Los Gracos entraron en la historia de Roma por la puerta grande, al ser nietos de Escipión el Africano y miembros de una de las familias más ricas y respetadas de la ciudad. Cuenta Plutarco que su madre Cornelia les educó para que fueran “valientes frente al enemigo, justos al tratar con otros pueblos, rectos en los cargos públicos y austeros en los placeres”, por lo que al contemplar el desastroso estado de la República Romana no es de sorprender que se convirtieran en revolucionarios.
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