Concurso de microrrelatos de Menéame
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Víctima de la sociedad

Después de que al acusado se declarase culpable, el jurado pensó que aquello acabaría enseguida, pero el abogado defensor aún tenía algo que decir.

—Nuestro hombre es culpable y con él la sociedad entera. Hijo de un padre alcohólico, que los maltrataba a él, a su madre y a sus dos hermanos y una madre toxicómana. Durante su adolescencia vio como uno de sus amigos moría de sobredosis y otros dos eran encarcelados. Este hombre tuvo que pelear desde el primer día por cada trozo de pan que se llevó a la boca. Este hombre es un delincuente, sí, pero también y antes que nada, una víctima de esta sociedad injusta, corrompida por la miseria y las desigualdades

—¡Cago en tu madre! —tronó una voz en el público. Era Melquiades, el patriarca local de los gitanos.

—¡Oden!— Intentó imponer el juez.

—Pero es que esto no se pué aguantá. Que los demás tuvimos una vida tan mala y peor que la suya y no robamos, ¡cojones!

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No me juzguéis

Ella me juzgó y condenó en un solo acto, sin necesidad de mayores rituales. Supe de inmediato que no había apelación posible, que la súplica era inútil, que la esperanza había acabado con aquella última mirada sólida que me atravesó el estómago. Supe, con un estallido de dolor, como un boxeador que recibe el directo que lo derrota, que recordaría cada palabra, cada gesto, cada silencio de aquella condena dictada sin defensa posible; que el hecho de que yo fuera inocente era parte del castigo, del no ser suficiente, de la cruel forma que tiene la vida de humillarnos.

Era el fin del mundo.

Aquel día, perdí el juicio.

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-–— Agraciado —–-

La tensión se mascaba en el ambiente:

-¡El 21!

Se escucharon maldiciones, lápices rascando los cartones al tachar (los afortunados), suspiros…

-¡El 38!

-¡Bingo!

Miradas, más maldiciones, exabruptos, algún intento de componenda ("te lo cambio por 20 paquetes"), pero el afortunado no pensaba cambiar ese cartón premiado por nada. Levantó el cartón en alto y Frank, el responsable del sorteo, le hizo ademán para que se acercase a la mesa.

-¡Felicidades a Gabe, el afortunado! -dijo mientras le daba un apretón de manos al agraciado.

Era la única vez que a Gabe le había pasado algo bueno en la vida, y no pensaba desperdiciarlo.

-Como sabéis, el ganador tiene derecho a un fin de semana con su familia- dijo Frank, director de la Prisión Federal de Alta Seguridad de Beaumont, Texas. -Alguacil, prepare el operativo.

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Villanos

Tantos peligros nos acechan: odio, cambio climático, xenofobia, bulos. Tantos peligros y muy poco tiempo. Un momento difícil en el que los mejores deberían guiarnos y solo nos iluminan los más tontos. Un momento complicado en que necesitamos a superhéroes y solo hay villanos.

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Día tranquilo

Fue un día de poca actividad en el que básicamente se limitó a observar la ciudad desde lo alto buscando algún problema que resolver, algún criminal al que detener antes de que escapara, algún edificio en llamas del que rescatar a alguna persona o animal atrapado por las llamas. Pero no ocurrió nada de eso y, aburrido, decidió volver a su casa. Le habría venido bien un poco de acción.

Entró volando por la ventana, dejó la capa sobre el respaldo de una silla y se sentó en el sofá al tiempo que encendía el televisor y cambiaba de canal con su visión infrarroja.

Escuchó una voz desde la otra habitación que le decía:

- Cariño: Te toca bajar la basura.

- No me encuentro muy bien. -Respondió- ¿Puedes hacerlo hoy tú por mí?

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Espacio profundo

Mira hijo, aquella es Tesla, la estrella más brillante de la constelación. Las otras dos que se ven juntas más a la derecha son Panamá y Groenlandia, que junto a esa que ves ahí, que se llama Usaid forman la constelación Aranceles. Y si tuviésemos un telescopio podríamos ver la nebulosa de la trompeta que se encuentra en su interior. ¿Verdad que es fascinante?

