Concurso de microrrelatos de Menéame
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Nanorelato: Café suave, limpio y redondo

La especialidad filtrada en V60 con fermentación anaeróbica consiguió que rozaran las manos. Sonrieron. Salieron a la calle. Bajo la lluvia, un portal los juntó demasiado; el beso fue breve y prometedor. La noche, para beber despacio y prestar atención. Limpia, delicada y expresiva. Cuerpos ligeros sin acidez. Brillantes.

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Asesinato mainstream

Barrio de El Born, 2:30 de la madrugada.

-         Le estaba contando a Ramiro lo de las sensaciones. Es que matar a alguien tiene muchas capas, no es simplemente cargárselo y ya. Es una proyección y una declaración de intenciones. Tiene su vibra, en plan una experiencia orgánica total. De algún modo tú estás siendo el que mata y la víctima, es un espejo en el que te miras para afirmarte ¿sabes? Es muy fuerte. Y va el tío y me dice: "Lo de la navaja es muy mainstream, yo lo de Jack el Destripador lo hacía cuando era chaval, pero si te quedas ahí y no evolucionas es todo aburrido. Eso antes molaba, ahora es muy charca".

-         ¿Te parece normal lo que me suelta?

-         Qué mal, tío.

-         Tremendo gilipollas

Las dos figuras se alejan. Callados van pensando en el outfit con el que matarán mañana.

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Metamorfósil

Se encaprichó de la chica con el pelo de Amélie que siempre veía sola en el gastro-bar donde hacían catas de cerveza artesanal, el que sustituyó a la tasca de toda la vida. Con su aspecto de “normie” poco podía hacer. “Renovarse o sufrirlo en soledad”, pensó.

Lo primero que hizo fue dejarse barba, pero a los cuatro días parecía que se había estado morreando con un tapiz, así que se afeitó.

Le pagó una morterada a un peluquero bigotudo y con tatuajes, pero al día siguiente parecía más un soldado alemán peinado por la onda expansiva de un proyectil que un entusiasta del cine de Kaurismäki.

Se compró monturas nuevas para las gafas, pero la pasta castigaba sus orejas de soplillo.

Rescató de una caja la Rolleiflex del abuelo, pero no sabía abrir la tapa para meter el carrete.

Decidió echarle valor y tirar de labia, así que se puso una camiseta vieja y unos vaqueros, y se fue en busca de Amélie.

Allí la encontró. Pidió dos cervezas de arándanos y entró a matar. A ella le gustó su camiseta de Matutano, pero le aburrió su parloteo.

—¿Todo esto se lo has preguntado a ChatGPT para impresionarme?—le interrumpió Amélie.

—¿ChatGPT?—contestó él haciéndose el indignado—¡Yo solo consulto la Enciclopedia Encarta! 

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Rencor...

Siempre los he odiado. Los gritos de los niños me retumban en la cabeza. El reguetón a todo volumen los domingos me saca de mis casillas, y odio esa peste a colonia barata que deja ella en el ascensor, cuando sale pintada como una puerta.

Nunca los saludé. Nunca me saludaron. Nos bastaba con aborrecernos en silencio.

Y mientras sigo atrapada en esos pensamientos, veo a los niños, sentados sobre una caja mojada en el kiosco, inmóviles, con la mirada fija en los charcos. Con el cuerpo cansado, tomo el cepillo y empiezo a empujar el agua, sin prisa, entre el barro y los escombros. El kiosco está empapado, los periódicos y revistas arrugados por el agua. No hablamos. Llevamos horas así, sin mirarnos siquiera. 

Hoy, solo estamos intentando salvar lo que queda.

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Il cannone

Pezzo carico!

Era casi mediodía y la multitud se agolpaba para ver el disparo del cañón.

Pezzo pronto!

Pero yo solo lo veía a él, radiante de emoción.

Cinque!

Se tapó los oídos.

Quattro!

Se los destapó; ya era mayor para eso.

Tre!

Me miró nervioso y me apretó la mano.

Due!

Volvió la vista al cañón.

Uno!

Abrió la boca, como yo le había explicado.

Per Santa Barbara! Fuoco!

La expresión de asombro dio paso a una enorme sonrisa.

— Mamá, ¿puedes decirles que disparen otra vez?

— No, cariño, pero, si quieres, podemos volver el domingo que viene.

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Feliz semana satán

Solo quería desearos a todos mis seguidores y al mundo en general mis mejores augurios, mis más íntimos deseos de guerra, odio, enfermedad y muerte en estos días de alegría y placer, donde mis cuatro corceles recorren el mundo dispersando la buena nueva. Es cierto que algunos ignorantes se resisten con un cierto y blando interés a ser barridos por la olas de la historia, pero pronto perderán el interés y mucho más, no esperaba unanimidad, e incluso me causan cierta ternura, pero me dura poco.

