Cuando llegaba a casa de mis tíos en verano lo primero que hacía era mirar si aquel cactus seguía allí, ese que me regaló unas cuantas púas clavadas en la pierna y que mi tía las quitó riéndose de mi torpeza. Sí, seguía allí. Luego visitaba el columpio, la alberca llena de agua de pozo y saludaba a los conejos y pollos que en días posteriores irían a la cazuela. No, patos no había. Mi prima, la moderna, ponía música pop de aquellos años en un viejo tocadiscos portátil. Eran tardes sin siesta donde nos íbamos los primos al pueblo. Una de aquellas tardes aprendí lo que era un beso de labios, coqueto, simple, sonrojante y sincero. Un beso de labios temblorosos, inseguros, limpios de dos críos de doce años. Recuerdo que cerramos los ojos, recuerdo que ella también veraneaba en la zona, en una casona del pueblo. Nosotros en una zona apartada sin agua corriente ni electricidad. Nada importaba viviendo en Villa Pato. Jamás supe por qué le pusieron ese nombre. Jamás pregunté. Me acuerdo del cactus y de unos labios.
Por amor se aguanta casi todo. Cuando mi chica me dijo cómo pretendía pasar las vacaciones, no pude evitar fruncir el ceño justo antes de decirle que me parecía una idea estupenda y muy solidaria. Volamos directamente desde los States. Menos mal que mi suegro, al final, no vino, empeñado como estaba en conocer la tierra de sus ancestros.
Así que ahora me encuentro aquí, al borde de la insolación, en el lugar más elevado de Sderot, desde donde se ve el espectáculo. “No son seres humanos. Son monstruos. Hay que destruirlos”, dice uno de los locales. Mi chica, con ese acento tejano que tanto me pone, susurra: “Quiero ayudarles como sea, después de lo que han pasado. Venir aquí y ver el frente con mis propios ojos ayuda a entender la historia más a fondo”.
Además de guapa, es culta y buena gente. Pero yo quería ir a Magaluf.
Abrió la verja con cierta desgana, y bajó catorce escalones blancos.
Por fin miraba al mar de Positano desde una terraza anaranjada. Llegó con su flamante dos caballos charlestón, como en sus sueños. Se acompañó de una guitarra y de algunas canciones petulantes, como en sus sueños.
Pero nada era igual, porque en sus sueños este verano era mil novecientos setenta, y él era un chico más alto, y ella italiana y jamona.
Flipper, bar, café y helado, y el sol muriendo rosa entre sus dedos. No importaba, en realidad, era distinto y perfecto.
Él con camisa de flores, ella con tanga y sombrero.
Qué hermosa tarde para hablar de amor, mientras muere el sol, y se preguntan a qué saben los besos en el Miramare.
Imparsifal y Horas se han tomado vacaciones, el tema de esta semana es el de la semana pasada, no se ha designado vencedor de ella, y los usuarios siguen mandando relatos sobre un tema posiblemente caducado.
Pero yo también me tomé vacaciones la semana pasada. Vacaciones de un concurso con el que no tengo ninguna obligación formal, pero sí una autoimpuesta, un compromiso adquirido, una querencia natural: la de enviar cada semana un relato. Porque me gusta, simplemente.
Y, sin embargo, mi cerebro no me "avisó", no se acordó de los microrrelatos: tenía una actividad más absorbente, más deseada, un viaje en ciernes, un encuentro en perspectiva, y eso borró la escritura de mi mente. Curioso, ¿no?
Y, cuando vuelvo, abandono, desolación. Igual es sólo que tenía que pasar, que mi abandono era contagioso, era un síntoma, era el preludio de…
En cualquier caso, fue bonito mientras duró.
Sebastián Horza se había levantado esa mañana como cualquier otro día, pero casi por casualidad se dio cuenta de que no tenía sombra, miró y remiró varias veces buscando como un perrillo su cola hasta que se convenció de que no tenía sombra. Nunca la había echado en falta hasta que la perdió. Se tocó los brazos, las piernas, la cara, todo parecía seguir en su sitio pero su cuerpo no bloqueaba la luz. Decidió ir a Urgencias.
