Crawford cerró el pestillo del patio, y se dispuso a morir de inanición.
Recordó cómo había llegado hasta aquí. Cómo pensaba que la edad de cada gen podía ser muy distinta, uno podía datar del Pleistoceno, por ser muy efectivo o no haber sufrido mutaciones, y otro del Holoceno inferior, o incluso ser muy actual. Así, cada ser es una combinatoria de muchos genes, y algunos seres podían ser más arcaicos que otros.
Su hipótesis era cierta, y frente a la evidente decadencia de la especie, se imponía la eugenesia regenerativa.
El resultado fue una gente más robusta, más honesta, más creativa y más justa. Un humano más espiritual y menos violento. El ganado ideal para el sapiens astuto, sibilino y oportunista. No servían como soldados, pero sí para todo lo demás.
Incluso siendo más inteligentes, se les dominaba con violencia.
El resto es historia, que escribirán los vencedores.
"Si el universo es una inconcebible ordenación de partículas subatómicas, infinitas para nuestra capacidad cerebral, cada instante está creando infinitos futuros por cada pequeña diferencia en la posición o velocidad de sólo una de esas partículas. Algunos de esos futuros son casi idénticos: en uno de ellos usted sigue siendo usted, salvo por un átomo adicional de selenio en uno de sus cabellos. Igualmente nuestro presente es fruto de infinitos pasados cuyos cambios de estado condujeron a este ahora. No sólo cualquier futuro es posible, sino también cualquier pasado ha podido ocurrir para que usted sea usted hoy y aquí.
Usted elige: puede preocuparse por un probable futuro imperfecto, o regocijarse con un glorioso y triunfante pasado ."
Decidí firmar el contrato. Por un descuento salarial mensual recibí el derecho a no quejarme del futuro. A cambio el Ministerio certificó que, cuánticamente, no era imposible que yo hubiera sido Cleopatra.
-Bien, datos biométricos actualizados, titulo superior universitario, formulario policial, ficha bancaria, impuestos al día, huella de carbono, aquí veo una multa en reciclaje, pagada pero multa...
-Sí, confundí el nanocartón con el precompostado, pero pagué gustosamente la multa al momento.
-...Ficha médica, todo bien. Pasemos al Test de Votantes... Póngase este sensor en el dedo. Dígame tres puntos que recuerde del programa del Grupo Pópulus.
-Sí, liberalizar las leyes de conducción de los vehículos autónomos, aumentar el mínimo de hijos a dos por familia, ehm... Incrementar presupuesto de soldabots...
-Bien, ha mostrado dudas en la tercera, nada especial, medio segundo... Dígame tres del Partido Doble Equis.
-Ehm... Enviar tropas al conflicto de Madagascar...
-No, lo siento, eso es del Grupo Libertades. Este año no podrá votar.
-Por favor, deme otra oportunidad, necesito votar para la prima anual de voto... Tengo cuatro hijos y...
-Lo siento.
Bienvenidos a la XLIV edición de Supervivientes en pelotas, este año en Orcasitas.
Los concursantes ganan puntos con los orgasmos de los televidentes, que pueden vivirlo en primera persona con su sensotraje y sus lentillas 3D. Recuerden que pueden teledirigir sus acciones durante unos minutos sin restricciones enviando un CryptoMS de pago.
La favorita es ZorritaPresumida40, que ganó la edición anterior provocando un orgasmagnum en toda la meseta tras violar a RataVioleta26 con una seta alucinógena, controlada por KarmaSutra69.
Su contrincante fue descalificado al ser cazado masturbándose con fotos de poliedros sensomorfos generados por IA, lo que llevó a descubrir que se pinchaba Sensaciones Ajenas, la droga que está haciendo estragos entre la juventud.
Recuerda: Di no a las drogas Open Source, las nuestras están testadas en clones sin neocortex: Pura Amígdala.
¡ Ya salen los concursantes tatuados por sus sponsors ! Prepucios Martínez, Clonamos tu Suegra...
¡ Que gane el más bestia !
Después de la última guerra interminable, el primer presidente independiente de los Estados de la América Unida aprobó una ley: ningún fondo federal podría financiar guerras de agresión.