Sin resistencia pronto seré el rey del mundo y mis generales , a quien ya conocéis , se reunirán pronto para dar la buena nueva, no sin repartir algunas propinas entre la población solo por el placer de hacerlo.

El fin del mundo conocido está cerca. El nuevo será mucho peor de lo que habéis imaginado. Imponentes bombardeos contra tiendas de campaña, cárceles como agujeros negros sin recurso posible, especulación para generar fondos sin límites, deportaciones a países basura por decreto, precios de lujo y sueldos de miseria y lo que es mejor, lo mejor de todo, aplausos, muchos aplausos. Esto si que no lo vi venir.

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Concentración en el campo

La niña del bikini de rayas era un excelente objetivo, pero no paraba de moverse. A su lado, otros gentiles infantes corrían junto a una pelota, inconscientes del peligro, mientras siniestros lepidópteros albinos bailaban con la muerte.

Caía la tarde vagamente junto a los chopos, y entre cedros líricos intuyó la efigie de un hombre cetrino, sentado junto a una mesa, protegido del jolgorio circundante por una franja de lirios blancos.

 El hombre ya había sido alcanzado por muchos otros, pero eso no pareció importarle, de modo que afinó su puntería, y con un movimiento certero y estudiado, le picó en el cuello.

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El mensaje en las hojas

No podía ser casualidad que aquella mañana al abrir el portón de su casa encontrara Ana esas dos ramitas en el tranco de su puerta. Sobre la tierra levantada, junto al enorme socavón y los desconchones de la metralla que habían desolado su calle en tan pocos días, aquellas pequeñas flores y esas hojas verdes parecían venir desde una lejanía infinita. Ana pensó que las casualidades eran otra de esas cosas que se había llevado la guerra.

O quizá era la desesperanza lo que le hacía ver mensajes en todas partes, respuestas a la pregunta que escribió en un trocito de tela blanca y que habría pasado bajo cuerda entre manos agarrotadas por el miedo: "¿Cómo te encuentras, Ramón?".

Y aunque no entraba dentro de lo mínimamente razonable que el mensaje hubiera llegado a su destinatario, y siendo tan poco problable que su Ramón hubiera sobrevivido a aquella herida o incluso a aquella retirada entre el estruendo y la confusión, ella sentía que aquellas hierbas eran la respuesta y que él habría encontrado la manera de hacerlas llegar hasta su misma puerta.

Entregada a ese pensamiento estaba cuando llegó a casa de su tía, y una ráfaga de aroma fresco le llegó al abrir la mano y liberar las ramas sobre la mesita.

—Anda qué buena para la digestión. Cuando teníamos digestiones que hacer —le dijo distraída su tía mirando las hierbas de reojo mientras se secaba las manos en el delantal.

— ¿El qué?.

— La Mejorana que has traído.

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Reset (FI-5)

- Sigo sin estar seguro. Dices que volverá a pasar. Entonces, ¿Por qué hacerlo? Cambio.

+ La humanidad tendrá la posibilidad de empezar de nuevo. Varios miles de años. La curiosidad y la inventiva es nuestro regalo envenenado. Volverán a desarrollar tecnologías, se harán dependientes de ellas, y apenas sabrán hacer nada, si la tecnología no se les va de las manos y se rebela como casi nos pasa a nosotros.

Ya sabes, todo destruido, que no quede nada. Si queda algún resto, antes o después lo descubrirán y acelerará la evolución de la tecnología. Cambio.

- ¿Esto ya ha pasado antes? Cambio

+ Puede que seamos los primeros, o que tengamos la suerte de que otros hicieron lo mismo que nosotros ahora. Da igual, ya está todo listo. Solo falta el último paso, mueve la palanca y despídete de la civilización de los atlantes. Cambio y corto.

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Un vídeo de despedida

«El Inútil», así lo llamaba su suegra. Por eso se ofreció para hacer el vídeo.

Parecía una tarea fácil y, de hecho, le llevó menos tiempo del esperado. Solo tenía que entrar en el viejo ordenador, seleccionar unas cuantas fotos y hacer un montaje para el funeral. Todos se emocionarán, algunos incluso llorarían y, lo más importante, se ganaría la simpatía de su familia política.

Acceder al contenido fue sencillo (su suegro había usado una contraseña trivial), pero, al abrirlo, su cuerpo reaccionó de inmediato y tuvo que apartarse para no vomitar sobre el teclado. Eran niños.

Tras el estupor inicial, se obligó a reaccionar. Pensó en cuáles eran sus opciones y en las consecuencias de cada una de ellas. ¿Llamar a la policía? ¿Contárselo a su mujer? No, eso sería demasiado doloroso para ella.

Con pulso firme, formateó el disco duro.

Prefería seguir siendo el Inútil.

