Crearon la máquina definitiva. MULTIVAC era la inteligencia perfecta, capaz de responder a cualquier pregunta a cambio de cierta paciencia y cantidades obscenas de energía, aunque solo de forma binaria.
El equipo directivo, ansioso por presentar un resultado impactante que justificase aquel despilfarro, hizo la pregunta inevitable: ¿existe Dios?
Tres meses después concluyó el proceso de cálculo y apareció un modesto mensaje: «1».
Susan Calvin fue citada por el director de prensa antes de hacer público el resultado.
—¿Cómo es posible que usted, nuestra más brillante robopsicóloga, siga declarándose atea?
—Dios siempre fue irrelevante; no así las religiones. Aunque exista ese 1, no sabemos si tiene relación con nuestra realidad o si podemos interactuar con él. Lo que seguimos sabiendo es que no hay relación entre rezar para que llueva y que efectivamente lo haga. Por lo tanto, ninguna religión puede demostrar ser cierta, exactamente igual que hace tres meses.