Las multinacionales encontraron una solución sencilla. Si el Estado no pagaba, lo harían los consumidores.
Las guerras pasaron a financiarse con microdonaciones, suscripciones y publicidad. Cada ofensiva tenía patrocinadores. Cada bombardeo generaba ingresos. Solo los conflictos con suficiente audiencia podían mantenerse activos.
Las grandes tecnológicas competían con ONGs y activistas por captar fondos y atención. Los analistas seguían las métricas en tiempo real: reproducciones, engagement, donaciones.
Una tarde apareció una alerta en el panel.
La guerra estaba perdiendo apoyo.
El algoritmo sugirió varias alternativas para recuperar audiencia.
La paz no aparecía entre ellas.
De 2026 al final del mandato del ínclito Perro Santxe, las mujeres pasaron a ser mayoría en la carrera judicial y a controlar los órganos de gobierno. A su muerte, la coalición de Extremo Centro Radical MEGL (Make España Grande y Libre) lo tuvo claro: había que proteger a los hombres.
Aprobaron la Ley de Representación Masculina Obligatoria, pero los varones de bien ya eran cryptobros, así que las plazas se cubrirían por sorteo entre varones mayores de edad.
«Sentido común», dijeron.
Al principio costó. Muchos no sabían ni por dónde empezar, aunque aprendieron rápido.
Demasiado rápido.
Sin contactos, sin favores que devolver ni apellidos que proteger, aplicaron la ley tal cual estaba escrita. Cayeron concejales, empresarios, consejeros, magistrados.En pocos meses, sin corrupción, España empezó a parecer un país de vanguardia.
Intentaron derogar la ley.
Ya era tarde.
No era una guerra de sexos.
Era de clases.
Sujeto mi segundo ron en la mano, el primero ni tocó la mesa. Los demás siguen a mi lado, no me dejan solo. Acumulamos meses crepusculares… ya no queda ningún abuelo, muy pocos padres, incluso algún hermano marchó. Hoy soy yo el que no ríe y contesta con monosílabos.
Observo un mundo que no soñé de joven. Este presente es el futuro imperfecto de aquel inmaduro impulsivo. Y, con todo, le diría que no se rinda, que ha valido la pena. Pudo ser mejor, seguro. Pero cada segundo valió la pena.
Tengo que seguir, se lo debo al joven que no se rindió, se lo debo al abuelo que recordará satisfecho mientras se apaga.
Agito el hielo en el vaso, dejaré que se derrita. He de saborearlo. Este ron lo haré durar, os lo prometo.
-Hay que quitar otro pilote.
-Caballero, metemos y sacamos coches en el concesionario cada día. ¿Quiere que lo saque yo, y lo prueba desde fuera del aparcamiento?
-No, no, pero…… no parece que el coche vaya a caber por ahí.
Claro, él venía de usar utilitarios, pequeños, económicos, fáciles de aparcar y de mover. O igual es que ya estaba hecho a su coche y el que pretendía adquirir le parecía enorme. Ese dinero extra, inesperado, se sumaría al que venía ahorrando para comprarse el coche de sus sueños, ya un modelo sustituido por otro más moderno, pero ese era el suyo, ese del que se enamoró en cuanto lo vio, y tenía que ser suyo aunque fuera de segunda mano.
-Deme las llaves, vamos a dar una vuelta.
-Están puestas. Le acompaño.
Sentado al volante, aun sabiendo que entró por ahí, se dirige hacia la salida pensando "no pasará…"
Pero tampoco solo por tus errores. Porque no actúo como un trepa, pelota, ni palmero, pero tampoco como enemigo. Tampoco soy un castigador. Decidiré si mereces la pena, o no, pero reconociendo que no todo es pefecto, ni todo malo en tí. Con tus grises e incluso con colores. Por eso la vida y las conversaciones nos acercarán y nos alejarán. Me alegro de no ser juez, y no tener que evaluar solo una pequeña fracción de tí. Y también me alegro de poder tener una opinión compleja. Duermo mejor así.
No puedo seguir, escucho... tus comentarios.
Me juzgarán como un cobarde equidistante.
