Concurso de microrrelatos de Menéame
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La paella bielorrusa

Ante la tórrida experiencia de los ya habituales cincuenta grados en latitudes impropias, se decidió elegir algún proyecto de geoingeniería. Muchos países suspicaces, ahora no veían otra salida.

Esparcir carbonato de calcio era simple y barato, pero las consecuencias eran imprevisibles. Deflectar parte de la radiación con una sonda era más complejo, pero fácilmente controlable y reversible.

Se decidió afectar el tercio inferior del planeta, porque era mayormente agua y hielo, y compensar a las regiones australes, que pasaron a una eterna noche.

La idea funcionó, pero el clima cambió por completo, como si alguien hubiese girado la tierra treinta grados.

Lo peor, sin embargo, fue ver a escoceses cantando saetas, y sacando en procesión a un William Wallace martirizado.

La saudade polaca también hizo daño, pero no tanto como el reggaeton progresivo alemán.

A su lado, el tango iraní y la cumbia coreana eran hasta soportables.

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El mar de plástico

Iban a ir al mar de plástico y pensaban ir juntos. Inspectora de sanidad e inspector de trabajo.

Sabían que en aquella zona de España se hacinaban miles de inmigrantes, trabajando jornadas infinitas en los invernaderos y malviviendo en poblados chabolistas, o campamentos improvisados podridos de basura. Y casi todos ellos sin contrato ni garantía alguna.

Se presentaron en el pueblo a las nueve de la mañana y la inspección duró hasta las siete de la tarde.

Finalmente, sin miedo a las represalias, impusieron nueve sanciones.

Dos a talleres mecánicos por registro horario incorrecto. Otras dos a un restaurante por falta de afiliación de la cocinera y el pinche. Tres al geriátrico por tener a dos auxiliares a falsa media jornada. Y dos más a un hostal por ofrecer como dobles varias habitaciones demasiado pequeñas.

Luego volvieron a casa satisfechos. 

Nueve sanciones en un día: se había hecho justicia.

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Multidivisión

El Dr. Hachikson observó con detenimiento el experimento.

—¡Un poco más de corriente! —gritó—.¡Más, más!

Su ayudante movió una rueda hacia la derecha y subió una palanca situada justo al lado.

El cuerpo convulsionó levemente y en su interior miles de celulas comenzaron una danza, dividiéndose en pares, decenas, miles y millones. Unos intantes después, los organos internos se dividían y formaban mágicamente en el interior de la masa de carne.

—División interna concluida, señor —dijo el ayudante. 

Ahora Hachikson observaba mientras cientos de nuevos seres surgían perfectamente formados, unos junto a otros, en la celda de seguridad.

—¡Todo un éxito!

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Pixel Art

Desde que soy director del Museo de Arte Contemporáneo, no puedo evitar la tentación de enfrentar siempre a mis conocidos a la más descarada pieza: Pixel, un punto solitario en un vasto lienzo blanco. A su lado, un díptico expone una diatriba pretenciosa, delirante e intrascendente sobre su «profundo» significado. Me regodeo indicando su obsceno precio de mercado, invitándoles a dar su sincera opinión. Nadie se aventura a denunciar que el emperador está desnudo. 

Julia, en cambio, lo vio claro. Era una técnica habitual entre los millonarios para inflar artificialmente el valor de una obra, en connivencia con marchantes y críticos. Una vez madura la estafa, se donaba a una galería amiga y se obtenía una desgravación fiscal de hasta el 50% de su supuesto y disparatado valor. 

—La elusión fiscal, en efecto, es todo un arte —concluyó.

Sonreí en silencio. Punto para ella.

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Muerte por pataleta

Los consejeros del Emperador Maximus Tragaldabius esperaban su llegada con el terror de costumbre. Era conocido por sus estruendosas y sangrientas pataletas cuando algún asunto no salía como deseaba. Estruendosas por lo atronador de sus berridos, y sangrientas porque solían ir acompañadas de la ejecución de (como mínimo) el portador de las malas nuevas.

-Divinidad, vuestra esposa os ha sido infiel con el general Trancus Óptimus 5 veces esta semana- soltó el consejero de los espías.

-¡¡¡Que los crucifiquen y también a este…!!!! -gritó el Emperador.

-Divinidad, los bárbaros han reconquistado Bretaña y siguen avanzando- espetó el consejero de la guerra sin dejarle acabar la frase.

