Sus piernas soportan el peso de tres exilios; en sus manos queda la memoria esculpida a base de honradez; sus ojos han visto la cárcel, la huida, el compañerismo y el retorno; y su cabeza es testigo de todo un siglo de lucha, represión y buen hacer. El pasado 11 de febrero, Nicolás Sánchez-Albornoz y Aboín cumplió 100 años. Los homenajes oficiales y oficiosos se sucedieron y el cansancio llegó a él, al igual que la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X El Sabio. Así lo cuenta a elDiario.es una mañana de marzo...
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