En la pantalla del radar aparecía un punto sospechoso. Podía ser una nave enemiga.
La amenaza permanecía a una distancia constante. Si nos alejábamos, avanzaba hacia nosotros. Si nos acercábamos, huía a una velocidad equivalente a la nuestra.
Quien quiera que pilotase aquella nave, parecía dispuesto a hacernos perder los nervios. Eran ya tres semanas de tira y afloja, y nuestras reservas de combustible comenzaban a agotarse.
Informamos a Tierra y dijeron que era prioritario identificar aquel objeto desconocido. Si coordinaba sus movimientos con los nuestros, seguramente era una nave, y seguramente no tenía buenas intenciones. Jugándonos la vida, aceleramos al máximo tratando de sorprenderlos, pero huyeron.
Con muchas dificultades, y casi deshidratados, logramos regresar a Tierra.
Sólo entonces supimos que el punto era un puñetero pixel dañado en la pantalla del radar.
Pero ciertamente era un punto muy peligroso. Por poco nos mata.
Al camello le fue tan bien en el Paraíso vendiendo manzanas con efectos inesperados que, cuando las cosas fueron mal, consiguió que le echasen la culpa a la serpiente.
La serpiente, viéndose injustamente acusada, cogió una terrible pataleta y se enfrentó al Creador, o gerente del Paraíso, de lo que resultó que le quitaron las piernas para que no patalease más.
La justicia sigue igual desde entonces.
Silvia era la militante más brillante —y también la más atractiva— de las juventudes del partido. Por eso la elegí para aquel trabajo: investigar a Ramírez, que estaba en boca de todos como posible candidato a la presidencia de la Diputación. Nuestros viejos amigos en la policía y la judicatura seguían siendo fieles y extremadamente útiles.
—Lo hemos investigado a fondo. Cuentas, contratos, vicios, adicciones, secretos, favores debidos y prestados, amistades poco recomendables... El pack completo.
—¿Y bien?
—Es indefendible como candidato ante la cúpula. No nos sirve.
—Gracias, guapa.
Aproveché que se retiraba para admirar su fantástico culo, mientras apuraba la copa de Soberano.
Puto Ramírez —pensé—. No solo tiene menos arte que Robocop bailando flamenco, encima esto. Espero que sea un caso aislado entre los militantes.
No tenía nada sucio con lo que controlarle en el futuro. No nos servía alguien así. No era de fiar.
-Venga, hijo, que llegas tarde al trabajo, date prisa.
-Sí, es que estaba intentando abrir la cajacomida, pero no consigo que se abra...
-¿No tienes el código?
-No me lo han dado esta semana en la fábrica.
-Pues no se puede abrir.
-Ya. No queremos que nos envíen a los Cuasipol. Pero tengo hambre.
-No puedes comer de mi plato, lo siento. Ya lo sabes.
-Bueno, pues me voy al trabajo.
-Feliz cumpleaños...
-No está permitido celebrar...
-Es que ni siquiera recuerdo cuántos cumples.
-Siete años, papá, siete. Adiós que no quiero llegar tarde.
-Adiós.
Un grupo de jóvenes de fisionomía apolínea desfila en hilera por la tarima interactiva. El pasillo hacia la Cámara del Éxitus destila una hospitalidad estudiada. Un resplandor bioluminiscente, la última balada de Badbot y esas caprichosas formas que proyecta la pared hacen del camino al patíbulo una experiencia verdaderamente apacible.
―150 años pagando la longevitud asistida y ahora estos brazos van a ser estiércol para las larvas, ¡tss! ―El chico da un golpe seco en la firmeza de su bíceps―. Verás como esos que han inventado el cuento este de la Desvitalización Forzada siguen en el mundo otro par de siglos.
―Sabes que todo lo que hace la Corporación es por nuestro bienestar. ―La muchacha sostiene una sonrisa enajenada; aparta su pelo dejando expuesto el implante neuronal.
―Su saldo ha sido exitosamente transferido al erario corporativo. ―El androide que custodia la entrada retira el datáfono― ¡Que tenga una feliz transición!
Juan consultó la hora de nuevo. Menos cinco. "Estoy llegando", le había respondido Susana diez minutos atrás, cuando el retraso era ya de quince. Suspiró. Reparó entonces en una pequeña mancha en la mesa de la cafetería, y sacó un pañuelo, sonriendo: aquello habría desencadenado una discusión si ella hubiese llegado ya. Él querría limpiarlo y ella no le dejaría. "Que lo haga el camarero". A Juan le requería menos esfuerzo limpiarlo él que conseguir la atención del camarero, obtendría el resultado antes y no le quitaría tiempo a quien sí necesitaba que le atendiese rápido con la comida. Pero para Susana era una cuestión de principios. "No aprenderá a hacer bien su trabajo si no le protestan", diría.
