1- Cualquier percepción de dinero público sin contraprestación que reciba alguien que no sea yo será considerada una paguita.
El hecho de dar esas paguitas es profundamente antipatriótico y corrupto.
Su existencia es una conspiración para perjudicarme.
2- Cualquier percepción de dinero público sin contraprestación que reciba yo será considerada una subvención, prestación o ayuda.
El hecho de no darme esa prestación es profundamente antipatriótico y corrupto.
Su ausencia es una conspiración para perjudicarme.
Estos días vi rulando por Instagram un vídeo de una petarda muy enfadada porque decía que tenía que pagar a hacienda un 40%. Que si ladrones, que si vivir del cuento, que si no sé qué. Un 40%, así, redondo. Un 40% de vete a saber cuánto y de qué conceptos. Antes que el vídeo original vi los típicos de reacciones, y por lo visto la niñata es una rentista.
Uno de los comentarios era del clásico autónomo cuñao -fitness coach según su perfil- diciendo que los autónomos son esclavos del trabajo, que tienen que pagar no sé cuánto para malvivir y que otros vivan de ayudas. Le respondí que si tanto sufre, que deje el negocio y que pida esas ayudas. Por lo visto para él mi respuesta fue mediocre. Un latinoamericano que de todos los países prósperos y libres a los que podía haber ido, eligió este infierno que es España.
Hoy vi por LinkedIn al típico que te ayuda a mejorar tu marca personal con un post que pretende ser graciosete diciendo que Hacienda te quita la mitad de lo que ganas (o facturas, pretendía decir una cosa pero ni él mismo se aclaró).
A nadie le gusta pagar impuestos, yo no los pago con alegría. A veces me encabrono viendo como algunos despilfarran en gilipolleces el dinero recaudado, no digamos ya robándolo. Hace unos cuantos años ya, una familiar mía pilló cáncer. Le ponían unas inyecciones que decía que costaban 300 euros cada una, no sé cuántas le tuvieron que poner. Eso aparte de otros tratamientos, cirugías y estancia prolongada en el hospital. Evidentemente no pagó un duro y no tuvo que hacerse narcotraficante. Le dieron la incapacidad permanente y una pensión. Ahí sigue dando guerra bastantes años después.
Una de las facetas de la guerra de Irán que más perplejos mantiene a los expertos es intentar responder a la pregunta de qué sucede en caso de que no se decida nada y no se haga nada.
En Ucrania, por ejemplo, si por distintas razones los contendientes decideran no hacer nada, se podría llegar a la paz. Un día se dejan de disparar. A las dos semanas, cada cual empieza a largarse a su casa, dejando la línea fronteriza donde la última batalla la dejó. Y se acabó. No es que piense que vaya a suceder, pero es útil como ejemplo de resolución de una guerra, y ha sucedido infinidad de veces en conflictos fronterizos que se activan y desactivan un par de veces por década.
¿Y qué pasa en Irán? La cuestión es que los norteamericanos han desplazado hasta allí tres portaaviones y casi cincuenta mil hombres. La cuestión es que cada día que pasa, el calendario se acerca más a las fechas en las que puede haber 45 grados y toda acción militar es poco menos que una locura. La custión es que la logística de ese despliegue, con el estrecho de Ormuz cerrado, es una verdadera pesadilla, porque hay que traerlo todo del quinto carajo, para muchísima gente y durante muchísimo tiempo.
Los iraníes se van o no la ruina, pero como en su día los afganos, están sentados en una piedra del desierto, de su desierto, esperando a ver qué hacen los otros. Sólo en botellas de agua, sin contar nada más, ¿Os imagináis el trasiego que tienen que organizar los americanos a diario? ¿Cuánto tiempo se pueden quedar allí sin hacer nada?
Parece una pregunta baladí, pero es una especie de sensor para determinar el estado real de la situación. El que puede permitirse no hacer nada, va ganando. El que se ve obligado a moverse, está en peor posición. Veremos qué estupidez deciden, porque soluciones inteligentes no hay muchas.
El CEO de una gran empresa decide que es mejor despedir a una cantidad enorme de empleados con el objetivo cortoplacista de reducir el costo de nómina, mostrar mejor rentabilidad y llevarse una jugosa bonificación y el aplauso de inversionistas. Sin embargo, a largo plazo, la empresa sufrirá la pérdida de talento humano experimentado.
Una ingente cantidad de empresas contaminan el ambiente, explotan indiscriminadamente los recursos como si no hubiese un mañana (ni siquiera permiten que se regeneren algunos recursos), para obtener beneficios lo más pronto posible sin pararse a pensar que a largo plazo eso terminará pasando factura, con una escasez de recursos o volviendo el ambiente inhabitable.