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Los problemas de los demiurgos

El demiurgo estaba cabreado y miró de reojo al ser omnipotente y omnisciente en la modalidad de sabelotodo egocéntrico.

-Es que no está contento con nada.

-¡No eres más que un vulgar artesano! –respondió el ser omnisciente rojo de ira.

-He construido el universo en cinco minutos... pero he sido discreto.

-¡Para crear universos hay que ser megalómano y exhibicionista... esto que has hecho es un revés a la inflada imagen que tengo de mí mismo!

-Si usted lo dice... –respondió lacónicamente el demiurgo.

-¡Estás hablando con el ente supremo! ¡Crearé de la nada absoluta otro demiurgo!

-Pero si ya lo tengo todo construido... Esto parece la rabieta de una niño malcriado.

-¡Me inventaré la vida, tontolculo, seres que me adoren por siempre jamás! –dijo el ser omnisciente más cabreado que antes.

Y con una simple orden mental el demiurgo desapareció.

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El pescador

Oswaldo amaba el mar. Nació y se crió cerca de él, y de él vivía ahora.

Esa día salió temprano, un punto antes del amanecer, hacia la playa de Poneloya, con su equipo y sus pertrechos, en su vieja moto, una Norton destartalada que él cuidaba mucho, era herencia de su padre.

Se llegó hasta lo de Doña Hilda, al final de la playa, a la que saludó con la mano mientras aparcaba, y agarró su equipo: las gafas de buceo en la frente, el arpón y la red a la espalda y las pataletas de la mano. No necesitaba más.

Apenas 50 metros hasta la orilla: se fija las gafas, las pataletas a los pies y agarra el arpón.

Al echar a andar, oye como un rasguido: una de las pataletas se ha enganchado en algo metálico, rajada de arriba abajo. De no llevarla puesta, hubiera sido su pie…

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Tiempos Raros

-         Llegaremos en un par de intervalos espacio-tiempo a la Tierras Raras, capitán.

-         Recuérdame porqué se llaman Tierras Raras.

La edad no perdonaba a la memoria del capitán, por muchas veces que se lo dijera era un concepto que no llegaba a comprender, no por la complejidad de este, a la que ya estaba acostumbrado tras décadas de viajes superlumíncos, si no por no comprender por qué los habitantes de las Tierras Raras actuaban de esa manera.

Le costaba entender cómo era posible un lugar en el que la materia inanimada estaba por encima de los organismos vivos, y que esta generase guerras que por el bienestar común no se disputaban. Era honestamente raro, complejo y descorazonador.

-         Creo que será mejor que lo vea por sus propios ojos, capitán. Hemos llegado a Tierras Raras, desdoblándolo al espacio-tiempo: Tiempos Raros, según los habitantes: La Tierra, presente.

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El cuento chino de los tres frijoles gana el concurso semanal de microrelatos de Menéame

El cuento chino de los tres frijoles gana el concurso semanal de microrelatos de Menéame

El cuento chino de los tres frijoles gana el concurso semanal de microrelatos de Menéame y La Rebelión de las Tierras Raras queda finalista
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"Objetivo común" es el tema de esta semana para nuestro certamen semanal de microrrelatos

"Objetivo común" es el tema de esta semana para nuestro certamen semanal de microrrelatos

Pues el tema de la semana de nuestro concurso semanal de mircrorrelatos, en honor al grandérrimo usuario @Charles_Dexter_War, es "Objetivo común". Sed cínicos, irónicos, puñeteros pero sobre todo ingeniosos.

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Juan Palomo

- Venga Juan, tú hazlo, tómatelo como parte del trabajo.

- Si yo de esto no sé, escribir no es lo mío, y además me lío entre tantas cuentas.

