El discurso del canciller alemán en Davos marca un nuevo capítulo —mucho más explícito— de la Zeitenwende (“cambio de era”) anunciada tras la invasión rusa de Ucrania. Ya no se trata solo de reaccionar a una crisis puntual, sino de asumir que el orden internacional posterior a la Guerra Fría ha terminado.
El mensaje central es claro: hemos entrado en una era de política de grandes potencias, donde el poder —militar, económico y tecnológico— vuelve a ser decisivo. Alemania y Europa, según el canciller, no pueden limitarse a apelar a valores; necesitan también capacidad real para defenderlos.
Qué cambia respecto al pasado
- Defensa como prioridad estructural
- Alemania anuncia un aumento del gasto militar hasta el 5% del PIB, una cifra impensable hace pocos años y que rompe definitivamente con la cultura estratégica alemana de posguerra. El objetivo no es solo apoyar a Ucrania, sino que Europa pueda defenderse por sí misma dentro de la OTAN.
- Europa como actor geopolítico, no solo mercado
- El discurso insiste en que competitividad económica y poder geopolítico son inseparables. Sin una economía fuerte, Europa no tendrá peso político ni capacidad de disuasión.
- Menos dependencia, más soberanía
- Se reconoce abiertamente que Europa ha creado vulnerabilidades estratégicas: energía, materias primas, tecnología, capital. Reducir esas dependencias es presentado como una cuestión de seguridad.
- Crítica frontal a la sobre-regulación europea
- Un punto llamativo es el ataque directo a la burocracia de la UE, descrita como un freno al crecimiento y la innovación. Alemania propone una “pausa de emergencia regulatoria” y una reforma del presupuesto europeo centrada en competitividad.
- Defensa del multilateralismo… con músculo
- El canciller no renuncia al orden basado en reglas, pero advierte: un mundo donde solo cuenta la fuerza es peligroso, especialmente para estados pequeños y medianos. La lección histórica alemana aparece aquí con fuerza.
OTAN, EE. UU. y el caso Groenlandia
El discurso aborda de forma directa las tensiones recientes con EE. UU., incluida Groenlandia. Alemania respalda una mayor presencia de la OTAN en el Ártico, pero deja una línea roja clara: la soberanía y la integridad territorial no son negociables, ni siquiera entre aliados.
También se lanza una advertencia velada sobre los aranceles: una guerra comercial transatlántica debilitaría a ambos frente a China y Rusia.
Por qué esto es importante
La Zeitenwende ya no es solo un concepto defensivo o reactivo. Se está convirtiendo en un proyecto integral que combina:
- Rearme
- Reforma económica
- Política industrial
- Liderazgo europeo
Para bien o para mal, Alemania parece dispuesta a abandonar su papel de potencia “reticente” y asumir un liderazgo más clásico en Europa.
La pregunta abierta es si el resto de la UE seguirá ese ritmo —y si las sociedades europeas están preparadas para el coste político y social de este cambio de era.
nemeame
Torrezzno