No era más que un crío cuando, en un parque de San Blas, un sirlero intentó robarle la bici. Lo primero que hizo el Panamá fue golpearlo sin piedad, hasta que alguien los separó y el ladronzuelo terminó presentándose con la nariz ensangrentada. "Me dijo que era de Canillejas y que le apodaban Pirri. Luego nos hicimos amigos.
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