotazo.
Tranquilos, que lo gordo siempre se descubre cuando ya no se puede juzgar. Madrid es España dentro de España y es el vecino el que elige como es España.
#12 Cuando he leído el resumen podía encontrar cierta similitud, pero después de ver este fragmento no sólo es que haya diferencias es que la intención el tropo son totalmente divergentes.
#11 Ni idea, la verdad. Me suena que en aquella peli había helicópteros y Terminator pegando tiros, pero si coinciden también lo de que tengan que ser únicos entiendo las similitudes.
#7 Entiendo la referencia, aunque creo que la conexión es un poco tangencial por no decir que cualquier cosa con clones se puede parecer.
Allí el conflicto gira en torno a una clonación ilegal y a una corporación que intenta eliminar al protagonista para ocultar la tecnología. Es más un thriller de conspiración. En mi caso la idea va por otro lado: no hay clonación clandestina ni sustitución excepcional. Los individuos están replicados desde el inicio como parte estructural del sistema, crecen en paralelo y existen como inventario biológico. La sustitución no es un crimen ni un secreto; es un procedimiento validado y optimizado.
Probablemente el tropo de la clonación nos lleva inevitablemente a varias películas del género —La isla, Moon, etc.—, pero mi interés estaba en la frialdad administrativa que convierte una muerte en actualización.
En cualquier caso, agradezco la crítica. De hecho me está sirviendo para recuperar ideas descartadas y explicar mejor el proceso creativo detrás del relato. Ideas que claramente tenía en mi cabeza y no han llegado al relato:
Lucha de clases biológica.
- Capitalismo reproductivo.
- Opresión completa del individuo yendo al extremo.
- Jerarquía de derechos entre copias.
- Legislación sobre cuerpos-embriones.
- Ontología de las partes humanas.
#3 Como me quedé con la duda, incluso le pregunté directamente a ChatGPT qué película podía recordar más a la premisa, y la primera que sugirió fue La isla (2005, Michael Bay), por la idea de clones como reserva biológica para personas acomodadas.
La similitud estaría en ese concepto de “cuerpo de respaldo”. La diferencia —al menos en mi relato— es que no me interesaba la huida ni la conspiración, sino la validación fría del sistema cuando la sustitución no solo funciona, sino que mejora el modelo.
#3 También pensé que quizá te referías a Repo Man: la original de 1984 (Alex Cox) o incluso Repo Men (2010, Miguel Sapochnik, con Jude Law y Forest Whitaker). Aunque ahí hablamos más de órganos sintéticos y recuperación violenta de implantes que de clones como inventario biológico.
En mi caso la idea iba más por la validación automática del sistema y la optimización del individuo tras la sustitución, no tanto por la acción o el conflicto externo.
#3 Mientras lo escribía sí me vino a la cabeza Moon (2009, Duncan Jones) www.imdb.com/es-es/title/tt1182345/?ref_=fn_t_1, por el tema de la clonación y la identidad duplicada. Pero el capítulo de Black Mirror lo veo más en la Tierra y basado en un sistema de opresión, creo que las similitudes con mi versión final son escasas.
#3 La idea inicial del relato nació leyendo noticias sobre propuestas legislativas extremas en torno al aborto en EE. UU. Me interesaba explorar un escenario en el que no hiciera falta una prohibición explícita: bastara la presión económica para convertir la reproducción en obligación.
Al intentar condensarlo a 150 palabras, muchas capas se quedaron fuera. El núcleo que sobrevivió fue la clonación como metáfora, y el texto terminó desplazándose hacia la optimización y la identidad.
Supongo que en ese proceso perdió parte de la intención original.
La Segunda
En un mundo decadente y contaminado, donde el aire se compra por minutos y el cáncer convirtió el futuro en estadística, las clases favorecidas aprendieron a perpetuarse clonándose. No fue una revolución científica; fue una reforma fiscal.
