No son bancos ni fondos buitre, sino jubilados con una pensión ajustada que heredaron un piso y lo alquilaron para ir tirando. O esa pareja que compró un apartamento con sus ahorros para dejárselo a un hijo. Gente corriente que, por decreto, ha acabado sosteniendo a quien decidió no pagar más. Por necesidad, por cansancio o por picaresca. Da igual. La factura siempre llega al mismo buzón.
|
etiquetas: alquiler , vulnerable