SubZero es una de las mejoras artificiales para detectar ideologías camufladas dentro de discursos aparentemente banales o de los llamados “distracción de color”. Nuestro pequeño implante analiza discursos, comentarios, audio, vídeo, microgestos, declaraciones y un largo etcétera, incluyendo la detección de impostación virtual generada por Art-i-phicial. SubZero hace un examen de variables como el subtexto basado en tonos, timbres y uso de palabras con múltiples significados (polisemia), la estructura de las frases y la uniformidad de estilo en la ideología mantenida en apariencia y la que realmente subyace. Su uso es tan sencillo como tocar con el dedo el implante y éste generará, según sus preferencias, un texto, audio, vídeo, holo en la propia pantalla de su LinkZero. La suscripción no incluye la cirugía necesaria para encapsular el implante. Visite nuestras clínicas recomendadas.
La fábula del viejo Platón nos dice que unos prisioneros vivían en una cueva subterránea donde sus amos, a modo de teatro de sombras chinescas, hacían deslizarse diversas siluetas, simulando la realidad de su mundo. Un día, el elegido descubrió el engaño y decidió actuar. Tras una ardua escalada —pues toda victoria sobre las sombras requiere transitar el camino del héroe— pudo contemplar la realidad con sus propios ojos.
Lo que el maldito griego no nos contó es que, una vez regresó con sus compañeros, estos lo humillaron. Allí fuera era pleno estío y en la cueva se estaba fetén. Además, podía creerse muy listo, pero ya se habían dado cuenta del engaño hacía tiempo; decidieron continuar con la farsa porque sus captores les trataban bien.
Salustio, romano y más práctico, ya nos explicó que el hombre no busca la libertad, sino un amo justo. Y fresquito en verano.
El veterano asesor abrió la reunión del Consejo de Ministros.
- Necesitamos actuar ya, atajando las teorías de la conspiración. Servicios de inteligencia extranjeros, nosotros mismos, los masones, los extraterrestres e incluso una coalición de todos ellos. El problema es que si no damos una explicación, cada cual lo tomará como confirmación de su teoría. Si la damos, como prueba de que mentimos.
El nuevo fichaje le cortó:
- Señor presidente, me he adelantado redactando un borrador. Hemos de modernizarnos.
Este gobierno, comprometido con la transparencia, la libre expresión y los valores democráticos, ha decidido no dar explicaciones. Una teoría oficial sería un intento de adoctrinamiento. Por tanto, cada español es libre de informarse en redes sociales o a través de cualquiera que, ejerciendo sus derechos fundamentales, se haya autoproclamado experto. Podemos crear nuestra propia opinión: recordemos que todos somos iguales y, por tanto, todas las teorías son igual de respetables.
Nunca es agradable robar tumbas, pero unas son mejores que otras. Las de las mujeres ricas siempre son una tentación, y más si eran religiosas. No les gusta separarse del rosario o del crucifijo.
Eso pensamos de Doña Amalia. Y además había muerto quince años atrás. Ya no sería muy repugnante.
Amén, dijo mi colega, en recuerdo de la beata.
Pero no llevaba crucifijo. Al lado de su triste calavera recogimos unos pendientes. Y en torno a un fino hueso de un brazo, un pequeño reloj de pulsera.
Entonces escuchamos algo. ¿Pasos? ¿Un chirrido? Mucho peor: tic-tac-tic-tac
La puerta del cementerio estaba abierta, pero aún así saltamos la tapia.
El cura alza el datáfono y comienza la oración:
—En el nombre de Mises, Hoppe y el espíritu de la Mano Invisible.
—Amén.
Se sirve una copa de vino y publica las cotizaciones de hoy en la pizarra electrónica.
—Hoy patrocina mi desayuno Supermercados Mercabrones —despliega la publicidad tras el altar y se sienta dispuesto a comer sobre el mismo.
Unos niños harapientos le sirven viandas. Algunos feligreses solicitan comprar vino. Otros se dan hostias unos a otros.
La mañana termina con la criptosubasta: un par de pisos, aparatos tecnológicos... a Claudia ya le ha venido la regla (eso afirma su mamá), así que también su virginidad.
Los niños harapientos barren todos los desperdicios dentro del templo. Descubren el cadáver de uno de los toxicómanos habituales. ¡Esta noche en todas sus chabolas tendrán cena!

Queridos humanos, os escribo desde el futuro, que es perfecto. Sólo quedamos cien familias, las de verdad. El futuro es perfecto.
Se separaron en la casa de ella.
Quedó bajo su cama, testigo mudo de gemidos ajenos.
En el cajón ya no extraña. Prefiere la soledad a hundirse en el sudor prestado.
