La caricia más placentera aplicada sobre la piel -en un abrazo, al tocar la cara o en un masaje- se produce cuando se realiza a una velocidad de cinco centímetros por segundo y con una presión de dos gramos por centímetro cuadrado. Son las magnitudes reveladas por una «máquina de caricias» que, además de describir la opción optima en esas situaciones, también ha permitido describir cómo es el mecanismo del placer obtenido cuando se frota la piel y señalar las fibras nerviosas responsables de esa sensación.
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