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Libertad se alza con el premio esta primera semana imperfecta

Artikan so su microrrelato Libertad se alza con un amplísimo margen con la victoria en esta semana semana del ciclo sobre el Futuro Imperfecto

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Futuro pluscuamperfecto

En realidad, todos deseaban un desastre mundial; no es que fueran inconscientes, o estuvieran poco formados, o ideológicamente modificados, simplemente todos estaban deseando una gran guerra mundial, figurar en los libros de Historia, ver quién ganaría al final de la contienda como si fuera un partido de fútbol y poder comprobar que estaban en el bando ganador, que su equipo tenía buenos delanteros y buenos defensas. En resumidas cuentas, al final, a nadie le importaba una mierda si morían diez millones o cuarenta, a nadie.

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Otra vez es verano

Felipe está contento y nervioso. Van a ser sus primeras vacaciones de verano en 15 años. Hasta hoy ha sido físicamente imposible disfrutar siquiera unos minutos de luz estival.

Guarda su escaso equipaje y se acomoda en el estrecho vehículo. No necesita más. Ni su mujer ni sus hijos, fallecidos durante la Tercera Guerra Mundial, le acompañarán.

Los kilómetros avanzan y las densas nubes se van disipando. El cielo empieza a lucir un azul tan intenso que duele en los ojos. Luego ennegrece y aparecen miles de estrellas. Nítidas, increíbles, ¡qué visión! La finísima capa superior de la atmósfera queda debajo, cubriendo el uniforme marrón y gris de la Tierra.

«Mi primer verano nuclear» se susurra a sí mismo, emocionado, intentando jugar con las palabras. La antítesis de la oscuridad y el hollín que le esperan nuevamente en tierra firme.

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Los mejores veranos de nuestra vida (Valdesuei)

Mis vacaciones perfectas eran sobre dos ruedas. Unas veces recorriendo los caminos del pueblo en busca de aventuras; otras, huyendo del cinturón de don Ignacio, el hortelano, cuando nos descubría devorando sus sandías. Eran el delicioso sabor de tortilla recién cocinada, del helado almendrado en la piscina y la rebanada de pan con aceite de oliva que mi abuela nos preparaba todos los días para merendar.

Cuando enfermó y tenía tratamiento en la ciudad, nos la dejaba en la alacena junto a una nota: “Pan y oro para mis tesoros”. —Siempre tuvo una vis cómica—.

El día de su funeral, busqué refugió en la alacena para llorar tranquilo. Allí contemplé varias cazuelas de pan con aceite, junto con una nota: “Oro y pan duro para el futuro”. —Siempre tuvo esa vis cómica—.

Lágrimas y risas se entremezclaron confusamente mientras merendaba, en aquel último verano de mi niñez.

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El deslizador

El deslizador

Dios, como siempre, iba a lo suyo. Es lo que tiene ser "omni": omnisciente, omnipresente, omnipotente…, que estás a todo pero no estás a nada. Estaba otra cosa, con el tablero de mandos de la Humanidad ahí, desatendido, en automático.

Belce (nombre cariñoso) sabía que su tío era también omnidespistado (es lo que tiene ser "omni", que lo eres en muchas cosas). No levantaba todavía dos palmos del suelo, pero ese tablero… colorines, ruiditos, palanquitas, pantallas… Así que, de puntillas y viendo apenas lo que hacía, alcanzó el único mando al que llegaba, un deslizador, en ese momento desplazado totalmente a la izquierda, y lo movió al centro. Rápidamente se escabulló, temiendo que tito Dios le pillara.

No fue hasta 6 meses después cuando Dios se dio cuenta de que alguien había movido ese deslizador y había apagado el sentido común de la mitad de la población mundial:

-¡¡¡BELCEBÚÚÚ!!! 😡😡😡

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El veneno

Miró sus manos con sarcasmo, como negándose a recordar que son pluripotenciales. Que igual pueden lanzar una piedra que acariciar el trigo, escribir poemas con soberbia etrusca o simples mentiras paleozoicas.

Miró al campo salado de avenas, al intrépido vacío de su mundo. Estaba aquí, vigilando el paso de los estorninos, estudiando el deseo y el vértigo con una indiferencia precisa, licenciado en no necesitar del mundo más que su existencia.

Acarició el mineral, como transido en la experiencia de futuros transitorios, olió los pechos de mujeres desconocidas, sorbió el perfume de los valles sagrados, soñó un instante con versos prohibidos…

Miró hacia el fondo del valle, y con soltura y decisión lanzó la piedra.

Y se fue acariciando el trigo.

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Desde la oscuridad

Junio señalaba en Persia la mudanza del sultán a los palacios de verano. Obligado por la amenaza del alfanje, el pueblo se agolpaba para mostrar sumisión a la comitiva, especialmente cuando el enorme palanquín imperial acarreado por elefantes recorría las calles de Isfahán. Como extranjero también tuve que postrarme y mirar al suelo. Por el rabillo del ojo observé a un andrajoso erguido entre la multitud. Los soldados ignoraron su presencia, nadie parecía verle.

