Lo más característico de la religión católica es un acto de canibalismo: el objetivo de su liturgia es comerse a su Dios. El fundamento de tal afirmación, que para muchos no será ninguna novedad, está precisamente en el Nuevo Testamento: “….El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día……” Juan 6, 54. La cita no la traemos a cuento por afán de provocar, algo bien lejos de nuestra intención. Por lo demás, no hace sino confirmar un dato que la antropología constata en sus trabajos sobre religiones...
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