Y de la mano de seda de esta Dúrsula deshabitada me llevó un día Raúl del Pozo a presentar su novela en una tasca, entre ministros golfos, cardenales laicos, encanallados periodistas y chicas minifalderas con cámaras de televisión. “Esa que ahí ves, -me dijo- se llama María y tiene las ingles celestes y un cuchillo entre los labios”. Me pareció una frase quebrada de Francisco Umbral. O de Vicente Aleixandre con sus espadas como labios.
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