"Por fin", pensó, viéndola entrar. "Esta vez voy a quejarme, o nunca será puntual". Pero el pensamiento no duró mucho. "¿Para qué? Si ya lo sabe".
"Hola, preciosa".
Diario de bitácora. 7 de junio de 2026.
Nuestro barco llegó finalmente a las costas de Groenlandia. Habíamos previsto que obstaculizaran de algún modo nuestra trascendental misión, pero jamás imaginamos que fuera de forma tan directa, brutal y torpe.
La US Navy nos ha abordado. Alegan que se trata de una zona de conflicto y no se permiten civiles. Después de humillarnos de todas las formas que han considerado convenientes, nos han obligado a desistir, entre grandes risotadas.
Estos servidores de Satán no ven que fortalecen nuestra causa. Su violencia es nuestra victoria. Ahora es más claro que nunca cómo conspiran para esconder que la Tierra es plana. Han llegado a teatralizar un supuesto conflicto para evitar que fotografiemos el Gran Muro Helado, que contiene las aguas de los mares.
Pero con la ayuda de Dios, y la torpeza de nuestros adversarios, cada vez somos más quienes vemos La Verdad.
Fast Answer no es un wearable. Es integración total. Con la suscripción adecuada responde cualquier pregunta en tiempo real: desde quién ganó el torneo de bowling del condado de Cork en 1967 hasta si la persona que te mira te ama o te engaña.
—Desde su lanzamiento los suicidios se han triplicado —dice la fiscal—. ¿Cómo lo explica?
—Las respuestas son correctas.
—¿Correctas?
—Siempre. El problema no es la información, sino la capacidad de asumirla.
Un murmullo recorre la sala.
—¿Lleva usted el dispositivo implantado?
—Sí.
La fiscal duda.
—Entonces dígame… ¿cuántos de sus usuarios no soportarán conocer la verdad?
Por primera vez cierra los ojos.
Una pausa.
—Ahora ya lo sé.
—¿Y cómo llama a eso?
—Evolución.
Federica siempre quiso casarse en la ermita de su pueblo. Su novio se mostraba reticente, debido a la lejanía y al mal estado de la construcción.
-Mis padres se casaron allí.
-El sitio está lleno de humedades. Alguien podría lastimarse.
-Hace poco repararon el tejado y pusieron puertas nuevas.
-Me sigue pareciendo inseguro.
-¿Pero qué crees que va a pasar? Déjalo, Carl, confía en mí.
El día de la boda, ya declarados marido y mujer, salieron juntos por la puerta de la ermita cuando un rayo cayó sobre el pequeño campanario, soltando la campana que aterrizó justo en la cabeza de Federica, matándola en el acto.
Carl despertó de la pesadilla, y procedió a romper el anuncio del enlace, ese en el que se podía leer:
"EN ESTE LUGAR SAGRADO, EL SÁBADO 24 DE MAYO A LAS 12:00, SE UNIRÁN EN MATRIMONIO FRIEDERICA WILHERMINE WALDECK Y JOHANN CARL FRIEDRICH GAUSS"
Hoy era su cumpleaños, el gran día. Hace 25 años que sus padres se metieron en el refugio subterráneo de la mansión, con ella, recién nacida, en brazos, porque empezaron a sonar las alarmas de ataque nuclear.
Pensaron que saldrían en unas horas, como siempre, pero no fue el caso. Sí, las alarmas cesaron, pero súbitamente, y no fueron seguidas por la señal de "despejado". Los sensores de radiación del búnker empezaron a subir de manera constante, llegando a un nivel del que ya no bajaron. Estaban encerrados…
-En 25 años bajará la radiación y podremos salir-, decía su padre.
[…]
Fueron 25 años sin ver a otro niño, sin tener un médico cuando su madre tuvo apendicitis, la operó su padre mirando un libro, de estudiar sola, crecer sola.
Cuando finalmente salieron, ella lloró al ver la superficie y se metió de nuevo en el búnker. No volvería a salir.
Los únicos cadáveres frescos eran los de los niños. Demasiado pequeños para el implante, muchos habían muerto abrazados a los cuerpos de sus padres.