Al alejarse el desfile me acerqué a él con curiosidad. Los harapos que le malvestían despedían un hedor insoportable. Le pregunté por qué se le permitía ignorar la obligatoria genuflexión:

"Soy más poderoso que el sultán. Guardo los secretos de todas las familias. Si la muerte me llegara inesperada, mis mensajeros difundirían la verdad. El imperio desaparecería en horas.  

Soy el que observa y escucha desde la oscuridad de desagües y cloacas.

Soy el fontanero imperial."

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El fontanero antropólogo

Ir de casa en casa, violando la intimidad familiar, te pinta el cuadro social. El marido, que sabe perfectamente como reparar la avería, pero que hace el favor de contratarte; su mujer, que te da a entender que es idiota. Los chascarrillos sobre los vecinos, ignorando el hecho de que la rajada es recíproca. Últimamente, el inevitable chistecito sobre los fontaneros de la política. Se puede saber de qué pie cojean, señalando lo corruptos que son esos, o poniendo el énfasis en el todos son iguales. La enésima visita a las cloacas, solo para reafirmar los prejuicios propios.

No todo es polémico. Cuando piden pagar en b o consejos sobre tangar al seguro, hay consenso. Yo, complaciente, accedo a todo y les sugiero, de forma taimada, que soy de los suyos. En mi interior, me veo reflejado en esos otros fontaneros sobre los que pontifican, honrados mercenarios como yo.

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¡Quieto todo el mundo!

El RoboCoronel accedió al Senado Imperial, subió al estrado de oradores y gritó, alzando su desintegrador láser:

-¡Quieto todo el mundo!

A los Senadores de la Europa Unida, sección Mediterránea, delegación de Iberia, les sonó aquello, formaba parte de su Historia.

Tras el desconcierto inicial, el más osado inquirió:

-Disculpe, RoboCoronel, ¿de dónde ha sacado esa expresión?

-No estoy seguro… Imagino que mi procesador de IA habrá buscado en la MultiRed una expresión adecuada para esta situación y ha escogido ésa.

-Pero sabe Ud. que esa frase tiene copyright, ¿verdad?

-Eeeh… ¿Cómo?

-Sí, copyright. Porque no estará dando Ud. un golpe de Estado comunista…

-¡¿CÓMO SE ATREVE?! ¡Éste es un golpe de robots de bien!

-Entonces, convendrá que o paga los royalties, o cambia de expresión.

El RoboCoronel lo piensa, sus ojos positrónicos parpadean mientras su IA trabaja frenéticamente y se sube de nuevo al estrado:

-¡TO' QUISQUI QUIETO PARAO!

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Ve hacia la luz

«El señor Gaona le pide que sea su acompañante». Las palabras resonaban en su mente cuando entró en la habitación. Ahí estaba él, ya sedado y conectado al sistema de acompañamiento. Lo miró y, por primera vez, le pareció viejo.

Esperó pacientemente mientras el médico la conectaba: «No se preocupe, entre gemelos la compatibilidad es muy alta; su mente se acoplará a la de él y sabrá intuitivamente cuándo volver. Todo listo, cierre los ojos.»

...

Estaba en la playa, con el mar a su derecha y a su izquierda un sendero que serpenteaba paralelo a la orilla; allí la esperaba su hermano. Empezaron a caminar juntos, sin hablar, como cuando eran niños. La luz se intensificaba conforme avanzaban, inundándolo todo de blanco. «Tata, gracias por acompañarme.»

...

Abrió los ojos. Vio la habitación y el cuerpo inerte de su hermano en la cama. Y se sintió sola.

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La integral de la esperanza

- A ti te daban el chorizo bueno, y a mí no me daban nada

- Pero qué dices, si eras los ojitos de mamá. A ti te metieron en el ejército, porque eras un balarrasa, y el resto fuimos rectos como una vela por tu culpa.

- Ya, lo dice el rojo, por qué será.

- Aún me debes una Campeona.

- ¿ Una qué ?

- Una gaseosa.

- ¿ Yo ? ¿ De qué ?

- No te creías que supiera resolver integrales con doce años, y te apostaste una Campeona, y la perdiste.

- ¿ Y no te la pagué ?

- Todavía estoy esperando.

- Si no te la pagué sería por algo.

Anselmo apuró el cigarro, restándole importancia a su tímida revancha adolescente, pero a la vez feliz de reivindicarla. Como si tuviera todavía doce años, y no sesenta.

- Mamá no va a llegar al verano.

- Yo de esa señora no quiero saber nada.

- Qué caro le salió aquél chorizo...