[c&p] La Naturaleza no inventó las huellas dactilares para facilitar el trabajo de la policía y los CSI. Mejoran nuestro tacto de los detalles más finos de las texturas que tocamos, amplificando las vibraciones en las frecuencias espaciales que mejor estimulan los receptores nerviosos de la piel dedicados a percibir texturas, llamados corpúsculos de Pacini. Lo han demostrado investigadores franceses utilizando dos sensores microelectromecánicos (MEMS) de fuerza, uno liso y el otro corrugado (con “huella” dactilar).
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