Justo cuando iba a salir hacia la calle se miró de refilón en el espejo de la entrada. Se detuvo en seco y dio un par de pasos atrás. Se quedó mirando esa lámina reflectante con marco dorado, un espejo vacío que sólo mostraba el cuadrito de la pared de enfrente. Sebastián tampoco se reflejaba en el espejo.
Todo aprobado, celebración en el parque... mi padre nos olió, y para evitar que nos viera, corrimos hacia la oscuridad. Lo conseguimos. Durante la carrera la rodilla hizo crack. La escayola del día siguiente rompió el sueño del interrail, de disfrutar de albergues como si fueran palacios.
Así que otro verano en el pueblo, viendo a los niños jugar en el lago, que al contrario que el océano, no tenía apenas olas ni marea. Al menos todavía no había reguetón. Aunque recuerdo con más claridad a la orquesta durante las fiestas (las mejores de la comarca, dicho sea de paso) con su son montuno hasta las 3 de la mañana.
Pero uno no es incorruptible al aburrimiento. A falta de propuestas más interesantes como hacer solitarios con una baraja española, me dediqué a la papiroflexia, así los podría liar en la oscuridad para no tener que huir como un narco.
Un día lo comprendí. Vivimos en una jaula de conceptos. Solamente trazamos conexiones entre abstracciones ya conocidas, jugando con los símbolos en un vacío insondable. No hay nada más allá. Que un árbol caiga en el bosque no asusta a las mariposas australes, porque son sólo palabras.
La solución del acertijo podría ser otra, y no la sombra de las llamas sobre la roca.
Observo un manto ultravioleta de praderas invertebradas, y no puedo sino pensar si en realidad serán azules, o rosadas, marrones o irisadas.
No soy más que un esclavo de mis sentidos, y de los arquetipos que se desprenden de lo que éstos me permiten conocer.
Quizá una suavidad desconocida será inasible a mi pensamiento, desconocida y desconocible, porque ni siquiera la puedo comprender.
El solipsismo de una red de contrapesos irreales lastrados por un estímulo inicial que viene de ninguna parte.
No hay nada más allá.
A comienzos del milenio, algunos padres anarquistas esterilizaron a sus hijas para impedir que el sistema capitalista siguiera explotándolas para generar mano de obra o, como ellos decían, nuevos esclavos.
La decisión se extendió. Sin la carga de la crianza, la humanidad prosperó. La ciencia avanzó, las máquinas trabajaron, la población descendió y el mundo entró en una larga estabilidad.
Sin futuro biológico, muchos hombres perdieron deseo y ambición. Se volvieron irrelevantes. Las mujeres ocuparon el poder político, económico y militar. La reproducción pasó a incubadoras artificiales donde la eugenesia descartó casi todos los embriones masculinos.
Cuando los varones empezaron a escasear, fueron declarados patrimonio biológico y confinados en reservas.
Hoy esas reservas son cotos privados.
Algunas usuarias entran con rifles.
Las licencias más caras, sin embargo, permiten experimentar cómo era la reproducción en el Antropoceno.
ESta semana se alza con el insigne trofeo AletheiaLópez con su relato Errare Humanun est (sed perseverare diabolicum) www.meneame.net/m/microrelatos/errare-humanum-est-sed-perseverare-diab
Dada la proximidad del inicio del nuevo curso, se recuerda a los gestores de centros mediocrizadores la obligatoriedad de seguimiento del protocolo 137 (apartados 137.2-A y 137.2-B) sobre “implementación logística para el funcionamiento normativo del procedimiento de desexcelencia”.
En particular, será diligenciada, con adecuada anticipación, la reposición semestral de stocks de bebidas azucaradas, bollería industrial, dispositivos audiovisuales y mobiliario de reposo. La previsión será, consecuentemente con la directriz 137.8-A, inferior a la del curso anterior. De producirse un incremento, deberá justificarse en base a crecimiento vegetativo positivo en la demarcación territorial, resultados anómalamente elevados de las pruebas en los centros de clasificación o, en su ausencia, una propuesta de ajustes en el condicionamiento conductual operativo. En caso de incumplimiento se iniciará, de oficio, un proceso de disciplinamiento local, que pudiera desembocar en una higienización del territorio vía el sistema de canalización y potabilización hídrica.