Esta semana con 19 meneos ombresaco se corona como ganador con su microrrelato Te juzgarán solo por tus aciertos (yo no)
www.revistamercurio.es/2026/04/19/te-juzgaran-solo-por-tus-aciertos-yo
El reportero tuvo que pelear con colegas, guardaespaldas y un perro de aguas para llegar hasta Salustiano Colmíllez, recientemente agraciado con el bote, el bidón y el tonel de la Lotería Primitiva Mundial y Cósmica.
Porque no eran unos milloncejos. Eran nada más y nada menos que ocho mil cien millones de euros.
Amparado por el temor reverente al directo, nuestro cronista logró arrastrarse hasta las botas del protagonista y formular la pregunta decisiva:
—¿Qué va a hacer con los ocho mil cien millones, Salustiano?
El interpelado, más pelado que inter a juzgar por los derrapes de las moscas sobre su cráneo, se aclaró la garganta y miró a la cámara.
—¿El dinero, me dice? Pues juntarlo con los otros nueve mil quinientos millones de euros que ya tengo en el banco. ¡Vaya pregunta! ¿O se cree que la Fortuna no sabe bien lo que hace?
Como los tentáculos venenosos de una anémona de mar, los brazos se levantan orgullosos acompañados de ensordecedores seighiels en el momento que el velero Horst Wessel entra en las aguas del puerto de Hamburgo por primera vez.
Nadie se da cuenta en ese momento porque el führerprinzip lo ciega todo como un foco de interrogatorio, pero un tentáculo cruza sus brazos, inocuo y discrepante, frente aquel estallido patriotero.
-¡Vamos August! ¿Qué te pasa? ¡Levanta el brazo!
-No.
-¿Por qué?
-Porque no.
August Landmesser tuvo sus motivos para dejarse envenenar y mover sus tentáculos a favor de la corriente, pero solo le bastó un antídoto contra las neurotoxinas paralizantes de la anémona: el amor a su mujer y su hija, Irma e Ingrid, que jamás podrían ser tentáculos.
-Esto es odio.
-¿Qué dices, August?
-Odio, solo eso.
Un fotógrafo disparó y una bala terminó impactando en August. Tarde. Pero familiarmente mortal.
Benito observaba con un nudo en la garganta a su mujer y a su hijo mayor que, gracias a la cortesía de un viajero del tren, viajaban sentados en un incómodo asiento. El pequeño, Estebitan, no era consciente de la situación y dormía en brazos de su madre.
Llevó instintivamente la mano al bolsillo donde guardaba los pasaportes con visado de turismo. Entrarían como inmigrantes ilegales pero le habían dicho que, si encontraba trabajo, obtendría el permiso de residencia.
Viajaban hasta una localidad francesa y para él era una aventura de final incierto, pero sin alternativa. Trabajando catorce horas diarias, no podía ni pagar los intereses de sus deudas.
Corría el año 1960 y España había salido de la autarquía económica, empujando a la emigración a miles de españoles. Aunque eso no lo sabía Benito. Si le hubieran preguntado, no podría haber dicho ni qué es un arancel.
La góndola se fue perdiendo en la bahía, en un atardecer pintado por Turner, con la llama anaranjada del último sol de febrero.
Era a la vez, en un instante, todos los hombres que había sido, el efebo imprudente y arrogante, el niño huraño y solitario en la verbena, el anciano de treinta años cansado de tanto vivir, el joven de cincuenta entusiasmado con matrices y ditirambos… Pero todos llegaban siempre a este lugar, a esta misma pregunta, a esta misma góndola partiendo impasible hacia las afueras de su vida.
Como si fuera un déjà-vu, pensó si no sería este otro de tantos últimos besos, un vacío transparente en la memoria incapaz de recordarlos, porque nunca supo que serían el último.
La psicóloga me explicó que evaluar todo lo que nos pasa de forma realista es una de las bases para una buena salud mental, y que para evaluar de forma realista lo que nos sucede hay que tener en cuenta cosas como que todas las situaciones no son iguales, y que si algo nos ha pasado no quiere decir que siempre tenga que ser así, que tenga que repetirse. Y añadió que muchas veces exageramos las cosas y que esto produce que reaccionemos peor que si no lo hiciéramos. De esta manera siempre esperamos el peor resultado posible.
-¿Conoce el chiste del gato... en Psicología? –respondí con mi voz calmada de siempre.
