Se distingue entre electroestados, como China, que dependen de la electricidad, y petroestados, como Estados Unidos, que dependen de combustibles fósiles. Aunque la electrificación es clave para la transición energética la dependencia del petróleo y gas es alta, con consecuencias económicas graves si las instalaciones se ven afectadas. Mientras que China y la UE se orientan hacia modelos de “electroestado”, Estados Unidos podría optar por mantener un modelo basado en hidrocarburos, impulsado por razones políticas.