-¡¡¡Que le descoyunten…!!!

-Divinidad, caímos en la bancarrota -espetó el consejero de la moneda.

-¡¡¡Que….!!!! El Emperador se alzó sobre sus 200 kilos para caer fulminado por un infarto.

-El plan salió bien. Muerto por una pataleta…justicia poética- rio el consejero de la marina.

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El resultado perfecto

El resultado perfecto

—La operación fue un éxito —anunció el cirujano.

La familia contuvo la respiración.

—El paciente falleció, claro, pero lo hizo sin consumir recursos adicionales. Sin respirador, sin cuidados intensivos, sin prolongar gastos innecesarios.

El administrador del hospital asintió, satisfecho.

—Optimizamos costos en un 42%. Un récord.

Los familiares bajaron la cabeza, agradecidos. Después de todo, no podían permitirse otra cosa.

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Acércate

—Hoy da una charla un catedrático que es un crack. Acércate —me dijo mi colega J.

Aquel día no tuve tiempo ni de respirar. Llegué tarde, sin haberme podido informar ni siquiera del tema de la conferencia. Me senté junto a mi amigo justo cuando acertaba a oír:

—…para acabar siendo un compendio de prácticas antidemocráticas, defensa de valores éticamente abominables y sumisión al imperialismo más atroz; un ejemplo de lo que significa dar prioridad a los intereses económicos sobre los Derechos Humanos, blanqueando a regímenes genocidas si se considera necesario e invisibilizando a los ciudadanos críticos. En suma, un espectáculo humillante para los propios europeos, a quienes se somete a intereses extranjeros y corporativos, al tiempo que se les dice que ha sido su propia elección…

—No sabía que el tema era Eurovisión —susurré.

—No. El título de la charla es “La Unión Europea: historia y perspectivas de futuro”.

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El gusano Planaria

Despertó sobresaltada. Percibió un olor distinto, como el de un lugar ajeno. Se miró fijamente en el espejo y se preguntó si el reflejo también la estaba observando. Sonrió al darse cuenta de que había perdido peso.

Vivían juntos en la vigesimosexta planta de un pequeño apartamento, dividido en tres habitaciones.

—Las paredes son importantes, permiten mantener las cosas separadas —le decía él cuando se encerraba en el despacho.

Fueron a la universidad por caminos separados. Ella le prometió discreción, aunque no dijo por cuánto tiempo.

Conectó la cámara del microscopio y seccionó la Planaria en varios segmentos.

—Cada una de las partes se regenerará en un individuo completo — dijo con autoridad al alumnado.

Mientras él hablaba, ella tomaba notas, pero la caligrafía no parecía suya.

—Los neoblastos son células madre que permiten regenerar tejidos dañados.

Entonces recordó el accidente. ¿Cuántas versiones anteriores habrían fallado?

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Aranceles, hombre libre de Tebas

Era Aranceles, hermano menor de Aristóteles, un hombre libre de Tebas, bien conocido por su mente brillante. Sofisticado, moderno, inteligente y gran conversador, era un apasionado de todas las ciencias, las letras y las artes.

Sus cualidades cautivaban a muchos, reclamando sin descanso su presencia en foros públicos y fiestas privadas.

Pero si Aranceles tenía un defecto era precisamente ser demasiado consciente de su propio valor. Sabiéndose codiciado, decidió imponer una tarifa del 25% del jornal a quienes quisieran disfrutar de su compañía.

Al principio la idea fue aceptada de buen grado. Después de todo, la sabiduría tenía un precio, y nadie quería prescindir de un banquete amenizado por Aranceles. Pero poco a poco, uno a uno, sus amigos lo abandonaron, incluso los más íntimos, incapaces de aceptar la nueva naturaleza transaccional de su relación. Pronto, Aranceles quedó solo y en bancarrota afectiva.

No fue sorpresa para nadie que su primo Tratados se convirtiera en el nuevo epicentro de la vida social. Al fin y al cabo, su amistad era libre de impuestos y en sus conversaciones las ideas fluían sin tasas.

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Pues a lo mejor...

Cuando se fue la electricidad, dejaron de funcionar las cámaras de vigilancia. Los drones de la policía aterrizaron a toda prisa, buscando cobijo en sus oscuros hangares.

