Concurso de microrrelatos de Menéame
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-–— No pasará —–-

-Hay que quitar otro pilote.

-Caballero, metemos y sacamos coches en el concesionario cada día. ¿Quiere que lo saque yo, y lo prueba desde fuera del aparcamiento?

-No, no, pero…… no parece que el coche vaya a caber por ahí.

Claro, él venía de usar utilitarios, pequeños, económicos, fáciles de aparcar y de mover. O igual es que ya estaba hecho a su coche y el que pretendía adquirir le parecía enorme. Ese dinero extra, inesperado, se sumaría al que venía ahorrando para comprarse el coche de sus sueños, ya un modelo sustituido por otro más moderno, pero ese era el suyo, ese del que se enamoró en cuanto lo vio, y tenía que ser suyo aunque fuera de segunda mano.

-Deme las llaves, vamos a dar una vuelta.

-Están puestas. Le acompaño.

Sentado al volante, aun sabiendo que entró por ahí, se dirige hacia la salida pensando "no pasará…"

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Diagnóstico por la imagen

-       ¿Algo metálico? ¿Prótesis?

-       No.

-       ¿Primera resonancia?

-       No, control periódico.

-       Sin problema ¿verdad?

-       Tanto rato… una cierta ansiedad.

-       Como todo el mundo. No se preocupe.

-       Si grito sacadme.

-       Si presiona la pera lo sacamos. Iré hablándole entre secuencias.

-       Vale.

-       Entramos. Encoja los hombros, no roce.

-       Vamos.

-       Cierre los ojos.

-       …

-       No respire.

-       [Hay aire de sobras. No pasa nada. 1200]

-       Respire… No respire.

-       [No abras los ojos, no los abras, 3.000]

-       Respire… No respire.

-       [No siento los brazos. La pera sigue aquí. No puede estar en otro sitio. 4.200]

-       Respire. Lo está haciendo bien. Falta poco. No respire.

-       [5.00, 5.001…]

-       ¡Listos! Le ayudo, cójase a mí. No ha sido tan malo.

-       No, bueno. Es que es tan… tan…

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Ningún cabo suelto

Adelantándome al albor que entra por la ventana, tomo con mi mano el estrecho que conforman tus muslos. Caliente, como el viento de levante entre Tánger y Tarifa.

Desde el este te levantas y trazas la misma trayectoria que el sol, alzándote sobre mí. El único cabo suelto lo guías a buen recaudo. Comienza el terremoto y le siguen réplicas exactas que sacuden los montes y el oscuro Delta del Okavango. El Río Amazonas.

Ningún cabo suelto ni golfo por explorar.

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