Un retrato de Blay es una de las imágenes fotográficas a color más antiguas que atesora el Museo del Prado, que también posee tres estatuas con su firma: La niña desnuda, Al ideal y Eclosión. El escultor posa al aire libre, contra un muro vegetal, sin mirar directamente a la cámara en un autocromo estereoscópico del que no se conoce la autoría, pero por el aspecto relajado del artista debió de ser alguien de su círculo cercano.