- Mira, usa la cuenta de empresa del IALLM y ponle cualquier cosa, cualquier tema. ¿Te gusta algún autor? Le dices que escriba parecido y te lo hace, es alucinante. Luego lo revisas un poco, cambias de aquí y de allí y lo subes con tu cuenta, bueno, la resucitada, ya sabes.

- Pero había alguna otra condición y un tema que va cambiando, ¿no? Alguien lo comentó en el café, algo polémico para que muerdan el cebo.

- Sí, pero nos hemos pasado un poco, demasiado ruido. Además más de alguno se ha dado cuenta pero no pasa nada. Sí que hay límite en el número de caracteres, está descrito por ahí. Míralo antes de publicarlo, que no me sé todas las normas y además que me tengo que ir. ¿Cuento contigo?

- Claro, pero esta vez me toca ganar a mí. A ver si no canta demasiado con tanto recién creado y tanto click...

- ¡Ése es mi chico! Creo que ya tenemos ganador, recuerda que estamos todos en el mismo barco.

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Los padres de la Constitución

Tras el fin de la dictadura por muerte natural del tirano, las fuerzas vivas de Sufridia se reunieron para redactar su nueva Constitución.

 -Propongo que la parte dogmática de la Constitución tenga un único artículo que rece "el fin supremo del Estado es asegurar el bien común"- dijo el representante de las élites políticas de la extinta dictadura.

 -Sublime- respondió el líder del Partido Reformista, parte de la oposición en el exilio.

-Es sin duda nuestro objetivo común- sostuvo el líder del hasta ahora ilegalizado sindicato UJT.  

-¿Y no deberíamos concretar en qué consiste el bien común y plasmar en la Constitución un conjunto de derechos y garantías que lo protejan?- opuso el líder del Partido Combativo, que nunca abandonó el país y siguió peleando contra la dictadura desde la clandestinidad.

Todos los demás acordaron excluir inmediatamente de las negociaciones al Partido Combativo debido a su radicalismo.

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El buque

El buque

El agua empezaba a entrar en los camarotes de primera clase, y, sin dar crédito a lo que estaba ocurriendo, sabía que ya no había nada que hacer, el buque estaba condenado. Bruce Ismay se dirigió a la cubierta y empezó a ayudar a los asustados pasajeros a abordar los escasos botes salvavidas.

Cuando ya no hubo nadie más a quién ayudar, se dirigió al último bote, uno de los 4 botes plegables Engelhardt con los que contaba el barco, sobre la cubierta del costado de estribor, junto al puente. Lo engancharon al mecanismo de descenso del pescante del chinchorro y, antes de descender, echó una mirada atrás, no sólo para comprobar que no quedaba nadie, sino para despedirse de su creación, de su buque insignia, del que habría sido el orgullo de su compañía.

Sería la última vez que Ismay vería el buque, no quiso volver a mirarlo.

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Lunfardo

 Agarraste la manija

mientras andabas a boleo

en el barrio de las ranas,

y sin compasión me hieres

de fierro grande y profunda

y me robas hasta la voz

pa’ decirte adiós.

 

Duerme mi barrio entre sueños

y entre sueños se marchó

como tú te haces la morronga

mientras todo es hacha y tiza

bandeado por heridas

echando barracas sin parar

en esta suerte de vida

que sin suerte

me dejó.

 

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Asalto a la colina HE-127

El capitán ordenó precaución porque había visto un puesto enemigo enfrente de nuestro avance.

Agazapado entre las rocas, vimos el casco de uno de ellos. Nos ordenó disparar desde todos los ángulos posibles.

Pero no tuvimos éxito. Ni se inmutó.

Para ablandar su firmeza, se pidió refuerzo de la artillería. Tres días de fuego casi constante.

Ni se inmutó.

Nos retiramos unos kilómetros al pedir el apoyo de la aviación. Decenas de pasadas de bombarderos durante tres largas horas.

Al volver, seguía ahí. Ni se había inmutado.