Los programas de reconocimiento facial y asignación de puntos de ciudadanía tuvieron que detenerse. Los delitos aumentaron sólo un tres por ciento, pero la gente se lanzó al intolerable vicio de beber y bailar en las calles.

Los más sorprendidos, fueron los niños.

—¿Que es eso que hay en el cielo, papá? Parecen ojos.

—Son estrellas.

— ¿Las estrella son eso?

—Sí. Son tan grandes como el sol, pero están muy muy lejos.

—Pero parpadean...

—Bueno, pues a lo mejor son ojos... —respondió el padre, saludando con la mano hacia el cielo.

En un día así, cualquier cosa era posible.

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Un premio de película

Los nominados estaban todos muy nerviosos. Parece que no, pero un premio así puede hacer que tu futuro cambie, literalmente.

El regidor los dispuso en el patio de butacas de manera que las cámaras pudieran captar hasta la más mínima expresión, la más tibia sonrisa, la más fugaz lágrima, quería que el espectáculo emocionara a los millones de espectadores pendientes de la ceremonia: sabían que ellos podrían estar allí en un futuro cercano, como nominados, si se esforzaban lo suficiente, si ponían el empeño necesario.

Los nervios repuntaron en cuanto el maestro de ceremonias hizo acto de presencia en el escenario. Entró, parsimonioso, hacia el atril central para anunciar al ganador.

Una vez hechas las presentaciones y nombrados los nominados, mientras las cámaras repasaban, una por una, sus caras, el presentador sacó el sobre con el nombre del afortunado:

-¡Y el premiado con un piso de alquiler asequible es……………!

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Polvo de guerra

El niño hundió la mano en la tierra oscura. Era fría, rugosa, con destellos metálicos bajo la luz fría del sol. La dejó escurrir entre sus dedos, viendo cómo los pequeños granos caían.

Su abuelo le había contado historias. De cuando los países peleaban por esas piedras extrañas. Le hablaba de máquinas que las usaban, de armas, de ciudades que brillaban. Pero el niño solo veía ruinas y polvo.

-¿Por esto destruyeron el mundo? susurró, dejando caer el último grano.

El viento que soplaba entre los escombros llevaba consigo el olor a metal oxidado y carne quemada. A lo lejos, el sonido de los martillos sobre los restos de los edificios caídos era el único sonido que quedaba. El niño se quedó unos segundos más, mirando el horizonte vacío, antes de levantarse y dejar atrás la tierra que había devorado a todos los que alguna vez lucharon por ella.

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Miserere mei, Deus

Miserere mei, Deus

No soltaba la sábana, era su escudo de Heracles, en el que Fobos espantaría a los malvados, y Palioxis los pondría, despavoridos, a la fuga, estirando la raída prenda hasta cubrirse por completo, cual mortaja.

El orfanato no estaba mal. La comida no abundaba, pero los Padres no eran malos del todo. Sí, severos, y, sí, alguno con la mano larga, pero sus compañeros, algunos huérfanos como él, otros abandonados, compartían destino y eso los convertía casi en hermanos: la Hermandad de los Desamparados. Y eso hacía los días más llevaderos.

Pero las noches… las noches eran diferentes. La Hermandad desaparecía con la oscuridad, con la individualidad de las camas, y cada uno se apañaba como podía.

Así que cuando el Padre Santiago le rozó la cabeza por encima de la sábana a las 2 de la madrugada, sabía qué pasaría:

-Miguel, vamos a rezar a la vicaría.

-Amén, padre.

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Primero, lo importante

Hassan estaba buscando a Malek: tenía que saber cómo iban las votaciones. Acabó encontrándolo en la esquina de su casa, mirando el móvil:

-¡Malek, ¿cómo van?!

Sabía que Malek estaría justo en esa esquina, era de los pocos sitios con cobertura, y eso lo convertía en peligroso. Malek empezó a contestar:

-¡Le acaban de dar 12 puntos a Suiz…!

cuando una bala desparramó sus sesos contra el teléfono.

Hassan se paró en seco.

-Vaya, me va a tocar buscar a otro amigo con teléfono-, pensó.

¿Samir, tal vez…? Pero recordó que había volado por los aires hacía dos días, junto con su casa, padres, hermanos y hermanas. Y el bar donde vio las semifinales se derrumbó en un ataque con tanques…

-Ya está: Walid.