Primero llegaron los incentivos a la maternidad: deducciones, seguros ampliados, prioridad sanitaria. Después, las penalizaciones silenciosas: hipotecas inalcanzables para quien no registrara descendencia genética, primas médicas duplicadas, contratos laborales con cláusulas de “continuidad biológica”. Nadie prohibía no tener hijos. Simplemente resultaba inviable no tenerlos.
El verdadero negocio comenzó con el paquete gemelar.
Si vas a invertir en un embrión seleccionado —salud perfecta, coeficiente superior, predisposición a longevidad—, ¿por qué limitarte a uno? Por una pequeña diferencia en la cuota, el laboratorio garantizaba duplicación. Dos embriones viables, idénticos. Uno destinado a nacer y ocupar la vida visible. El otro conservado como respaldo integral.
La publicidad lo llamaba previsión.
Las aseguradoras lo llamaban estabilidad.
Los contratos lo llamaban optimización de riesgo.
Las clínicas alineaban las cápsulas como electrodomésticos de alta gama. Cada duplicado recibía memoria encriptada y protocolos de activación diferida. No eran hijos; eran pólizas con pulso.
Por puro azar estadístico, el primer embrión implantado era el elegido. El
#1@Nylo Me ha dejado intrigado tu comentario. ¿A qué película te refieres exactamente? Llevo unos días intentando identificarla y no termino de dar con ella.
Stephen Colbert hosts Texas State Rep. James Talarico for an online-exclusive interview that touches on the issues raised in Talarico's campaign for the Democratic nomination for Senate including the separation of church and state, the dangers of consolidated corporate-owned media, and the fabricated culture wars pushed by Republicans in states like Texas. If you're curious why this interview with James Talarico was an online-exclusive, click here to watch Stephen Colbert explain: • Why CBS Didn't Broadca... .
Al fin y al cabo esto es para compartir ideas no somos profesionales para estar horas y horas para hacer algo que como mucho un par de ecenas de personas van a dedicar menos de un minuto de atención antes de olvidarlo para siempre.
Entre 2026 y el final del mandato del ínclito Perro Santxe que duró hasta después de su muerte —que, por suerte para algunos, gobernó en años perrunos (cada uno equivalente a siete humanos)—, las mujeres pasaron a ser mayoría en la carrera judicial y a controlar casi todos los órganos de decisión de la judicatura.
El experimento perrocomunista había funcionado: gracias a sus normas de inclusión, cualquiera podía llegar a presidente. Literalmente cualquiera.
Tras su muerte con honores de Estado, la coalición de Extremo Centro Radical MEGL (Make España Grande y Libre) decidió poner orden. Había que proteger a los hombres.
Aprobaron la Ley de Representación Masculina Obligatoria.
El problema era que los hombres disponibles ya no estaban. Los de buena familia eran todos cryptobros, traders de memes y gurús de motivación financiera. Trabajar no entraba en su modelo de negocio.
La solución fue brillante: sorteo.
Varones españoles, mayores de edad, con ocho generaciones en la piel de toro. Si eras suficientemente castizo, sabrías distinguir el bien del mal.
Los primeros meses fueron caóticos.
Luego, incómodos.
Y después, peligrosos.
Sin contactos, sin favores, sin miedo a perder nada, aquellos tipos empezaron a aplicar la ley tal cual estaba escrita.
Y funcionó.
Cayeron políticos, empresarios, consejeros, jueces.
Casi todos.
En menos de un año, sin corrupción que la sostuviera, España empezó a parecer un país serio. Productivo. Incluso eficiente.
Aquello no gustó.
Intentaron parar el proceso.
Modificar la ley.
Recuperar “equilibrios”.
Pero ya no quedaba nadie con capacidad real para hacerlo.
Años después, alguien resumió el fenómeno en una comisión parlamentaria.
No fue una guerra de sexos. Fue un accidente de clase.