La marisma afronta impactos por el cambio climático y la acción humana, pero mantiene su biodiversidad y capacidad de recuperación. La primavera en Doñana ha alcanzado todo su potencial. Así lo muestra una imagen de satélite Sentinel-2, del 15 de abril, con amplias zonas de marisma inundada y cubiertas con un inmenso manto verde, resultado del crecimiento de la vegetación tras el retroceso de las aguas invernales. Únicamente los grandes lucios como el Membrillo, Mari López y El Lobo permanecen como superficies de aguas abiertas
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