Un día mi hijo de 11 años explotó. Nos llamó angustiado y dijo que no podía más, que no quería vivir así. Cogió un cuchillo de la cocina y se lo puso en la tripa, dispuesto a matarse». «Natalia tenía tres años y medio. Para mí era una auténtica pesadilla dar a entender que en casa se transformaba, como el Dr. Jeckill y Mr. Hide. En esa época pasaron por mi casa 11 chicas internas. No aguantaba más».
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