Última hora: El PP anuncia su disolución

Foto: EUROPA PRESS

En una rueda de prensa sorpresa que ha pillado a todos los medios a contrapié, el Partido Popular acaba de anunciar esta mañana su disolución inmediata tras quedarse sin sus dos principales pilares programáticos: ETA y Venezuela. Fuentes internas confirman que, al no poder mencionar ninguno de los dos en ruedas de prensa, mítines o debates parlamentarios, sus portavoces han entrado en un estado de catarsis.

Según el comunicado oficial, redactado en un folio en blanco “por coherencia ideológica”, la dirección del partido reconoce que la desaparición de ETA y el secuestro de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos han provocado un “vacío argumental insalvable”. “Hemos intentado probar con ideas propias, pero no ha funcionado”, admite el texto con visible desánimo tipográfico.

La crisis se desencadenó a primera hora de la mañana, cuando un dirigente popular intentó iniciar una entrevista diciendo “ETA, Bildu, Venezuela…” y, al darse cuenta de que ninguna de esas palabras servía ya como comodín universal, pidió un vaso de agua, un receso publicitario y un máster acelerado en propuestas políticas.

En la sede de Génova, el ambiente es de luto. Varias fotos enmarcadas de titulares de los últimos veinte años han sido cubiertas con crespones negros, mientras militantes veteranos se preguntaban en voz baja si “economía”, “sanidad” o “vivienda” son temas de los que se puede hablar, pero no contemplan de momento entrar en terreno desconocido. “Habría que estudiarlo”, señaló un asesor con gesto preocupado.

Los equipos de estrategia trabajan ahora a contrarreloj para encontrar nuevos conceptos que sustituyan a los clásicos. Entre las opciones sobre la mesa figuran otros comodines más recinetes como “woke”, “okupa” o “menores extranjeros”, aunque los expertos advierten de que ninguno ofrece la versatilidad narrativa de ETA o Venezuela, capaces de explicar desde una subida de impuestos hasta un resfriado.

Mientras tanto, el PP ha recomendado a sus cargos públicos mantener un perfil bajo y evitar micrófonos hasta nuevo aviso, por riesgo de tener que hablar de gestión. “Es una etapa difícil”, reconocen desde la dirección, “pero confiamos en que, tarde o temprano, aparezca otra amenaza eterna que nos devuelva el sentido… y los argumentarios”.

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