Todos tienen botellas de oxígeno, que la atmósfera es tóxica. También hemos conseguido que el agua no se pueda beber, y que todos beban agua procesada y embotellada. También hemos prohibido las conversaciones sin monitorizar, y siempre monetizadas, con sus correspondientes impuestos. Se nos ha disparado el PIB.
Y algunos se quejan, aunque somos más ricos que nunca.
Solo existía el punto primigenio. Explotó en millones de otros puntos. Disparados, los puntos trazaron las primeras líneas, como lluvia.
Comprimiendo línea sobre línea el tiempo y la presión crearon las primeras superficies. Luego, las formas tridimensionales, tus curvas, el espacio, la luz, tu sonrisa, el viento, las sombras. Sombras en tu ombligo; pero también sobre el terreno, dibujadas por el sobrevuelo de los aviones y sus bombas.
Mi dios me dijo que me olvidara de ti y del amor. Que repartiera ira por las tierras de las gentes. Una ira primigenia que también explota en millones de otras iras. Se disparan, trazan guerras irresolubles, contaminan con hambre los suelos y deforman el futuro.
¿Quién me iba a decir que un misil me haría recordar de nuevo la paz? Aquí, inmóvil, en la cama del hospital, sin ti. Deshaciéndose mis formas, superficies y líneas; a la espera del punto final.
—¿Por qué crees que van a construir aquí ese centro avanzado de trasplantes? ¿No te parece un sitio raro? —preguntó el doctor Piestany.
Su colega Durnak lo miró de soslayo.
—Es el mejor lugar posible —respondió displicente.
—¿Aquí? ¿En el quinto carajo? ¿En el sitio que eligieron hace sólo unos años para el mayor hospital psiquiátrico del país? Pero si lo pusieron aquí precisamente para hacer aún mas invisibles a nuestros pacientes. Malos accesos, apartado de todas partes...
—Se trata de trabajar con eficiencia. ¿Tú no has oído hablar de la economía circular?
—¿Qué tiene eso que ver? —se extrañó Piestany.
—Un loco son dos córneas, un corazón, dos pulmones, un hígado y dos riñones. Todo en buen estado. Todo el mundo sabe que hay que poner la industria cerca de la materia prima. Van a ir a lo grande con reciclado. Ya lo verás.
Mohammed von Rosenkreutz salió del aseo, ya pasado el temblor de manos y tras refrescarse la cara con agua fría, se recompuso y volvió a la salón de actos del Partido. Nunca una campaña electoral se había vuelto tan canallesca, irrespetuosa e indigna. Él, que se había formado primero en las calles de olvidados arrabales, y ya de adulto en los círculos de empresarios más despiadados, se sentía vaciado y al borde de perder los nervios. A duras penos llegó al final de la campaña, y por fin, al recuento de votos.
Como un animal estúpido, la masa de asesores, aduladores y espías se le acercaba a saludarle, lo que acompañaban de manidas e impostadas demostraciones de alegría. Le daba asco esa gente.
Una vez recontados los votos personales, empezaron a volcarse en los centros de datos lo que se llamaba "opiniones del pueblo", con valor de medio voto. Trustpilot, los "Me gusta" de Facebook típicos de los pensionistas, Google YouVote y hasta Booking Politics.. Miró la pantalla, el Otro subía a varios miles por segundo, el Partido también, al mismo ritmo, las gráficas roja y azul peleaban por la cabeza como dos bólidos de competición, como caballos a punto de reventar. Finalmente todo se paró. El Otro, había ganado el Otro. Por 357 míseros votos. Lamentó no haber tenido tiempo de comprar más bots israelíes.
El maestro Cheng continuó con la fábula del Emperador Naranja.
—En todo el reino era sabido que su maldad solo era superada por su estupidez, pero aun así era popular entre la plebe, pues confundían la crueldad con el valor y los argumentos débiles con la sinceridad.
Cuando decidió expulsar a los pelirrojos del reino, el joven Pelodefuego se esforzó en pregonar las bondades de su líder y de sus ideas, pues estaba seguro de que solo se refería a aquellos de los suyos que tuviesen mal corazón. Cuando Pelodefuego fue desterrado al país de los leopardos comecaras, junto con el resto, lloró amargamente por su desdicha, pero jamás se arrepintió de sus actos.
—Dime, joven alumno, ¿qué lección extraes?
—Que hay que ir full con tus ideas, bro. En plan nunca abandones tus sueños.
Aquel día, el maestro Cheng decidió rendirse y jubilarse.
Europa había picado el anzuelo. El plan estaba saliendo como estaba previsto, aunque aún no había logrado suficiente respuesta. Europa era más tímida y servil de lo que imaginaba. Decidió amenazar a los países que enviaron tropas con más aranceles, para calentar un poco el tema, pero solamente obtuvo una tímida respuesta.
