Con frecuencia, esos libros no se producían en monasterios. Las investigaciones demuestran que, a partir del siglo XIII, existía un comercio de libros bien organizado, en el que se escribían, decoraban y vendían manuscritos con fines de lucro. En este mundo de lucro y competencia, vislumbramos los contornos de nuestra industria editorial moderna. Como historiador del libro medieval, uno se da cuenta de esto al observar el objeto en el que los lectores leían sus textos antes de la invención de la imprenta : el libro manuscrito.
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