-No.
-Pues, doctora, métase el gato donde le quepa.
En un mundo donde las palabras eran balas, dos enemigos se encontraron en un desolado campo de batalla. Habían luchado durante años, sin tregua ni piedad. Pero ese día, mientras el sol se escondía detrás de las montañas, algo cambió. Uno de ellos, exhausto, dejó caer su arma y se sentó en la tierra. El otro, sorprendido, hizo lo mismo.
En el silencio que siguió, fue cuando comprendieron que la guerra no era más que un eco de un pasado que ya no existía. Se miraron a los ojos, estrecharon sus manos.
“Tarde o temprano se firmará la paz” dijo uno de ellos sonriendo.
El otro también sonrió... y en un movimiento rápido sacó un cuchillo y se lo clavó en el pecho.
Mientras caía, el soldado comprendió la verdad: la guerra nunca había sido entre ejércitos, sino entre los que aún creían en la paz y los que jamás la permitirían.
Iván Pérez llegó a la reunión unos quince minutos tarde, como casi siempre. Los demás empezaron sin él como casi siempre. Escuchaba algunas palabras sueltas y apenadlas entendía. Imagina que era lo de siempre: la empresa va mal, nuestra política no es la adecuada, se cerca una guerra y habrá víctimas. Guerras y víctimas: las tonterías que dice la gente para referirse a los problemas empresariales. Será como casi siempre, pensó. Seguir haciendo lo mismo sin saber qué es y que te paguen por ello. Estaba distraído pero creyó escuchar que alguien había dicho Iván. Ese alguien sacó un arma y le disparó. Fue un disparo certero. Iván escuchó: nada mejor que probar una nueva pistola en el más inútil de nosotros. Iván supo por fin que trabajaba en una empresa de armas y que era el primero de muchos que moriría en acto de servicio.
Tiene cojones. Estar uno tan tranquilo, de mariscos, con amigos y alguna amiga, con un poco de vino, cuatro gotas apenas y que se vaya el sol. Nubes por todas partes. Tiene cojones. Un poco más de vino y, pir saber, no sé ni dónde tengo el móvil. Viva Eurovisión, viva la vida. Cuatro gotas y yo con sueño. Ni dormir uno puede. Cuatro gotas de nada y parece el diluvio universal. Cuatro gotas; la tierra, que se mueve un poco. Cuatro gotas, algún cadáver más y no dejan a uno ni dormir, ni salir a la calle. Cuatro gotas de mierda y la gente, que se aburre, a protestar, cojones. Cuatro gotas y todos molestando, cuando lo único que yo quería era dormir, o no, un poco más.
La altura de la torre ya era tal, que se la consideraba una intrusa en el cielo; las aves se posaban en las cornisas de las plantas más altas, sin atreverse a entrar, recelosas, y las nubes, orgullosas, atravesaban la torre con indiferencia.
A cada planta construida, los límites del cielo se alejaban. La perspectiva de no alcanzar sus propósitos, lejos de desanimar a los humanos, les agitaba, tal como les sucede a los jóvenes caballos con la perspectiva de una inabarcable llanura.
Debido al infundado temor de ser alcanzado, Dios corrompió su propia creación, volviéndolos incapaces de comunicarse entre sí, divididos en grupos, cada uno con su propia lengua, evitando que se coordinaran para continuar su obra. Lo más probable, es que también corrompiera sus propios corazones, su voluntad de entenderse. De no ser así, no sé entiende su incapacidad de resolver la barrera lingüística.
Hoy no pienso escribir un relato, no me da la gana.
Acaba pareciendo una obligación, como si tuvieras que participar sí o sí, porque ese es el objetivo: han puesto un concurso para promocionar la página y tienes que participar porque lo hiciste una vez.
¡Pues hoy no quiero!
Estoy cansado de tener que pergeñar palabras, reunirlas en frases con sentido, frases que sean ingeniosas y que despierten un pensamiento en el lector, o una sonrisa, o una reflexión…
¡Se acabó, ya no paso más por ahí!
Si votas a otros participantes, eres tonto, te estás perjudicando. Si no los votas, eres un egoista que no quiere valorar lo buenos que son los otros relatos y quieres ganar a toda costa.