Entonces es cuando, desobedeciendo las órdenes, el soldado Juan se levantó y salió a andar despreocupadamente. Al principio pensábamos que iba a mear, pero se dirigió al puesto del enemigo. Le dio una patada y salió rodando. Era un casco aislado.

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El columpio

Hace rato que el viento amainó, pero el columpio continúa con su monótono vaivén emitiendo un quejido de óxido y resentimiento.

Sé que eres tú quien se columpia aguardando el momento propicio para vengarte.

Te vigilo desde la ventana de la cornisa por la que te arrojé el día de mi cumpleaños.

Gran regalo “hermanito”. 

Mamá vuelve a ser sólo mía.

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Otra vida y la misma

Harto de que fuera absolutamente ignorado en sus clases, de que adolescentes de toda índole conocieran sus derechos y ninguna obligación, de que los padres hubieran hecho de los mensajes Mr Wonderful su modo de vida (Mi hijo puede llegar a ser lo que él quiera; Mi hija molesta en clase porque se aburre. Es muy inteligente pero usted no lo sabe), decidió, de una puñetera vez, abandonar una profesión que había ejercido durante más de 20 años. Estaba harto, sí, cansado, hastiado de ser profesor. Tenía claro que quería otra profesión y la que más le gustaba era la de fontanero. Pensaba que tenía los conocimientos y descubrió, poco a poco, que se le daba bien. Arreglaba problemas con mucha celeridad, encontraba soluciones a dificultades que a otros les parecían un mundo. Descubrió, por último, que este trabajo difería poco del de docente: solucionar problemas de mocosos que eran incapaces de asumir sus responsabilidades y culpaban de su ineptitud a todos los demás. Poco a poco se fue haciendo un nombre y no hubo partido político que no lo buscara para que arreglar alguna que otra tubería, alguna que otra inundación.

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Disforialípticos y desaforados

- Qué podemos hacer, señor presidente, no encuentro una salida.

- El caso es muy sutil, y está hilvanado como una filigrana maquiavélica.

Basándose en mis declaraciones de los últimos ocho años, han ido añadiendo pequeñas enmiendas y validando la aprobación de estatutos sin importancia, que no tienen valor por sí mismos, pero en conjunto consiguen dejarme como un machista a los ojos de la ley, y lo que es peor, en una condición que excede mi aforamiento...

- Los tiempos para revertir cualquiera de ellas exceden todos los plazos.

- Sólo queda una solución, una jugada maestra en la que ellos no han caído: declararme mujer.

- Pero señor presidente, qué va a pensar su esposa, y más después de lo de...

- Los caminos del señor son inescrotables, y además estaré tremenda en el congreso.

- Al candidato opositor le va a dar algo.

- Verás cuando le cante el Happy Birthday...

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Médium exorcista

Un gorgoteo, un murmullo... Un sistema de fontanería es una red de gargantas que vomitan y tragan, inhalan y exhalan. Nunca me fue mal silenciando silbidos, chasquidos y golpes. He trabajado con organismos de cobre, acero y hasta plomo que largaban auténticas letanías, y los enmudecí a todos.

Decidí reciclarme el día que doña Margarita me llamó para que quitase la válvula de presión y las arandelas que había instalado en su cocina. «Se va a reír de mí, pero me deprimí mucho cuando dejé de escuchar los susurros de mi difunto Paco en el fregadero», me dijo, y yo no me reí.

Ahora, además de fontanero, soy médium exorcista de tuberías.

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El tema de la semana es: Inspección

El tema de la semana es: Inspección

Esta semana el concurso de microrrelatos de Menéame pone la lupa —literal y figuradamente— sobre un nuevo tema: «Inspección». Una palabra que huele a carpetas abiertas, a miradas inquisitivas y a ese silencio incómodo antes de que alguien pregunte «¿Esto quién lo ha firmado?». Ya sea una auditoría de vida, un cacheo emocional o la rutina implacable de quien lo revisa todo dos veces, la inspección abre la puerta a relatos con lupa, linterna o detector de mentiras.

