La tensión se mascaba en el ambiente:
-¡El 21!
Se escucharon maldiciones, lápices rascando los cartones al tachar (los afortunados), suspiros…
-¡El 38!
-¡Bingo!
Miradas, más maldiciones, exabruptos, algún intento de componenda ("te lo cambio por 20 paquetes"), pero el afortunado no pensaba cambiar ese cartón premiado por nada. Levantó el cartón en alto y Frank, el responsable del sorteo, le hizo ademán para que se acercase a la mesa.
-¡Felicidades a Gabe, el afortunado! -dijo mientras le daba un apretón de manos al agraciado.
Era la única vez que a Gabe le había pasado algo bueno en la vida, y no pensaba desperdiciarlo.
-Como sabéis, el ganador tiene derecho a un fin de semana con su familia- dijo Frank, director de la Prisión Federal de Alta Seguridad de Beaumont, Texas. -Alguacil, prepare el operativo.