Durante años, la nicotina ha ido estigmatizanda bajo el mismo relato que el cigarro tradicional, es decir, adicción y enfermedad. Pero la biología, a veces, obliga a separar piezas que en la vida real viajan juntas. Un equipo de investigación ha seguido durante 22 meses a ratones que bebían agua con nicotina purificada y ha observado que al llegar a la vejez, esos animales mantuvieron mejor la movilidad que los del grupo de control, como si el “desgaste” motor típico de la edad fuese más lento.
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Fumar no retrasa el envejecimiento de ningún órgano del cuerpo, ni las mucosas de la garganta y de los pulmones, ni de la piel, el hígado, riñones, cerebro, corazón y el resto del sistema circulatorio.
Fumar mata lentamente.