Pero detrás de esta tragicomedia electrónica no hay magia, ni mala suerte, ni un complot internacional para vernos sufrir. La explicación es mucho más simple y más humana: alguien tomó una mala decisión. La asimetría del USB tradicional no responde a una razón técnica superior, ni a un avance de ingeniería, ni a una propiedad exótica. Se debe a un error de cálculo, a un «esto no va a dar problemas, seguro» que resultó ser menos profético que las predicciones del tiempo del siglo pasado.