"Echar al final de la cola, cerca de la puerta de la calle, a la mujer extranjera que nos vende la fruta desde hace años, cuyo hijo es compañero del nuestro, que se ha contagiado del mismo virus que infectó al nuestro, que paga el IVA y el IRPF con los que se financia la sanidad pública y las subvenciones o ayudas sociales, que paga la cotización de la que se nutre la caja de las pensiones, que viaja todos los días en la misma línea de metro que nosotros y compra en los mismos comercios, es sacrificar un nosotros grande y ambicioso por otro"