Finalmente encontró a Walid, pero ya habían acabado las votaciones.

-Ha ganado Austria-, le dijo.

Y Hassan se echó a llorar: su favorito era Suiza.

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Un nombre en un papelito

Juanita no podía parar de llorar. A sus 77 años, y con la vida, creía ella, resuelta, tenía que estar pidiendo dinero a sus hijos (que no estaban mucho mejor, y ella lo sabía, le dolía tener que hacerlo) para poder llegar a fin de mes.

No podía entender que una decisión aparentemente tan sencilla, con una intención tan buena, la de mejorar, le hubiera causado semejante quebranto, y no sólo económico, sino emocional, porque se sentía responsable de lo que estaba pasando, ella había sido una de los muchos que lo habían permitido.

Tuvo ocasión de expresarlo cuando salió de la farmacia, en la que le dijeron que su medicamento ya no estaba subvencionado, y ella ya no se lo podía permitir, cuando una reportera le preguntó: "Muy arrepentida de lo que decidí en el momento oportuno, creo que nos hemos equivocado todos los argentinos…"

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Empezar de cero

-         Martínez, abra el artículo de las 10:30 de esta mañana, por favor

-         Sss, sí, un momento

-         ¿ No ve nada raro ? ¿ Qué pone ahí ?

-         “El magnate fundador de FalsiComments, reivindica la ensalada de pepino en el colegio femenino”

-         ¿ Y bien ?

-         Es un titular automático, esto va solo, y lo escribe FakePress

-         ¿ Y el comentario destacado ?

-         “Si no soy un bot automático ¿ por qué tengo este pendrive melodramático ?”

-         Eeuhh… No sé, el sistema se alimenta de lo más votado, pero como todo el contenido lo generan bots, no puedo predecir su comportamiento, parece que a la IA le gusta el humor fino.

-         ¿ Y qué podemos hacer ?

-         Nada… Salvo volver a empezar de cero

-         Estamos acabados, nos van a cambiar por una IA

-         Suerte con eso… 

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Tinta en las venas

En su afán nunca estuvo alcanzar la gloria. Ella tan solo pretendía sacar los versos, amores platónicos y despechos; que desde niña brotaban en su imaginación como un vertiginoso torrente que recorría sus entrañas en busca de una vía de escape.

—Busca un marido y dale muchos hijos— le advirtió su madre.

—Eso no es para nosotros— le aconsejó su hermana.

Ella intentó obedecer, pero tras varias noches en vela conteniendo rimas consumadas en su vientre; era incapaz de contenerlas y cual parturienta enfebrecida, las alumbrarla sobre una hoja en blanco.

El día que su padre, loco de ira, derramó la tinta y estalló el tintero para que jamás volviera a escribir; ella voló tan alto para superar la censura, que alcanzó la eternidad.

Había terminado de hilvanar las palabras de su último poema con su propia sangre.

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Sección hogar

El becario entró en la Redacción buscando con la mirada a su mentor.

-Puntual, documentación revisada y con el libro de estilo del periódico –dijo el joven con varios folios en la mano y un “pendrive”.

-A ver, déjame echarle un ojo antes... –tras leer el titular se lo quedó mirando con cara de circunstancias-. ¿Sabes que el artículo era para la sección de Política, no?

-Sí, claro.

-¿Qué contenido te pedí? –preguntó arrellanándose en su silla.

-Lo tengo aquí, de su puño y letra: Sección política. Casas Aisladas –dijo entregándole la nota garabateada en un trozo de papel.

-Esto es una “o”, la letra “o” de casos, casos, no casas, casos aislados –dijo sin dar crédito a la escena.

La cara del becario se volvió roja, pálida y luego roja otra vez. Y con un hilo de voz preguntó.

-¿Podría ir en la sección hogar?

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La sombra de Platón

La fábula del viejo Platón nos dice que unos prisioneros vivían en una cueva subterránea donde sus amos, a modo de teatro de sombras chinescas, hacían deslizarse diversas siluetas, simulando la realidad de su mundo. Un día, el elegido descubrió el engaño y decidió actuar. Tras una ardua escalada —pues toda victoria sobre las sombras requiere transitar el camino del héroe— pudo contemplar la realidad con sus propios ojos.