La contradicción total, queremos dejar un gran lugar para nuestros hijos y nietos, pero el afán del enriquecimiento en muy poco tiempo está destruyendo ese lugar. Las generaciones futuras van a vivir en un entorno muy hostil.
Y es que nuestra cultura y sociedad, nos empuja a pensar a muy corto plazo:
No dejes que llegue la vejez, ¡Viaja a destinos exóticos ya que sólo pueden ser disfrutados siendo joven! . Así que a buscarse la pasta a como de lugar para ir a esos sitios.
La vida es muy corta, ¡Disfrútala ya! Así que busca pasta rápido y como sea para consumir.
Uno nunca sabe cuando la muerte llegue a nuestra puerta, ¡no pierdas tiempo, vive la vida ya!. Igual que el anterior.
El futuro no existe, pueden pasar muchas cosas, ¡vive el presente! Igual que el anterior.
¿Para qué ahorras tanto si la inflación termina devorando esos ahorros? Consume ahora.
¿Para que tantos planes? Viene un COVID o una guerra o una enfermedad grave y a la mierda con esos planes.
Hasta algunos se la juegan con ¡Quiero disfrutar esto de joven! y cosas como el consumir tabaco, bebidas alcohólicas, trasnochar, alimentarse de comida chatarra, no cuidar la dieta, pasan una espantosa factura a futuro: dinero para intentar recuperar la salud perdida, mucho miedo, mucho dolor, tiempo en exámenes y consultas médicas, sacrificios y desesperanza.
¿Solución? Difícil, porque hay que lograr un delicado equilibrio entre lo corto, mediano y largo plazo. Más que esa dualidad que muestran en algunas películas y TV entre el "yo malo" (disfrazado de diablo) y el "yo bueno" (disfrazado de ángel), tenemos realmente un enfrentamiento entre un "yo pronto" vs "yo dentro de unos meses" vs "yo dentro de varios años".
Vale, ayer ya llegaron los primeros negativos, pero las noticias han pasado de portada de artículos a portada general. Así que hoy cambiamos un poco el tono.
Después de varios artículos sobre jueces, policías, fiscales y engranajes institucionales que parecen funcionar siempre en la misma dirección, toca hablar de los otros: los que denunciaron, los que investigaron, los que no miraron hacia otro lado o los que, por una vez, hicieron lo que se supone que había que hacer.
No busco canonizar a nadie. Algunos tienen sombras, errores o contradicciones. Pero todos comparten algo: en algún momento se salieron de la fila, rompieron la omertá o hicieron correctamente su trabajo cuando lo fácil era no verlo.
Prompt:
Actúa como cronista judicial y político español. Busca personas relevantes que denunciaron corrupción, investigaron correctamente casos sensibles o se negaron a participar en el silencio institucional. Para cada una, resume en pocas líneas qué hicieron, qué poder incomodaron y cómo el sistema, el partido, los medios o las cloacas les hicieron pagar el atrevimiento. No los conviertas en santos: limítate a mostrar el coste de no seguir la omertá.
Y el resultado es bastante instructivo.
José Luis Peñas, exconcejal del PP en Majadahonda, fue uno de los denunciantes que permitió destapar Gürtel. Grabó durante años conversaciones con Francisco Correa y su entorno, y esas grabaciones acabaron siendo una de las llaves de entrada al mayor caso de corrupción del PP.
Cómo le hicieron pagar:
No acabó convertido en héroe institucional, precisamente. También fue condenado por su participación en la trama, aunque después recibió un indulto parcial. El sistema aceptó sus grabaciones, pero no le regaló una estatua. Fue útil para abrir la puerta, pero la maquinaria no perdona fácilmente al que traiciona la familia.
Moraleja:
En España puedes ayudar a destapar una trama que tumba un Gobierno y aun así acabar siendo tratado como nota al pie incómoda.
Ana Garrido Ramos, extrabajadora del Ayuntamiento de Boadilla del Monte, denunció irregularidades que ayudaron a tirar del hilo de Gürtel en uno de sus grandes epicentros municipales.
Cómo le hicieron pagar:
Según ha contado durante años, sufrió acoso laboral, aislamiento, pleitos, desgaste personal y profesional. La corrupción no siempre necesita matarte: a veces basta con convertirte la vida laboral y familiar en una trituradora.
