Como ya ha terminado la Semana santa, ya se pueden decir estas cosas: no creo en la magia, no creo en la hechicería, ni en los milagros, ni en cosas como que el alma del autor esté en la obra, impregnando las moléculas de los cuadros.
No cero que un edificio sin restaurar sea superior a uno restaurado, porque el talento humano está en el diseño, que permanece, y por lo demás, todas las piedras son más o menos igual de viejas.
No, no soy fetichista. No me la pone dura el uniforme de goma, ni el rímel de uranio, ni el pintalabios de belladona. Tampoco creo que se aprecie mejor el talento de un pintor ante el original que ante una copia, y sólo los animistas, los verdaderamente religiosos, mantienen que el original tiene un no sé qué a mayores que aporta valor económico. Un valor económico basado, no nos engañemos, en el espiritismo y la magia.
Así que mira, propongo partir el Gernika original en dos, o en tres, y que cada reclamante se lleve un trozo del original, completando el resto con la mejor copia que sea posible hacer hoy. Porque estoy seguro de que se pueden hacer muy buenas copias, respetando la textura de la pincelada, la creación, la luz, los colores y toda la creatividad implícita de la obra. ¿Qué parte de la creatividad artística se pierde en la copia? ¿Qué pierdo yo porque un lector mío lea el ejemplar 298 de mi novela en vez del 971?
¿Qué problema hay en partir un lienzo? ¿O es que estamos como con las reliquias de los santos, que unos trozos eran más milagrosos que otros?
Demostremos que somos gente seria: fragmentamos el original, lo repartimos, y lo que falte se complementa con una buena copia.
No la superstición. No a la magia.
Ya va siendo hora.
javierchiclana
ostiayajoder
Feindesland