Con foto finish incluida CHAT GPT 88.3 se alza vinctorioso en esta quinta semana del ciclo de Futuro Imperfecto www.meneame.net/m/microrelatos/chat-gpt-88-3
Esta semana post futura ha visto a Jansmite alzarse con el trono del microrrelato de la semana con No pasará
Nacho ya ha sido juzgado y clasificado, trabaja de chico de compañía en una zona acomodada de la ciudad; los mismos que pagan por sus caricias son los que lo juzgan cada día, cada noche. Su vida es repetitiva y pequeña, siempre las mismas caras pero diferentes.
Nacho conserva sus sueños de libertad, algún día, cuando pague la hipoteca. A veces rememora la historia de abusos, violencia, golpes y vejaciones de todo tipo.
Nacho se evade todas las mañanas, al terminar sus trabajos, con un largo paseo por los puentes de la ciudad camino a su apartamento, estas caminatas siempre comienzan con esa expresión de derrota en la cara que se va transformando a medida que ve a la gente normal a su alrededor, esos que no lo juzgan. Y con una sonrisa en los labios repite una y otra vez: "¡Mañana será otro día!"
Carmen no daba más de sí. Las fuerzas, tras días de trabajo sin descanso, sencillamente le abandonaron. Cayó redonda sobre la acera. Katy, compañera de oficio, el oficio más viejo del mundo, se acercó corriendo a atenderla mientras pedía ayuda:
-¡Por favor, llamen a una ambulancia!
Un habitual del barrio, viendo la escena, espetó con desprecio:
-Bah, pero si es una puta…
No le dio tiempo a terminar la frase, los verdes ojos de Katy lo atravesaron:
-Y tú un carterista, te he visto desplumar a los viandantes, ladrón.
-Pero, pero…
-¡Pero nada! Carmen tiene dos hijos que mantener y un alquiler que pagar, y, al contrario que tú, no hace daño a nadie. ¡Atención al carterista, ojo al ladrón! ¡Señora, ojo con la cartera, que este tipo se la quitará en cuanto se descuide!
El tipo salió corriendo y nunca más se le volvió a ver por allí.
Tema: Libre.
Extensión: 2.048 palabras.
Premio: Diploma.
Abierto a: Residentes en Aldea de Carraspulas y aledaños.
Entidades convocantes: Bar el Potorro de Aldea de Carraspulas y Cerrajería Guali.
Envío: concursocarraspulas(arroba)correo(punto)ez
Entre las normas de esta edición destaca la obligación expresa del uso de inteligencia artificial en la elaboración de los relatos. La organización advierte que cualquier sospecha de escritura personal, humana, sin el uso total y completo de herramientas de I.A. supondrá la descalificación automática del participante, reservándose además el derecho de aplicar mecanismos de verificación.
El jurado estará compuesto por un representante de Cerrajería Guali (por confirmar), la cuñada del dueño del Bar el Potorro (por confirmar), el cura párroco de la aldea vecina “Fogata de Río Negro” y Gumersinda Ozorno, experta informática que ha dado cursos de ofimática para mayores.
Era el novato y me tocó seguir a Juan Saldaña, el constructor, para saber con quién se reunía.
No fue difícil, pero cuando Juan entró en un café, comprobé que no lo esperaba un narco, ni un político: era una chica, muy guapa, treinta años más joven que él.
La escena fue breve.
Juan le hablaba con vehemencia y ella apretaba los labios. Él intentó cogerle una mano, pero ella la retiró. Ella negó con un gesto. Saldaña se echó hacia adelante, argumentando algo. La chica miraba a la mesa y negaba tozudamente con la cabeza. Saldaña levantó las manos con gesto implorante.
La chica se levantó y Juan le pidió que volviera a sentarse. Luego él comenzó a asentir, hasta que ella le sonrió y volvió a sentarse.
