Los cristianos asumen ante la vida la posición más cómoda: orar sin denunciar. A lo sumo adoptan la caridad como su estilo de vida. Ante las injusticias se limitan a ser contemplativos, huyen de la política asumiendo que ésta es cuestión del demonio. Ante un niño desnutrido le recitan los versos del Eclesiastés o las palabras desfiguradas de Jesucristo. Viven su vida con la paciencia franciscana, que no de San francisco de Asís, mientras a su alrededor el mundo se cae a pedazos. Los cristianos ignoran maquinalmente el verdadero compromiso.
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