Apis no era simplemente un dios representado como toro, era el toro viviente, el animal sagrado en el cual la divinidad se manifestaba directamente en el mundo físico. Cada toro de una raza específica con marcas precisas era considerado la encarnación literal de Apis. No era símbolo o metáfora, era manifestación real de lo divino caminando sobre la tierra. Esta creencia distinguía profundamente el culto a Apis de otros cultos de animales sagrados. Mientras que otros animales eran considerados sagrados por su asociación simbólica con dioses, Api
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