Las personas que han sufrido la amputación de una extremidad padecen del síndrome de "la extremidad fantasma" pues su cerebro sigue percibiendo el dolor de la extremidad que falta aún después de ser amputada. Un neurólogo de la marina estadounidense consigue paliar dicho dolor con un tratamiento simple: coloca un espejo enfrente de un miembro sano, ej. una pierna, y hace que el paciente mueva su pierna frente al espejo. Con ello se consigue anular el mecanismo neurológico que produce dicho síndrome.
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