Los profesionales de la salud mental definen el trastorno límite de la personalidad como un patrón de inestabilidad en las relaciones, la autoimagen y las emociones de una persona.
Las personas con TLP tienden a hacer cosas sin pensar y a veces se involucran en actividades como relaciones sexuales de riesgo, abuso de sustancias o autolesiones, y a menudo, estas las llevan a buscar tratamiento.
Se calcula que el TLP afecta al 1,6 por ciento de la población; por lo tanto, los profesionales de la salud mental no lo consideran inusual.
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Durante muchos años fue así, crisis periódicas. Diagnósticos poco acertados, terapia insuficiente, tratamiento psiquiátrico erróneo.
Hoy en día, con el diagnóstico correcto, la pauta psiquiátrica adecuada, seguimiento cercano y terapia psicológica, la cosa ha cambiado mucho. Está muy estable (dentro de la oscilación “natural” de este trastorno), la vida al menos tiene algún sentido, su nivel de autocontrol y de gestión de las emociones está a otro nivel.
Acertar con los profesionales adecuados es clave. Es posible convivir y ser “feliz” con TLP.
Si alguien tiene TLP, o alguno de sus familiares, y se vive en Madrid, recomiendo contactar con esta gente: www.amaitlp.org/