Una vez más, PP y Vox han encontrado el chivo expiatorio perfecto: el inmigrante. Con su propuesta de “prioridad nacional” en el acceso al empleo, la vivienda o las prestaciones sociales, ambos partidos vuelven a señalar con el dedo al eslabón más débil de la sociedad. Es un argumento tramposo, sencillo y electoralmente rentable, pero que esquiva con deliberada torpeza la raíz del problema: un modelo migratorio caótico, sin planificación alguna, diseñado para garantizar a la patronal un suministro constante y barato de mano de obra.