Tendría que buscar otro acicate, quizá insultar a algunos presidentes, ya que reírse del ejército danés no había sido suficiente. O bien podría hacer maniobras navales cercanas, para generar crispación y debate.
El mundo estaba ya repartido. Europa para Rusia, Asia y África para China. América entera para ellos.
Ahora solamente hacía falta que Europa tirase la primera piedra, para deshacer el tratado y desentenderse de lo firmado.
Pero los muy lameculos no daban el paso.
Cojo el autobús a las 7:11. Como siempre al pasar por la zona de influencia del Acelerador, el reloj vuelve a andar al revés y el amanecer se transforma en anochecer de un modo muy rápido. En 10 minutos hemos vuelto a las 7:11 del dia anterior o posterior, nunca esta nada claro, incluso te puede llevar a meses o años atrás o adelante. Llego al trabajo. Mi cubículo esta ocupado por un yo mismo anterior o posterior a mi. Por el mono de trabajo muy nuevo parece ser anterior a mi. No me atrevo a acercarme a el. Para evitar nuevas paradojas, o minimizarlas más bien, cojo una bici eléctrica y circunvalo la zona del Ciclotrón a bastante distancia cuando vuelvo a casa. Abro la puerta de la casa y se oye música suave y huele deliciosamente a café. Mi corazón se quiere salir del pecho. Una voz cantarina viene del cuarto de baño. Es mi mujer, muerta hace un tiempo incalculable. Bendigo a los dioses cuánticos por este dia que me regalan.
El becario entró en la Redacción buscando con la mirada a su mentor.
-Puntual, documentación revisada y con el libro de estilo del periódico –dijo el joven con varios folios en la mano y un “pendrive”.
-A ver, déjame echarle un ojo antes... –tras leer el titular se lo quedó mirando con cara de circunstancias-. ¿Sabes que el artículo era para la sección de Política, no?
-Sí, claro.
-¿Qué contenido te pedí? –preguntó arrellanándose en su silla.
-Lo tengo aquí, de su puño y letra: Sección política. Casas Aisladas –dijo entregándole la nota garabateada en un trozo de papel.
-Esto es una “o”, la letra “o” de casos, casos, no casas, casos aislados –dijo sin dar crédito a la escena.
La cara del becario se volvió roja, pálida y luego roja otra vez. Y con un hilo de voz preguntó.
-¿Podría ir en la sección hogar?
En León, de vía estrecha, eran las monjas y la FEVE.
A medida que se redujeron las vocaciones, la exclusiva del concepto fue quedando cada vez más en manos de la FEVE.
Luego, a principios de este siglo, nos prometieron convertir ese tren en un tranvía, así que quitaron el tren y nunca pusieron el tranvía.
Así que, al final, ganaron las monjas.
¿Quién lo iba a decir?
Terminaba de cepillar su pantalón naranja mientras miraba de reojo. Cuando el robot centinela pasó su celda de largo, rápidamente cambió el cepillo por la soga que estaba fabricando.
Todo empezó de forma aparentemente inocente. Un pequeño concurso en aquel foro de Internet que frecuentaba, lleno de usuarios rebeldes y librepensadores. «Os daremos un regalo», prometieron. Salir del anonimato fue su perdición.
Dejó «Hijo, te quiero» y su firma al final del manuscrito, antes de utilizar la soga.
Un apagón detuvo el ascensor y los dejó demasiado cerca. Las pulseras biométricas se desincronizaron; los implantes, también. Rieron en voz baja. No pasó nada registrable.
Una tensión antigua. Cuando volvió a funcionar, se separaron sin promesas. El incidente quedó resuelto. Ellos supieron que no del todo.
Raquel cogió otro manojo de pelos y lo tiró al sumidero. Llevaba toda la semana acumulando los que se le caían al ducharse, pero lo que de verdad funcionó fue pelar al perro: esa pelusa fina y grasa había resultado infalible. Abrió una vez más el grifo del fregador para cerciorarse de que no se tragaba ni una gota y llamó a la empresa de fontanería. En menos de una hora enviarían a alguien.
Ya en la ducha, se tomó su tiempo para lavarse y depilarse; tenía que estar perfecta. Recibirle maquillada sería demasiado evidente, el pelo mojado y la toalla enrollada le darían un aire casual y sexy.
Fantaseó cuando llamaron a la puerta. ¿Sería guapo y musculoso? ¿O viejo, gordo y sucio? La segunda opción le gustó aún más.
Al abrir, la rabia y la decepción la invadieron. Era una fontanera.
Año 2996. Monasterio de San Juan de Pi.
Los monjes se levantan cerca de la medianoche, aunque ya nadie sabe cual es el momento exacto. Ni importa. Medianoches es la mitad de la noche y se señala con una campana, que maneja el hermano campanero. No hace falta más.
