Los límites temporales a la velocidad (LTV) están a la orden del día, y entre medias, tienen lugar imprevistos como la borrasca Kristin que presionan aún más un sistema ya de por sí encorsetado y con dificultades para cumplir con una de sus mejores famas: la puntualidad. Porque cuando los empleados (generalmente maquinistas) denuncian algún tipo de incidencia en las vías (como baches, vibraciones, o roturas), se pone en marcha un protocolo que limita la velocidad en el tramo señalado hasta que un equipo técnico de Adif inspeccione la vía.
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Claro, todo el mundo sabe que se puede hacer modificaciones en un vía sin afectar al tráfico.