¡Ya basta de esta pantomima!
Y, encima, tener que aguantar a graciosos que sólo entran en tus comentarios para sus cosas, que ni siquiera aprecian lo que escribes…
¡Adiós!
Todo comenzó hace 6 años. Cuando Elvira, la del 3°C levantó la liebre. Había un lenguaje secreto en ese tendal de Irene, la del 4°A.
La disposición de las pinzas de madera o de plástico, el color, formaban palabras en ese pentagrama circular.
Circularon distintos diccionarios, se organizaron cientos de reuniones clandestinas para resolver el arcano.
Hace 4 días Irene subió al 7° piso del patio de luces, abrió la ventana y se lanzó. Sus sesos salpicaron desde el entresuelo hasta el principal.
Ahora Ambrosio, el jefe de escalera, quiere prohibir los tendales y las Marías disimulan con las pinzas.
Dmitri movía la sartén con maña. Esas verduras salteadas para acompañar el pollo que le preparaba a Sofía para cenar tenían muy buena pinta. Una mano en la sartén y la otra en una copa de vino.
-¡Eso huele muy bien, cariño!-, dijo Sofia desde el baño, donde se refrescaba. -¡Yo pongo la mesa!-
Colocaba la cesta de pan en la mesa cuando la pared de su apartamento, la que daba a la calle, desapareció. En su lugar, una enorme bola de fuego arrasó el piso, la lanzó a ella contra la puerta del comedor, dejándola malherida; a él, junto con cocina, pollo y vino, a la calle, desde un 5.º piso.
Los bomberos de Kyiv la rescataron en una hora o así, ensangrentada. Su casa ya no existía y el amor de su vida estaba muerto. Los periódicos dijeron al día siguiente que había sido un dron. Maldita guerra…
-...Entre Casa del Centinela y Arroyo de la Higuera, en medio de ninguna parte...
-Ese gilipollas portugués casi mete la pata...
-Se corrigió al momento.
-Porque le dimos un toque desde aquí.
-¿Y dónde está la cosa ahora?
-Ni idea.
-Y quién la tiene.
-Ni idea. Nosotros no.
-En el informe dice esferoide de aspecto cristalino de un metro cúbico aproximadamente. ¿Y los ojos y oídos que tenemos en esa zona no pillaron nada?
-Nada. A 500 metros emitió ese pulso concreto y descendió al suelo... quedó entre un camino de tierra y unos árboles. Y la red eléctrica se fue al cuerno.
-Pero si pedimos tiempo para poder moverlo y llevarlo a...
-Pues allí no lo tienen, ni los franceses, ni los alemanes, ni los españoles, ni...
-Los ruskies descartados y los chinos también... No se puede haber perdido eso. Tengo en el informe que mandamos a gente de la base de Morón y de Rota, y de la base gris que tenemos en Beja, Portugal.
-Hubo que traer una grúa y meterla allí en mitad del campo, pesaba unas cinco toneladas o así.
-Cada vez que están los españoles metidos en una de estas se lía... ¿se les ha dado el toque?
-Cuatro veces. Van a colaborar, claro.
-¿El señor naranja lo sabe?
-No, y no lo sabrá.
-Bueno, tenemos que encontrar esa cosa. Pon a los tuyos en marcha.
-Vale. Esta conversación no ha tenido lugar. Eliminando rastro completo y registro.
-Clic.
Esto no podía estar pasando. Solamente se trataba de una prueba.
Había elucubrado si la bomba de haz de neutrinos sería capaz de barrer la esfera desde un punto de la misma, y le pareció que bastaba con alinear el eje del plano a una tangente que fuera perpendicular al centro.
Pero olvidó que estaba en producción, y no en el entorno de pruebas, maldita sea.
Había aniquilado toda la vida del planeta basada en el ADN. Había matado a toda su familia, a todos los seres vivos. Cada planta, cada bacteria. Cada. Ser. Humano. Salvo él, que estaba dentro de la esfera emisora.
Pensó en buscar viviendas con placas solares para almacenar alimento fresco. Pensó si las nucleares tendrían auto apagado. Pensó infinitas cosas, para no pensar.
Había desencadenado el apocalipsis, y solamente pensaba en comer.
menéame