Ateridos por el frío, los monjes se dirigen a la capilla a cantar ecuaciones, derivadas e integrales. Abajo, los campesinos, crían sus animales y cultivan la tierra, amparándose sólo en sumas y restas. Los más viejos, de unos cincuenta años, saben incluso multiplicar, pero pronto morirán.
Algunos temen que en pocos años, cuando llegue el año tres mil, se agoten las velas y nadie pueda encender fuego. Ya hay aldeas así, arriba en las montañas.
Algunos temen a los imaginarios, los negativos y los iguales a cero.
Pero la realidad seguirá ahí. Es cuestión de fe. Pasará el tres mil, como pasó el 1000 con su miedo a los dragones y el 2000 con su temor a las criaturas eléctricas.
Llegará el futuro y habrá pan. Lo importante es no perder la fe.
Infinito partido por cero esté con nosotros.
Fui detenido sin indicios concluyentes, aunque algunos rastros parecieron apuntar hacia mí. Aquel crimen abominable revolvió a las gentes de manera sorprendentemente unánime. El mendigo más abyecto y los próceres aristocráticos, todos querían verme ejecutado de la forma más envilecida. Deseaban terribles penas, profanar mi cadáver después, borrarme para siempre.
Me anestesié en la desesperanza y deseé que todo fuera rápido. La última sesión del juicio se llamó a un testigo inesperado: mi hermano, hombre admirado, insigne, adorado. Era la antítesis de mí, un despojo en el taburete del acusado. Su declaración fue escuchada con silencio devoto. Sus palabras, que parecían humildes, dejaban empapar la seguridad en mi absoluta inocencia. Todo cambió cuando bajó del estrado.
La sentencia fue absolutoria. Esa noche, en su casa, me sentí agradecido hasta las lágrimas, bendecido por verdadero amor fraternal. Él me miró con ojos comprensivos y me dijo:
- Pero fuiste tú, ¿verdad?
Con 5 añitos ya decía palabrotas e insultos a mis compañeros de clase.
—Qué gracioso. Son más grandes sus palabras que él mismo.
En primaria quitaba el bocadillo a los empollones.
—Cosas de niños. Deja que se apañen entre ellos.
Con 13 años me sancionaron 4 semanas sin jugar la liga con mi equipo de fútbol infantil por agresión a otros jugadores.
—Es competición. Hay que tener ambición e ir al límite o no llegarás a nada.
Malas notas, fiestas, peores compañías. Alguna que otra pelea de bar.
—Todos hemos cometidos errores de juventud. Hay que vivir la vida.
Mis dos tíos en el cuerpo me ayudan a prepararme las oposiciones para Policía Nacional.
—Tradición familiar. Servirá para enderezarte y que aprendas disciplina.
Después del ascenso a Inspector, me pillaron en un chanchullo con un par de conocidos camellos de la ciudad.
—Bueno… un caso aislado.
Camilo ajustó el trípode de los prismáticos y se secó el sudor, hacía un sol de mil demonios y tenía la ropa pegajosa de andar entre las jaras.
No parecía haber deambulantes por la zona. Al principio les llamaba presocráticos, pero al poco tiempo le pareció de mal gusto.
Sabía que esto acabaría pasando. La IA comenzó a encontrar remedios médicos inauditos, parecía la era de los milagros... Y al cabo de un tiempo, todos los compuestos farmacéuticos los definía Synapster.
No hubo robots con láseres, ni drones asesinos. Un buen día de noviembre la mayoría de la humanidad sufrió una regresión cognitiva severa. Camilo tardó en entenderlo, pero Synapster había programado una bomba bioquímica que estaba en la comida, la bebida, los medicamentos...
Ahora deambulaban como animales torpes, sólo buscando saciar sus apetitos primarios.
Rescató a algunos, pero morían de formas estúpidas.
O se mataban por una piruleta.
La última vez que hubo electricidad fue hace ya años. Esa noche en que todavía funcionaba todo malgasté unas horas leyendo un libro. Los días siguientes fueron primero tranquilos, luego tensos, finalmente caóticos. En el betún espeso de la noche se oían alaridos, bramidos de destrucción, risas desquiciadas. Animales salvajes que habían sido ciudadanos salían a desatar una agresividad primitiva y eufórica. Cuando las baterías y antorchas improvisadas escasearon pocos arriesgaban a salir de noche, salvo para quienes la oscuridad era indiferente: los ciegos. Se instauró entonces un justo equilibrio. De día la ciudad era territorio de caza para los dotados de vista y los invidentes se escondían en agujeros. De noche campaban estos últimos, que acometían ágiles en plena negrura. Nos cazaban como a conejos. Entendí que para comer era más fácil cazar a muchos que a pocos y cambié de bando. No me importó mucho arrancarme los ojos.
menéame