Durante décadas, el mundo del deporte en general, y del tenis en particular, consideraba que el sueco Björn Rune Borg no era humano. ¿Cómo iba a serlo? Su dominio sobre el circuito mundial era aplastante y nunca se vio emoción alguna que hiciera pensar a espectadores y rivales que debajo de su escandinava piel no había una estructura metálica indestructible.
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