Moraleja:
Si una funcionaria cumple con su deber y denuncia una red clientelar, el sistema debería protegerla. En España, muchas veces primero la deja sola y después la invita a dar charlas sobre integridad.
Manuel Morocho, inspector jefe de la UDEF y principal investigador de Gürtel, siguió durante años el rastro de la financiación irregular del PP y de los papeles de Bárcenas.
Cómo le hicieron pagar:
En el juicio de Kitchen ha declarado que sufrió presiones para no incluir nombres como Rajoy o Cospedal en sus informes, que se intentó apartarle de la investigación y que incluso le ofrecieron destinos mejor pagados. Es decir: el premio habitual al funcionario incómodo. Un ascenso, pero hacia fuera.
Moraleja:
Cuando un investigador llega demasiado cerca de la verdad, siempre aparece alguien preocupado por su bienestar profesional.
Agapito Hermes de Dios, excomisario de Marbella, investigó el famoso ático de Ignacio González en Estepona/Marbella y sostuvo que había indicios oscuros sobre la verdadera propiedad del inmueble.
Cómo le hicieron pagar:
Declaró que recibió presiones para cerrar la investigación, que le pusieron delante un documento para que afirmara que no había encontrado indicios de delito y que temió por su carrera policial. También contó que Ignacio González le denunció por revelación de secretos.
Moraleja:
Investigar un ático puede ser más peligroso que investigar un zulo, dependiendo de quién duerma arriba.
Marcelino Martín-Blas fue responsable de Asuntos Internos y se enfrentó al comisario Villarejo en una época en la que Villarejo no era todavía “el excomisario Villarejo”, sino una pieza muy cómoda para demasiada gente.
Cómo le hicieron pagar:
Interior le relevó de Asuntos Internos en 2015, en pleno enfrentamiento con Villarejo. En cualquier democracia sana, investigar a las cloacas debería ser una medalla. Aquí muchas veces es una invitación a mudarte de despacho.
Moraleja:
Asuntos Internos está muy bien hasta que se toma demasiado en serio lo de “internos”.
Pablo Ruz instruyó Gürtel y los papeles de Bárcenas. Dio por acreditada indiciariamente una contabilidad paralela en el PP y rechazó que el partido se personara como “ofendido” por la caja B. El PP no era la víctima: era, como mínimo, parte del paisaje.
Cómo le hicieron pagar:
No fue expulsado ni perseguido penalmente. Pero tampoco terminó precisamente blindado en la Audiencia Nacional. Al acabarse su etapa, volvió a su juzgado de Móstoles mientras otros perfiles mucho más complacientes han tenido carreras bastante más mullidas.
Moraleja:
En España investigar la caja B del partido que gobierna puede ser compatible con hacer bien tu trabajo. Lo que no parece garantizar es una carrera institucional especialmente cómoda.
Pablo Casado no es precisamente un héroe anticorrupción. Pero en 2022 hizo algo muy sencillo: pedir explicaciones sobre el contrato de mascarillas vinculado al hermano de Isabel Díaz Ayuso.
Cómo le hicieron pagar:
Políticamente duró menos que un hielo en agosto. La guerra interna acabó con su liderazgo, Ayuso salió reforzada y el PP aprendió una lección muy clara: la corrupción se denuncia hacia fuera, no hacia dentro.
Moraleja:
Casado pensó que podía pedir explicaciones sobre el entorno familiar de Ayuso y seguir siendo presidente del PP. Fue un error de cálculo casi enternecedor.
Rodolfo Ruiz, entonces comisario de Puente de Vallecas, quedó en el centro de las teorías conspirativas del 11-M por la mochila con explosivos que no llegó a estallar y que fue clave en la investigación.
Cómo le hicieron pagar:
Durante años fue acusado de fabricar pruebas falsas o de participar en una conspiración. Él y su familia sufrieron una campaña brutal. Su esposa terminó suicidándose y su familia quedó marcada por aquella maquinaria mediática de la sospecha.
Moraleja:
A veces hacer tu trabajo en una comisaría no basta. Si tu trabajo desmiente el relato que algunos necesitan, te convierten en villano para que la mentira respire.
Estos casos no demuestran que España sea una mafia perfecta. Las mafias perfectas no existen. Lo que muestran es algo más triste: que en España, cuando alguien rompe la omertá, rara vez encuentra una alfombra roja.
No porque sean santos. Sino porque recuerdan que la corrupción no se combate solo con grandes discursos, sino con gente concreta que un día decide grabar, denunciar, investigar, declarar o no firmar un papel falso.
Y casi siempre paga la factura.
menéame