Era su 1ª vez en aquel restaurante. Entró.
“¿Mesa para 1?” preguntó el camarero.
“Me acompañarán 2 personas más”, dijo él.
“Mesa para 3 entonces. Sígame. ¿Alguna bebida mientras espera?”.
“Pediré con ellos, no serán más de 5 minutos”.
O eso esperaba. Había desayunado a las 8, así que a las 13 horas su estómago ya rugía. Pero recordaba que cuando habló el día anterior con su colega, sobre las 21 horas, él le había dicho que cogerían el 34. Y con los autobuses nunca se sabe. Recordaba haber esperado 55 minutos al suyo en cierta ocasión.
Aprovechó para ojear el Marca. Nueva remontada del Madrid, en el 89. Y en tenis, victoria de Alcaraz en apenas 144 minutos. Entonces llegaron.
“¡Señor Fibonacci!”, saludó.
“Me alegro de verle. Le presento a mi mujer, Áurea. Sentimos el retraso”.
“Oh, descuide, estuve entretenido, no hay tema como el de su sucesión”.
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