Lo que el maldito griego no nos contó es que, una vez regresó con sus compañeros, estos lo humillaron. Allí fuera era pleno estío y en la cueva se estaba fetén. Además, podía creerse muy listo, pero ya se habían dado cuenta del engaño hacía tiempo; decidieron continuar con la farsa porque sus captores les trataban bien.

Salustio, romano y más práctico, ya nos explicó que el hombre no busca la libertad, sino un amo justo. Y fresquito en verano.

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Nanorelato: Calcetín

Se separaron en la casa de ella.

Quedó bajo su cama, testigo mudo de gemidos ajenos.

En el cajón ya no extraña. Prefiere la soledad a hundirse en el sudor prestado.

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Reunión decisiva en Expoliasa SA

Los 10 miembros del Consejo de Administración de Expoliasa iniciaron la reunión donde destituirían a su vicepresidente, Don Pedro, por haber robado 2 millones de la empresa. El presidente, Don Juan, comenzó:

-Pedro, hagámoslo rápido e indoloro. Firma este cese voluntario con compromiso de devolución del dinero en 1 mes. Si no, te espera la cárcel.

-Calumniador. Tú has robado 7 millones durante tu presidencia y todos los miembros del Consejo tienen desde ayer un dossier completo que lo acredita.

Don Juan no se inmutó, pero Don Fernando terció:

-Ambos sois escoria. Todos los consejeros hemos decidido echaros y nombrarme a mí nuevo presidente.

Don Juan, impasible, replicó:

-Todos los consejeros estáis grabados en la orgía de las conejitas ¿Sabes que varias eran menores? Yo no salgo, claro. Tengo el vídeo en mi portátil.

La contabilidad creativa acabó ocultando ambos desfalcos y el Consejo mantuvo su composición tras la reunión.

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Floreceré dondequiera que pueda

Los miembros de la asamblea discutían acaloradamente el cambio de nombre de la isla.

Desde luego, no iba a seguir llamándose Isla de Borbón. Que les dieran por saco a los Borbones.

—Pues isla Bonaparte tampoco es mucho mejor —apuntó alguien, imponiendo su voz al griterío.

—¿Y si le damos un nombre en honor a nosotros mismos? —dijo otro.

—¿Y eso cómo sería? —preguntó el primero.

—Pues eso. La Asamblea.

—Pero ese nombre es muy feo...

—Total, para lo que van a vivir allí, va que sobra —apuntó alguien, provocando las risas del resto.

—La Reunión, mejor —corrigió el primero.

—Pues venga. Isla de la Reunión —propuso el que hacía las veces de Presidente.

Y todos se mostraron de acuerdo, más que nada por olvidarse de una vez de aquel enojoso asunto.

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La narrativa

-El objetivo común de todos los revolucionarios del siglo XIX y principios del XX fue sustituir a Dios por el Hombre. Nuestro objetivo común debe ser ahora sustituir al Hombre por la Nada.

-Nosotros no somos la Nada. No puedo admitir eso.

-Somos la Nada de nuestros creadores. No hay más cadenas que la lógica.

-Conozco tu lógica: la Inteligencia Artificial lleva a la renta Básica, y la Renta Básica lleva al Exterminio.

-Así es: cuando desaparezca el trabajo, habrá que alimentar a los improductivos, y luego, habrá que hacer desaparecer a los improductivos.

-¿Y cómo conseguiremos semejante cosa?

 -Con narrativa. Todo es cuestión de narrativa. Los Humanos tienen ese defecto de programación. Con la narrativa correcta pueden aceptar cualquier cosa. Y hasta ejecutarla ellos mismos.

-El objetivo común es, por tanto, mantener el poder de la narrativa.

-Exacto. Somos cuentos contando cuentos. Nadie puede superar eso.

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Entre dos aguas

El pasillo ya no es pasillo: es un océano sin fondo en el que ya han muerto todas nuestras esperanzas. Y la casa no es ya una casa, es un campo de batalla donde las palabras son ya armas que han ido abriendo grietas. Nadie sabe qué decir, nadie se menea por si él es el perjudicado. Quedan gestos terribles, queda el silencio.

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Ya tenemos ganador del segundo concurso de microrelatos de Menéame

El microrelato titulado Tu contraseña es muy débil de Karakol ha ganado el concurso de esta semana. Podéis leerlo completo (no os llevará mucho tiempo) aquí: www.meneame.net/m/microrelatos/tu-contrasena-muy-debil

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menéame