Neuralink era ya universal. El chip en el cerebro, internet en la conciencia. Silicio y carne, conectividad total. El inevitable virus destruyó en un milisegundo aquella red hecha de bits y neuronas.
Los niños de los capitalistas quedaron huérfanos pero, en el Norte, el Amado Líder nos mantuvo vivos involuntariamente, pues tal herramienta de libertad era impensable.
Cuando crucé el alambre de espino, descubrí que había desertado a un mundo vacío, que el régimen tenía el planeta a su disposición pero nos lo ocultaba porque, sin un enemigo exterior, ya no tenía razón de ser.
El Jefe Supremo ha vencido y está aterrado.
Yo también he triunfado, pues por fin soy libre, pero los perros asilvestrados ya huelen el terror del último hombre vivo en Seúl.
Cuando los guardias de la Inquisición asaltaron el laboratorio de Adelaida, ella les estaba esperando. Contempló impasible cómo destrozaban sus instrumentos de trabajo y vertían al suelo los compuestos que tantos desvelos le costaron. Cuando la llevaron al inquisidor, negó ser bruja y afirmó tajantemente su cristiandad. Sostuvo que Dios nos dio la mente para usarla mejorando el mundo mediante la ciencia, siendo un pecado no hacerlo.
El inquisidor, rabioso, ordenó que la torturasen hasta que confesase, pero ella exigió que le llevasen directamente a la hoguera. Si Dios estaba de su parte, el fuego no la tocaría. El inquisidor, con gesto burlón, accedió.
Adelaida fue llevada a la hoguera, pero las llamas no la tocaron. Cuando rozaban su manto, huían rápidamente atrás. Así estuvo media hora, hasta que el milagro fue evidente y se le liberó.
En su laboratorio, Adelaida había inventado el primer manto ignífugo de la Historia.
Ante los desastrosos resultados de la edición anterior, se decidió por unanimidad elegir a un grupo potente, entre todos los políticos del país, para aprovechar su carisma. La primera votación fue muy reñida entre Marlaska y los Pegamoides, Mariano of Lesbian, Los Mazones Rebeldes y Azúcar Montero.
El voto más maduro fue para Progredades, Los Chiringuitos, Vago de Vox, Objetivo Begoña y Presuntos Imputados.
Mañueco y los trogloditas, Rufiangoria, Extremowoke y Héroes del Sanchismo aportaron las actuaciones más canallas y del agrado del público, pero finalmente la elegida fue Lady Gagá, con el inexplicable voto masivo de la izquierda.
Defenderá el tema “La alegría de mentir”, en un claro homenaje a Ray Heredia, que según fuentes consultadas, está pensando en resucitar, para volver a morirse del disgusto.
El equipo de exploración llegó a lo más profundo de lo que antes era la selva tanzana. Mientras montaban los detectores, el comandante comenzó a hablarles:
-Todos sabéis que los 12.000 habitantes de Nueva España dependen de nosotros. No podrán aguantar más de 1 mes sin que localicemos una fuente de tierras raras lo bastante amplia como para cubrir al menos una hectárea. Con esa cantidad nuestros científicos podrían replicarla y crear campos cultivables.
-¿Tan grave es la hambruna? Pensaba que las provisiones de frutas y hortalizas daban para al menos 1 año.
-Propaganda del gobierno. Tras las últimas guerras químicas, no queda en toda Europa un solo pedazo de tierra fértil. Tampoco en el resto del mundo civilizado. De ahí que debamos explorar los rincones más recónditos del planeta para buscarlas.
Los detectores confirmaron lo que anticipaban los trozos de planta carbonizados: allí tampoco había tierras raras. Seguiremos buscando.
Su hijo y su marido estaban en la habitación.
Ella, acostada en la cama y conectada por múltiples cable y tubos a diferentes máquinas, les observaba con la mirada tranquila y con todo el amor de una vida.
La mano de su hijo temblaba sobre los interruptores que apagarían las máquinas y la vida de su madre.
“Dijiste que lo harías tú, eso hablamos”, le animo dulcemente y con una sonrisa la madre.
Él, aparto la mano de la máquina.
“No puedo, mamá, no puedo” dijo abrazado a ella, mientras las lágrimas arrasaban su cara.
El médico presente en la habitación dio un paso adelante y fue detenido suavemente por el brazo del marido.
Ella lo miró. Cincuenta años juntos daban para muchas cosas, entre ellas hablar sin hablar.