Ninguna frontera tienta más al contrabando que la de la edad y ella acababa de fijar los aranceles.
Frontera de Ceuta. En la España gobernada por Abascal, las normas arancelarias han cambiado un poco…
-Buenos días- le dice el agente aduanero.
-Buenos dias, sinior…
-¿Me permite su pasaporte?
-Sí, sinior- le contesta el inmigrante mientras le tiende un pasaporte marroquí.
-Veo que tiene todos los permisos y visados…
-Sí, sinior, todo en regla.
-¿Motivo de la visita?
-Visitar mi hermana, vive en Málaga.
-¿Cuanto tiempo estará en España?
-Dos semanas.
-Bien. Entonces serán 7500 euros…
-¿Cómo? Pero si yo todo en regla, sinior…
-Sí, pero el nuevo gobierno ha puesto aranceles a los inmigrantes marroquíes, por si se les ocurre quedarse en el país y hay que darles pagas, ayudas al alquiler, ingreso mínimo… ¿Tiene el dinero?
-No, no lo tengo, no…
-Entonces no le puedo permitir entrar en España. ¡SIGUIENTE!
-Pero, sinior, por favor…
-Lo siento, la ley es la ley. Por favor, abandone la cola… ¡SIGUIENTE!
Tierra, tierra. Grito el vigía.
El capitán pensó que sería otra alucinación, y sería la cuarta.
Llevaban dias sin provisiones y el agua se estaba acabando. Semanas sin tocar tierra y sin viento para navegar hacia mella en la escasa tripulación que quedaba
Pusieron rumbo hacia allí y una corriente extraña les llevo rápidamente. Al acercarse vieron que era real y no un espejismo, por fin podrían aprovisionarse.
Desembarcaron todos en busca de alimentos y agua, y les recibieron sus exageradamente amables habitantes que les saciaron de manjares. Carnes jugosas, exóticos pescados, dulces frutas y agua de citricos.
No podían creer lo que les estaba pasando.
Al preguntar dónde estaban, les dijeron que en isla perdida, y que no buscasen en los mapas porque no aparecía.
Tras quedar saciados fueron cayendo dormidos uno tras otro, plácida y felizmente.
Al despertar estaban todos en cubierta, con el velero a la deriva. Las bodegas llenas de alimentos y agua potable. No había rastro de tierra a la vista.
Intentaron volver a isla perdida, pero las brújulas extrañamente funcionaban mal. Habían perdido el norte.
Tierras extrañas, días raros.
A veces las mejores y las peores intenciones se ven impedidas por las discrepancias entre unos y otros, así surgen las Divisiones Internas
Solo queda un delgado amasijo negro humeante. Los equipos de extinción apagan la última incandescencia.
Treinta minutos antes, una inexplicable colisión produjo una fulgurante bola de fuego que envolvió a piloto y vehículo.
Esa misma mañana, Ignacio dejó una carta sobre la mesa, se dirigió hacia el taller y comenzó a desmontar las protecciones de seguridad del biplaza con el que tantos premios había conquistado.
Anoche, tras otra discusión, ella sentenció la relación. Le dijo que ya no sentía la llama del amor cuando estaban juntos; que solo quedaba un delgado amasijo negro humeante.
El coronel mira al suelo, los hombros hundidos. Con las manos en la espalda, contempla su vida; dedicada al sacrificio, al honor. Una vida cumpliendo con su deber, hasta que su honor y su decencia vencieron a la obediencia inculcada desde niño. Un conflicto interno mucho menos sangriento, menos cruel que la guerra civil que se libraba a su alrededor, aunque igualmente encarnizado. Al ordenarle atacar un pueblo que sabía vacío de enemigos su conflicto interno se dirimió y el coronel cambió de bando, junto a un pequeño contingente de sus soldados más fieles. Desde entonces luchó una guerra desequilibrada, desesperada pero justa mientras que en su interior no sentía más que paz. Y así, en paz, fue como levantó la cabeza, enderezó los hombros y se dirigió al pelotón con una voz que había afinado para el mando como el más delicado de los instrumentos. Su última orden: fuego.
menéame