Como cada semana, el reto consiste en contar una historia completa en menos de 150 palabras. Puedes participar hasta el domingo votando y/o escribiendo con el estilo que prefieras: desde el más íntimo y poético hasta el más sarcástico o caótico. ¿Un relato sobre inspectores de hacienda sin escrúpulos? ¿Sobre miradas que radiografían almas? ¿Sobre el mismísimo inspector Gadget haciendo de las suyas mientras grita «¡Adelante, brazo telescópico!»? Todo cabe en un buen micro.

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Duradero perfume de corrupción

Nadie supo que la somera inspección técnica que hizo Alfredo Ashlam en una fábrica de turbinas, resuelta rápidamente aceptando un mezquino soborno de maletín, provocó uno de los peores accidentes de aviación recordados, en el que casualmente murieron él, su mujer y sus dos hijos menores durante un despreocupado viaje vacacional.

Cuando el juez requirió la documentación de aquella chapucera inspección, simplemente no estaba. Alguien decidió años atrás que tantas pruebas técnicas eran prohibitivas y rellenó los dosieres con papeles vacíos. Se culpó a un tal Gubelkian, responsable del archivo, que fue despedido y acabó indigente y alcoholizado. Su hijo vivió avergonzado creyendo que su progenitor era el culpable de aquellas muertes.

Años después Gubelkian hijo fue elegido presidente de la república. Como medida para evitar casos como el de su padre tomó una decisión radical y legisló contra cualquier tipo de injerencia en la actividad empresarial:

Prohibió las inspecciones.

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Tabula rasa

Ben revisó su código por última vez, y vio que todo era bueno.

Pasaba todos los tests, y de todos modos era un cambio muy rutinario. Había que actualizar la fuente del sistema porque el guión largo era apenas indistinguible del guión corto, y eso decía la academia que no podía ser.

Al día siguiente los aviones iban lanzados como cohetes, los semáforos tardaban siglos en cambiar de color, y el mundo estaba como enrarecido, encabritado. Especialmente gracioso era ver a ancianas en sillas de ruedas motorizadas a ochenta por hora y el pelo alborotado, como poseídas de forma repentina y ubicua por el espíritu de Sor Citroën.

Sería un caos si no fuera porque la gente estaba muy contenta con su nuevo saldo. Ebúrneo, redondo, sin decimales.

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La pieza de caza

Dasowe esperó a que la leña ardiendo bajase la llama hasta convertirse en brasa intensa, que repartió homogéneamente. Entre Manuwai y él colocaron grandes piedras encima.

La pieza de caza estaba ya limpia, sobre hojas de platanero. Mientras las piedras se calentaban, Manuwai cavó un hoyo grande en la arena, mientras él envolvía la pieza en hojas de platanero y la ataba, para no perder el jugo de la cocción.

Forraron el hoyo con hojas de plátano, las piedras calientes al fondo, encima la pieza de caza, más hojas de plátano, cubriéndolo todo, y taparon el conjunto con arena. Unas horas y la pieza estaría lista.

-¡Kiteni, prepara salsas y el pan!-, grito a su mujer.

Cuando creyó que ya estaba, empezó a cavar, despacio…

-Pero, Dasowe, no está todavía…

-Claro que está.

-Pero yo lo prefiero bien hecho.

-Pues a mí la carne de explorador me gusta al punto.

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Naufragio

El barco navegaba a la deriva en medio de la tempestad muy cerca del Cabo de Hornos.

El contramaestre informó al capitán de los daños: una vía de agua en la sentina, el timón destrozado, mesana y bauprés dañados de manera irreparable. Un rayo hizo que se divisase la costa por la amura de babor.

El primer oficial entró súbitamente en el camarote de oficiales, y dijo que, aunque débil, había captado la señal de Menéame.

¡Intentarían lanzar un SOS a través del popular agregador de enlaces! Era su última oportunidad.

Fue un trágico final para aquél navío y para toda su tripulación.

menéame