“Hay que hacerlo, así debe ser”, le dijo ella con todo el amor que daba ese medio siglo.
“Así sea. Siempre te has salido con la tuya”, le respondió él con una sonrisa mientras una solitaria lágrima comenzaba a rodar por su mejilla.
Se abrazó a su mujer y a su hijo en silencio mientras pulsaba los interruptores.
Efemérides.
Agosto de 2031. Primer alimento envasado que cuenta chistes. Caja de Cereales Yegocks, cincuenta chistes para toda la familia.
Febrero de 2040. Primer combate a muerte en la categoría infante. Campeón: Julius Goglib de ocho años.
Julio de 2046. Primer humano creado completamente en laboratorio usando ADN generado artificialmente.
Enero de 2047. Fin de la guerra alimentaria con el triunfo de la cadena de hamburguesas Creepy Clown. 40.000 muertos en el bando de Transgen Global.
Mayo de 2051. Cambio oficial de las cuatro estaciones por seis. Añadiéndose Primus y Volátil.
Mayo de 2067. Catastrofe lunar, colapsa el hotel Luna Lunera de la empresa Mjesec Moon. 2.000 muertos.
Primus de 2070. El Consorcio de Robots y Entes Electrónicos Pensantes (CREEP) se encarga de la gestión planetaria.
Enero 2071. El Consorcio decide el primer envío de humanos a explorar otros planetas, viaje sólo de ida.
A quién pretendes engañar, no estuviste allí, no fuiste a aquella escuela. No descubriste el mundo con dolor y con paciencia, no escribiste aquél poema, no fracasaste en el amor, no desnudaste su belleza afgana en un Renault al borde del acantilado... No descubriste los planos de la mente, ni el código secreto que trenza las palabras a los símbolos...
No hiciste nada, porque tú ya no eres él, eres un viejo solitario que parasita una memoria cierta, pero ajena.
Una memoria invisible, porque le entregaste el fuego a los hombres, y se quemaron con él.
Y los que quedan ya no recuerdan, ni son hombres.
Ahora eres sólo una mente de tántalo y selenio, codificado en minerales para descifrar al resto.
Y condenado a vivir para siempre.
El espejo del baño siempre ha sido un confidente silencioso. Refleja nuestras alegrías, tristezas, miedos. Pero una mañana, noté algo extraño. No era mi reflejo el que me devolvía la mirada. Era alguien más, alguien idéntico, pero con una sonrisa que no reconocía.
Al principio, pensé que era una ilusión, un juego de luces y sombras. Pero el reflejo comenzó a moverse por su cuenta, a imitar mis gestos con una fracción de segundo de retraso. Intenté hablar, y él me respondió con una voz que era la mía, pero distorsionada, como un eco lejano.
"Soy tu referente", dijo su voz resonando en mi cabeza. "Soy lo que aspiras a ser, lo que siempre has deseado. Soy tu versión perfecta".
Me negué a creerlo. Yo no quería ser como él, esa criatura con una sonrisa falsa y ojos fríos. Pero el referente insistió, mostrándome imágenes de una vida que podría ser mía, una vida de éxito y reconocimiento.
La tentación era fuerte, casi irresistible. Pero en el fondo, sabía que algo no estaba bien. Esa perfección tenía un precio, un precio que no estaba dispuesto a pagar.
Con un último esfuerzo, grité, negando su existencia. Y entonces, el espejo se resquebrajó, el referente se desvaneció, y mi reflejo volvió a ser el de siempre.
Pero la sonrisa del referente permaneció grabada en mi mente, una advertencia de lo que podría haber sido, de lo que tal vez, en algún rincón oscuro de mi, anhelo ser.
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Miró al médico y sintió admiración: era atento, diligente y muy humano. No pudo evitar pensar que ese podría haber sido él. Desde niño soñaba con estudiar medicina y estaba seguro de que se habría convertido en un gran profesional, pero el pinchazo en selectividad le obligó a cambiar de planes. Otra carrera, otra ciudad, otra vida. ¿Cómo habría sido todo si hubiera sacado solo un punto más?
La mano de su mujer lo devolvió a la consulta. La pantalla mostraba la imagen de la ecografía: era una niña. Sonrió casi sin darse cuenta y ella le devolvió la sonrisa. Bendito punto menos.
Iban a ir al mar de plástico y pensaban ir juntos. Inspectora de sanidad e inspector de trabajo.
