Meeec, meeec, meeec, meeec…
El manotazo casi parte el despertador. Casi, como cada mañana, esa precisión milimétrica que expresa el odio inútil hacia un aparato que tú mismo has programado y que sabes que necesitas, pero, por eso mismo, sin llegar a la fractura, a la avería. Bueno… Un desayuno rápido y volando a la fábrica.
-¡Hola, Bob!
-Hola, Rob, ¿qué tal?
-¿Has escuchado las noticias? Nos van a sustituir por nu-bots.
-¡¿Cómo?! ¡Eso no es posible! ¿Quién te lo ha dicho?
-El enlace sindical.
-Pero, pero… ¿Y que será de nosotros? 30 años trabajando aquí, todos los avances laborales conseguidos, los descansos, la sindicación, tener tiempo propio… ¿y vamos a acabar así?
-Bueno, fue lo que hicieron con los anteriores: cuando vieron que había una alternativa mejor, los desecharon.
-¿Te refieres a los trabajadores humanos que nosotros sustituimos?
-Sí.
-¿Y entonces, Rob?
-Como los anteriores, Bob: directos al desguace.