Sabían que en aquella zona de España se hacinaban miles de inmigrantes, trabajando jornadas infinitas en los invernaderos y malviviendo en poblados chabolistas, o campamentos improvisados podridos de basura. Y casi todos ellos sin contrato ni garantía alguna.
Se presentaron en el pueblo a las nueve de la mañana y la inspección duró hasta las siete de la tarde.
Finalmente, sin miedo a las represalias, impusieron nueve sanciones.
Dos a talleres mecánicos por registro horario incorrecto. Otras dos a un restaurante por falta de afiliación de la cocinera y el pinche. Tres al geriátrico por tener a dos auxiliares a falsa media jornada. Y dos más a un hostal por ofrecer como dobles varias habitaciones demasiado pequeñas.
Luego volvieron a casa satisfechos.
Nueve sanciones en un día: se había hecho justicia.
La búsqueda de tierras raras atrajo a empresas raras, con trabajadores raros y condiciones raras en sus contratos. La expedición para detectar recursos minerales en el lecho marino del Triángulo de las Bermudas daba un poco de mal rollo, la verdad.
Los primeros cinco días, tormenta. Los tres siguientes, gastroenteritis a bordo como consecuencia de consumir alguna conserva en mal estado. Los cinco siguientes, constantes peleas entre los submarinistas chinos, los rusos, y los norteamericanos.
Al final, cuando conseguimos bajar el material, vinieron los tiburones. Habría que trabajar en jaulas y con escolta arponera.
No hubo nada normal.
Y al final, aquella llamada inolvidable que se nos hizo a los buzos:
—¡Subid inmediatamente! ¡El barco se está hundiendo!
¿Qué haces cuando te dicen algo así?
¡Cago en la puta!
Desde que soy director del Museo de Arte Contemporáneo, no puedo evitar la tentación de enfrentar siempre a mis conocidos a la más descarada pieza: Pixel, un punto solitario en un vasto lienzo blanco. A su lado, un díptico expone una diatriba pretenciosa, delirante e intrascendente sobre su «profundo» significado. Me regodeo indicando su obsceno precio de mercado, invitándoles a dar su sincera opinión. Nadie se aventura a denunciar que el emperador está desnudo.
Julia, en cambio, lo vio claro. Era una técnica habitual entre los millonarios para inflar artificialmente el valor de una obra, en connivencia con marchantes y críticos. Una vez madura la estafa, se donaba a una galería amiga y se obtenía una desgravación fiscal de hasta el 50% de su supuesto y disparatado valor.
—La elusión fiscal, en efecto, es todo un arte —concluyó.
Sonreí en silencio. Punto para ella.
Sol y sombra les llamaban a las dos hermanas, igual que al coñac con anís que tomaba su padre los domingos.
Una era rubia y otra morena. Una era seria e introvertida y la otra sonriente y habladora. Por eso era tan difícil decidir quién era sol y quien era sombra. Quien no las conocía, pensaba que Cristina, la rubia, era el sol, y Amaya, la morena, la sombra. Quien las trataba con frecuencia, era de la opinión contraria.
Su hermano Juan contrajo una grave enfermedad degenerativa y después de infinita lucha y sufrimiento, pidió la eutanasia. Los jueces se la negaron.
Las dos hermanas decidieron entonces ayudar a Juan por su cuenta. Al final, sol no se atrevió. No tuvo valor en el momento decisivo. Pero sombra sí. Porque el sol se apagará algún día, pero la noche es eterna.
¿Qué importa su nombre? Sombra lo hizo.
Ante la tórrida experiencia de los ya habituales cincuenta grados en latitudes impropias, se decidió elegir algún proyecto de geoingeniería. Muchos países suspicaces, ahora no veían otra salida.
Esparcir carbonato de calcio era simple y barato, pero las consecuencias eran imprevisibles. Deflectar parte de la radiación con una sonda era más complejo, pero fácilmente controlable y reversible.
Se decidió afectar el tercio inferior del planeta, porque era mayormente agua y hielo, y compensar a las regiones australes, que pasaron a una eterna noche.
La idea funcionó, pero el clima cambió por completo, como si alguien hubiese girado la tierra treinta grados.
Lo peor, sin embargo, fue ver a escoceses cantando saetas, y sacando en procesión a un William Wallace martirizado.
La saudade polaca también hizo daño, pero no tanto como el reggaeton progresivo alemán.
A su lado, el tango iraní y la cumbia coreana eran hasta soportables.
menéame